domingo, 28 de febrero de 2016
Soul, mind, fist
Lo que es el cuerpo. Piensas que tu mente lleva tu cuerpo... hasta que de repente pasas un día de dolor y medio fiebre y ya tu cabeza no funciona. Tus sensaciones se alteran y tus hormonas te hacen decir cosas que tu cuerpo no puede mantener. Te sientes extraño, inapetente pero apetente, triste, desidioso. Y todo eso no es más que algo que le está pasando a tu cuerpo. Comida, horas de sueño... y vuelves a ser tu. Al menos otro ratito. Poco a poco el día se va llevando y te das cuenta de lo que ha cambiado y de como, durante un tiempo, no fuiste tu.
Que cosa. Como somos un entramado de circunstancias, y como un pequeño cambio altera el equilibrio completo del sistema.
Feliz día de Andalucia en el exilio II
Hoy volvemos mentalmente a casa. Volvemos mentalmente porque sé que, cuando me levante, nadie me va a decir "Quillo qué?". Nadie me va a decir "vete ar caraho" ni "aro aro aro" ni "tesquiya". No voy a escuchar gente saludandose a gritos por la calle mientras pasean al perro, no me van a dar un abrazo de buenos días. Si voy a un bar por desayuno y llamo al camarero "oiga jefe" me mirarán raro. Voy a escuchar unas cuantas veces "¿como?" por mi forma de hablar. Y quizás hoy no, pero a lo largo de la semana alguien me tratará condescendientemente porque, como andaluz, soy un "pobre ignorante sin cultura" o "un flojo".
Bueno. Que cada cual piense lo que quiera. Yo mentalmente hoy estoy en mi tierra, con su solecito, su buen ambiente, su ritmo, su trato. Estoy con mi colega Joey, que ha tenido un chiquillo allí y que, hoy también, es andaluz. Porque a pesar de toda la guasa que tenemos con "de Cádiz, Cádiz" y "tu eres de fuera" y cosas así, andaluz es quién elige serlo y de ahí no se echa a nadie. Porque andaluz es compartir en lo malo, hartarse de protestar pero luego reirse. Andaluz es el que hace la bromita, para quitarle peso al asunto y llegar al final aunque no haya ganas. Andaluz es no enfadarse sino "que me dé coraje", porque eso se pasa y al final la vida se va "en un volao".
Hoy quiero celebrar que Andalucia acoge. Y que da igual como nos vayamos de lejos o como de solos estemos... en nuestro interior, somos ese que abre los brazos e invita a los demás. Feliz día de Andalucia, exiliados. Porque vuestra actitud sea la que hable de vuestra tierra, y porque sigais llevando un poquito de Andalucia allí donde vayáis.
viernes, 26 de febrero de 2016
Maniqui de carne
Hoy he sido piropeado respecto a mi capacidad literaria. Y está feo que lo diga yo, pero correctamente piropeado. Soy muy bueno escribiendo. Pero lo soy cuando tengo el tema adecuado, el ambiente adecuado, la motivación adecuada. Hoy era un día de esos.
Aún así, aparte de gustarme a mi mismo, el asunto de este artículo es la cita del tema. Mi contertulio tampoco es malo escribiendo y, a pesar de que no me relaciono con tantas chavalas guapas como mucha gente piensa (y como a mí me gustaría), ella entra dentro de esa categoria. Y empleo la figura del titulo para explicar como se siente algunas veces.
No sé si es que, a medida que me hago mayor me vuelvo más cavernicola, o que a esta muchacha la conozco desde hace años y me lo tomo como más personal, pero me resulta aberrante que a estas alturas del negocio estemos así. Quiero decir, hace un siglo o en culturas donde la mujer es un bien mueble, quizás incluso podría entender que alguien solo sea valorada por su potencial sexual. Pero, incluso cuando ese fuera el caso, me parece un desperdicio. Recuerdo en Vigo, Mar hablando conmigo y unos chicos mirandola que se la comían. Y aparte de por celos, recuerdo mi indignación cuando pensaba "Con todo lo que esta mujer tiene en la cabeza... ¿y solo te fijas en las tetas?". Que por cierto eran tuneadas pero eh, hay mentiras con las que podría vivir. Supongo.
