lunes, 11 de mayo de 2015

Un hobbit ario en Inglaterra (IV)


Aquí comienza mi segunda semana aquí. Ha sido un fin de semana raro. He visto mucho la tele. Ayer me sorprendí con el desfile del día de la Victoria, la misa y los veteranos. Los hombres desfilaron por la ciudad de Londres con toda la ciudad llena de gente para verlos, llegaron a una explanada donde les esperaba una guardia de honor y el principe de gales, que les saludaron. Una cosa espectacular, muy impactante.
Ya aproveché para explorar por aquí. Esto es campo. Hay una piscina a media hora andando que es poco más que un agujero en el suelo y está llena de gente. En el pueblo hay media docena de tiendas, una de cada cosa, un pub, un kebab burger y un chino, así como un supermercado. El vacio me rodea, así que leo, veo la tele, juego al ordenador. Espero a tener mi tarjeta del gimnasio para curtirme el lomo y correr en la eliptica, antes de correr por la calle.
Me siento raro. Es algo que me pasa mucho, el sentir que no tengo mucho arte. Me muevo dentro de mi cuerpo como una mano dentro de un guante demasiado grande, a veces me estiro, a veces me encojo. Por las mañanas me miro en el espejo y me pregunto quién es ese tío con cara de cansado. ¿No he dormido suficientes horas? ¿Por qué no descanso? Y en cambio me siento bastante bien. La comida no es buena ni mala, pero alimenta. El clima no es bueno ni malo, es clima. Todo está muy lejos aquí, así que no me afecta.
Echo de menos a los colegas. Mi vida de allí. El problema de Madrid es que nunca hay suficiente tiempo, vives con el reloj. Aquí se está bien sin esa presión, pero la gente es otra historia. Es lo que decía el Ché, uno no echa de menos el pais, echa de menos a la gente.
Voy a ir empezando. Dejo esto listo para revista de policia y al sitio, a resolver un par de cosas y empezar mi primer día solito. A ver que tal se da.

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