Es una lastima. Asumiendo que existe un grado de superficialidad, y que una sociedad con prisas no tiende a crear elementos reflexivos, es una lastima que, habiendo tantisimas formas de comunicación y tantisimos canales, no exista una mayor facilidad a la hora de crear comunidades. El problema, aparte de que nos falten modales y formas (que esa es otra), es que una persona con inquietudes tenga que elegir entre ocultarlas y vivir frustrada o exhibirlas y exponerse al descredito, la burla, la marginación. Mi contertulio, aparte de tener un gran talento para la escritura, tiene una filosofia de vida asombrosa, una naturaleza serena y amigable, un carácter inquieto y una profundidad asombrosa. Pero ese talento se desperdicia si no encuentra un rival y un entorno a su altura.
Que desastre. Que desastre tenemos entre manos, cuando permitimos que gente con un talento asombroso se puedan sentir maniquies de carne. Y todavía habrá quién lo justifique.
Lo que haces o lo que eres
Esta pregunta a veces es un poco difícil. Ayer por la noche, intentando dormir sin exito, recordé una conferencia que tuve que dar cuando aún era un marino. Ahí, les explicaba a compañeros míos que en alemán aún se usa el verbo "servir" en las Fuerzas Armadas. Aquí parece que se dejó de lado, no sé muy bien porqué, y la gente dice que "trabaja" en las FAS o habla del sitio como "la Empresa".
Bueno, yo era y soy un clásico. Y cuando la gente me preguntaba a que me dedicaba y me atrevía a decírselo, mi respuesta solía ser "Estoy en la Marina" o "soy marino". Siempre me pareció un poco ridículo decir "trabajo en la Armada", como si aquello fuera un trabajo normal, con su jornada, sus sindicatos, sus jefes...
A ver, existe mucha gente que el único mundo laboral que ha conocido es ese. Y quizás para esa gente, por su inexperiencia, eso sea "normal". Pero yo desde muy pequeño he visto a mi madre trabajar y he conocido como era su trabajo. Más tarde he trabajado en cosas distintas, incluso un tiempo como camarero en Brasil. Y el desempeño en las Fuerzas Armadas no es un trabajo normal. Ni puede serlo. Por eso siempre me sentí raro diciendo "trabajo en la Armada", como si fuera fontanero de la Armada o informático o administrativo. Pero yo no era nada de eso, yo era marino. Y un marino vive una vida distinta de toda esa gente, porque tiene otros derechos y otras responsabilidades. Porque se separa de su gente y su mundo para hacer otras cosas, porque está sometido a otros rigores y, a cambio de ello, recibe una serie de ventajas y garantías.
A veces, tu trabajo es lo que haces. Y otras veces, es lo que eres.
A las cosas, por su nombre
No sé donde leí que los amigos son la familia que uno escoge. Y ayer me dí cuenta de ello, una vez más, con claridad meridiana.
En primer lugar, tengo que agradecer a todo el mundo que me ha escrito, que se ha preocupado y que ha estado pendiente. No voy a hacer un Messi y decir que no me lo merezco y que bla bla bla, porque sé que tengo amigos geniales porque soy un tío genial. Pero así y todo, lo hace a uno sentir humilde tanta buena gente sacando un ratito para ver como estoy, tanto que no he podido atender a todos hasta la noche bien noche.
En segundo lugar tengo que mencionar a Javi y a Marta. Increíble. Dentro de la espiral de soledad en la que ando metido y la vida en Madrid, no hay palabras para describir la sensación de salir de un quirofano y verte aparecer una cara amiga. Y dos. Y que te sonrían. Y te pregunten como estás. La mayoría de nosotros, hartos de películas americanas, creemos que la Epica, así con mayúsculas, es una chorrada. Yo no necesito que vengan a rescatarme en medio de la mar. Para arreglar el mundo ya me valgo yo, gracías. Pero si necesito que, cuando haya acabado de hacerlo, alguien venga y me dé un abrazo. Una sonrisa. Un condenado motivo para seguir haciendolo porque, si no, a cualquiera se le quitan las ganas de arreglar el mundo y opta por mejor dejar que se pudra.
Y ayer me lo dieron. Existen pocos momentos en la vida en que uno se vea más débil e indefenso que en una camilla. Incluso para una operación tonta, dependes totalmente de un desconocido. No sabes lo que te están haciendo y, aunque lo supieras, no puedes intervenir de ninguna manera. Pasar por eso solo, por mucho que seamos, cuesta. Pero una vez fuera, yo he estado arropado y mimado incluso más de lo que podría desear. Y eso es algo que no pienso olvidar nunca.
miércoles, 24 de febrero de 2016
Madrid, ciudad oscura
Hace tiempo tuve una conversación con mi compañero de piso, cuando aún teníamos conversaciones, en la que decía que tengo un prejuicio contra Madrid. Pero eso es cierto a medias. Yo no tengo una imagen preconcebida de Madrid; yo vine aquí y formé mis experiencias. Lo que no soy es objetivo, dado que esas experiencias están anotadas principalmente en rojo.
Madrid es una ciudad hosca. Es un lugar donde dices "buenos días" al chofer del autobús y la mitad de las veces no te contesta. Donde un camarero te pregunta "¿te vas a pasar toda la noche con la carta o me la puedo llevar?". Donde nadie se disculpa por darte un bolsazo al subir al metro.
También es una ciudad de prisas. Es una ciudad donde, para ir a tomar algo, tienes que echar entre media hora y una hora. Es una ciudad de ruido, de coches y de obras, de concentraciones de gente deseosa de hacer notar su presencia.
Y curiosamente, es una ciudad de soledad. Seguramente debido a la prisa y a esa hosquedad que comentaba, poca gente veo que establezca relaciones profundas. Todo es egoísta y circunstancial. "Gente para salir" en madrileño se dice "amigos", a pesar de que el día que tu madre enferme nadie te llamará para ver como estás. Acostumbrados a ello desde muy pequeños, la gente aquí es muy independiente, a la vez que muy egoísta. O quizás es mi perspectiva de hombre de pueblo/ciudad pequeña, acostumbrado a ver a mis amigos varias veces a la semana, a mi familia a diario, a tener un entorno de trabajo invadido de compañeros.
Esta es una ciudad dura. Y lo nota uno viendo las caras de la gente que se cruza en el metro y viendo lo que vivir aquí te puede hacer. Decía Ralitsa, cuando vino a Cádiz, que los españoles somos guapos. No decía "los varones españoles de esta edad", sino en general, niños, viejos, mujeres, hombres. Pero ella hablaba del sur, donde hace sol y, aunque se pase mal, no faltan sonrisas.
Insisto, mi prejuicio contra Madrid es una verdad a medias. Imagino que, con otra experiencia, mi perspectiva sería totalmente distinta. No pretendo ser justo, porque no puedo serlo. Lo que sí tengo claro es, como le dije a Rabanal en Berlín, que "no creo que aquí haya una Operación Salida. De hecho, el que exista una Operación Salida da una idea sobre como debe ser vivir allí, cuando en cuanto puede la gente huye".
La semana pasada Estefi me contó que se vuelve a Cádiz un tiempo. Y lo entiendo. Ahora mismo tengo casi más colegas gaditanos aquí que allí, porque no hay trabajo. Pero ninguno de nosotros está especialmente contento. Como decía Javi, "es más fácil que uno de aquí se acostumbre a aquello que al revés".
Estoy cansado de remar contra corriente. A veces, lo único que hace falta es dejarse llevar un poco. Aunque sea solo un poco.
AMPLIADO
Lo que son las cosas. A veces, basta un gesto para salvar el día. Hoy salgo del trabajo y el chico de seguridad, en la puerta, a mí despedida contesta con un "tenga ud una buena tarde". Me alegró. Me quedé un rato esperando por un compañero y me encontré que se lo decía a todo el mundo, y la mayoría de la gente contestaba con una sonrisa. Pero mi trabajo es raro. Distinto. Quizás por eso, porque sabemos que da igual lo que haya fuera hay que tener un detalle entre nosotros, pasan esas cosas. Me gusta eso. Me gusta pensar que hay gente que, aunque se tenga que quedar todo el día trabajando, saca una sonrisa para los que tiene cerca. Y no solo la comparte, sino que la siembre y deja que crezca en los demás.
A veces, incluso entre las nubes sale el sol, aunque sea un momento solo. Y eso es genial.
sábado, 20 de febrero de 2016
¿Es posible tener más de un amor?
Esta pregunta, que parece un poco absurda, me la planteó por primera vez Rosario II hace, más o menos, unos diez años. En su momento le dedicamos bastante discusión, filosofica, si bien entonces yo aún me movía más en el plano teórico que en el practico.
Curiosamente, después de tanto tiempo y tanto caminar mi respuesta sigue siendo la misma. Es posible. Pero para ello hace falta tener una determinada actitud, un cierto carácter y una predisposición. Hace falta tener imaginación.
Ya me imagino a algunos de vosotros. ¡Imposible! ¡El amor es un sentimiento demasiado absorvente! Hablando de palabras que empiezan con ab. Absoluto. El amor es tan absorvente como le permitamos que sea. E incluso el Amor, con mayúsculas, ese sentimiento de bienestar que llena todos y cada uno de nuestros poros, aproximadamente durante unas tres semanas... incluso ese tiene un margen de duda.
Voy a plantearlo de otra manera. ¿Tenéis un plato favorito? ¿Uno que os gusta comer siempre, en todo momento, del que nunca os aburrís? Si la respuesta a esta pregunta es "sí", entonces es poco probable que vosotros tengáis más de un amor. En la línea que situais entre el absoluto y lo relativo, vosotros estáis más cerca del absoluto. Sois personas más solidas, más de certezas y seguridades. Para vosotros, la mera idea de amar a más de una persona os suena a infidelidad porque, según vuestro concepto del mundo (más dado a blancos y negros que a grises), el mero hecho de dudar es señal de fracaso.
Ahora bien. Pongamonos por un momento en el papel de esas personas más aficionadas a las preguntas que a las respuestas. Personas más dadas a vagar y a curiosear que a dirigirse, que se plantean la vida como un viaje repleto de opciones. ¿Por qué no? Es la pregunta en torno a la cual orientan sus vidas. Ese tipo de personas pueden encontrar algo hermoso en casi cualquiera... y ese algo puede reaccionar. El amor es armonía, ampliando aquella definición que decía que es comunicación. Y no hace falta más que eso. El amor puede (y debería) ser una historia. Y como decía el refrán, un viaje de mil kilometros empieza con un paso.
¿En que momento podemos hablar de amor? ¿Cuentan las intenciones? ¿En el primer beso? ¿En la primera cita? ¿En la primera confesión?
Hay amor en el momento en que se siente. Y una impresión puede estar equivocada... pero varias impresiones constituyen una sensación, que es el inicio de un dato. Y varios datos, forman una narrativa. Que no os confundan: vuestra vida la vivís vosotros y los límites los imponeis vosotros.
Si durante un instante, un momento, alguien tocó tu alma... saboreadlo. Y no querer hacer encajar la realidad con vuestra visión de ella, no funciona así. La vida no necesita definiciones; somos nosotros los que nos encabezonamos en ponerle una etiqueta a cada cosa, para así sentirnos seguros y comodos. Dejadlo estar. Y que cada uno viva de la mejor forma que pueda.
Buenas noches gente.
En las pequeñas cositas
El otro día me pasó una cosa que me hizo reflexionar. Cuando somos pequeños, pensamos que los grandes sentimientos o las situaciones importantes serán algo... épico. Habrá musica, habrá ruido, habrá miradas intensas... algo. Luego, a medida que la vida nos va poniendo en nuestro sitio, nos damos cuenta de que no es así. De que echas de menos a alguien que se ha muerto, no en el tragico momento del entierro, sino al día siguiente cuando hay un hueco en la mesa del comedor. De que ese examen imposible que no pasarías nunca... lo pasaste y listo, y ahora tienes un título y no sabes muy bien que hacer con él.
El otro día me dí cuenta de un aspecto de la soledad que no conocía. Sabes que estás solo, cuando ves una peli que te gusta y no tienes con quién comentarla. No hablo de fisicamente... creo que casi desde que tengo memoria la soledad no ha sido fisica. Hablo de esas ganas que tenías, cuando eras pequeño, de llegar a casa con las notas para enseñarselas a tus padres (cuando eran buenas, claro). Hablo de ese estar contando los minutos para salir del trabajo y llamar a esa persona. ¿A que no adivinas... ?
Eso se acabó. Es curioso porque estoy enfermo en casa, con un resfriado, y se supone que estar enfermo es uno de los momentos más vulnerables a la soledad. Por eso de que no tienes quien te cuide y etc etc. Pero será porqué de siempre he sido bastante dado a resolver mis problemas solo, no noto la soledad ahora. La notaba el otro día, viendo "ochentame" y dandome cuenta de que, aunque había temas interesantes para hablar en esa serie, no tengo con quién hacerlo.
¿Suena muy dramático? Es una chorrada. El miercoles Estefi me dijo que me veía triste. No estoy triste. Estoy cansado. Solo eso. Cansado. Se me pasará cuando duerma, cuando juegue a algo, cuando viaje. Cuando desconecte y me relaje. No me pasa nada.
jueves, 18 de febrero de 2016
Ahora, no te quejes
Lo que son las cosas. De repente, te despiertas un día y dices "mierda". Y te vuelves consciente de que has mantenido una fidelidad absurda durante años. Una fidelidad hecha del espíritu. Has querido a otras mujeres, has estado con otras mujeres... pero nunca te has dado del todo. Nunca. Esa parte de ti, esa complicidad, esa... desnudez absoluta. Esa siempre la guardaste para ella.
Y llega. Creías que nunca pasaría pero ahí está. Y de repente te hace la más estúpida de las preguntas, la única cuya respuesta debería ser obvia, la que se contesta a sí misma.
¿Por qué?
Y tu no tienes respuestas. ¿Qué vas a responder? No hay nada que decir. Encogiéndote de hombros, dueño de ti mismo, dices "porque me gustaría". Así de simple. No hace falta nada más. Y en ese encogerse de hombros resignado, en ese andar con las manos en los bolsillos... hay meses y años de deambular por la vida solo, resguardando del frío en tu interior el recuerdo de alguien, de algo. Una luz que arde y te quema, pero que no quieres que deje de hacerlo. En el frío que hace ahí fuera -y bien sabe cualquiera que viva de verdad que lo hace. Y que pega-, algo que te recuerde que estás vivo.
Pero se fue. Se acabó. Te dio un guantazo y se fue, como aquella que pudo haber sido se te río en la cara. Y, al apagarse la luz, una parte de ti murió con ella. Decía ayer la señorita Arroz con Pollo que me ve triste. No estoy triste. Estoy cansado. Ya no tengo esperanza. No sé si hay arco iris al final del camino... pero siento que no los hay para mi.
Que emo, ¿verdad? Pero realmente no es algo triste. Es algo más bien... apagado. Distante. Como si le pasara a otra persona.
Di tanto de mí. Tantísimo. Y ahora, esa persona estará con otro, con otros, pero con ninguno como yo. Y algún día se parará y dirá "mierda". Esa persona que tanto sabe, que viene de vuelta de todo, que nunca se equivoca. Que curioso. Parte del proceso de hacerse mayor es darse cuenta de que, todo lo que creíamos que era de una manera... realmente no tenemos ni puñetera idea de como es. Así que vamos improvisando, sobre la marcha, intentando que no se nos note mucho.
Falta mucho camino. Demasiado. Pero mi parte en esta historia... se acabó. Como un personaje en una obra de teatro que cumple su función, yo me largo. ¿A donde? No lo sé. Cuando baja el telón, nadie se pregunta a donde van los secundarios brillantes. Quizás lo descubra. Quizás.
jueves, 11 de febrero de 2016
Vidas de Instagram
Este verano una chavala con la que hablaba por internet me convenció de instalarme el Tinder. "Está bien para conocer gente" y lo ilustró con algunos ejemplos. Tras ciertos problemas técnicos -ya estoy muy lejos del informático que fui hace diez años-, lo he instalado. Y es verdad que he tenido alguna conversación con alguien e incluso conocí a una chica. Pero es todo demasiado... crudo. Será mi forma de ver el mundo, que soy un antiguo, pero no creo que en un par de horas te hagas una idea sobre como es una persona.
Lo que sí me ha sorprendido, asomándome a la aplicación, es cuanta gente tiene vidas "de película". Cuantas fotos con filtro, cuantos paisajes exóticos (¿de verdad tanta gente ha ido de turismo a Londres? casi me hace sentir vulgar), cuantas citas de sabiduría de galleta de la suerte. Uno, que ha tenido sus viajes y sus experiencias, se plantea si realmente mis experiencias son "autenticas". Quiero decir, con tanto filtro y tanta historia, tanta foto modificada y tanta historia... ¿Qué tiempo te queda para vivir de verdad? Para estar con los amigos y con la familia, no echándote fotos sino viviendo. Ya alguna vez he dicho que, un viaje que tiene pocas fotos, es un viaje exitoso porque significa que estaba demasiado ocupado para pararme a echar fotos. Los mejores recuerdos son los que llevamos con nosotros.
¿Seré raro? Seguramente lo soy. Pero a veces, cuando veo todas esas fotos me pregunto... ¿de qué huyes? ¿Qué buscas? ¿No te preguntas nunca... por qué haces las cosas? Es algo que percibí alguna vez en un buen amigo mío. La búsqueda del momento por el momento, como si la historia, ese continuo de nuestra vida, no fuera más que el decorado que justifica esa chispa de gloria fugaz, pasajera, luminosa, que hace que todo lo demás quede en tinieblas.
No quiero que mi vida sea una foto. Prefiero que mi vida sea un cuento. Y no me fio mucho de nadie que cree que un envoltorio bonito, justifica vender un montón de... nada.
martes, 9 de febrero de 2016
Cortesía
Es probable que sea un efecto secundario de haber estado embarcado, aunque creo que ya venía así de casa. También puede ser que, debido a mi hermano, tenga algunos tics adquiridos en ese sentido. O quizás sea por haberme educado junto a mi abuelo, una persona de otro tiempo con otra mentalidad. Sea como fuere, hay algo que tengo clarísimo, profundo hasta el hueso, y en esta claridad reside un cierto fanatismo.
Las formas importan. O como se dice en inglés, "Manners matter".
Cuando entras a un sitio saludas. Cuando vas a comer ofreces. Gracias. Por favor. Permiso.
Son normas de convivencia basiquisimas. No entro en ceder el sitio, descubrirse al entrar en un sitio techado, no interrumpir una conversación... porqué quizás (hay que joderse) eso sea considerado snob hoy en día. Pero el mínimo, lo básico, eso debe respetarse. Porque, como decía el otro día, cuando mostramos respeto a los demás nos lo estamos mostrando también a nosotros mismos. Si yo, por un casual, me hago de cenar y no le pregunto a quién sea si quiere cenar conmigo, estoy considerando a esa persona indigna de compartir mi mesa. Ese es el mensaje. O si entro en un sitio y no saludo, estoy considerando que, quién sea que está ahí, no merece mi atención. No los considero personas. Es así de crudo y no sirven los intentos de disimularlo.
Y volviendo a las citas, como dijera Gandhi, "Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. No hay que disculparse por ser correcto". O citando a Jesucristo, "amar al prójimo como a ti mismo", lo que significa tratar a la gente como consideras que deberías ser tratado. Tan fácil -y tan difícil a veces - como eso.
Y la rueda sigue girando
Hoy me he levantado con "Seven days" de Sting. No sé porqué, tenía yo la impresión de que esa canción hablaba de la rutina. Y realmente no, habla de un tío que no se aclara sobre cuando entrarle a una piba y lo va posponiendo. Pero al final es lo mismo... el lunes lo dejas para mañana... El miércoles podría ser... el jueves quizás me aclare... el sábado puede esperar... pero el domingo es demasiado tarde. Y así se nos va pasando la vida. En lugar de llenar nuestros días de historias, nuestros días se llenan de... días.
Y hoy te levantas y vas a trabajar. Y vuelves cansado, así que te apalancas en el sofá con un libro. Podría ser peor. Mañana vas al trabajo. Pero mañana son doce horas, así que sales, comes, duermes y a por otro día. Cuando te das cuenta es miércoles. Hay que ir a la piscina. El jueves otras doce horas y... vaya. Fin de semana.
Y aquí es cuando cuenta. Realmente lo único que estoy viviendo últimamente son los fines de semana. Así que empieza el circo de presión. Hay que hacer que merezca la pena. Hay que aprovechar. Las expectativas y la presión suben... y se desvanece. ¿Qué más da? Haz lo que te haga feliz. Repite. Cuando te canses, descansa. Cuando tengas hambre, come. Satisfacerte sin exceso es la forma de sentirte pleno, equilibrado. Y lo demás da igual. Hace tiempo leí que pasamos la semana esperando el fin de semana, el año esperando las vacaciones y la vida esperando ser felices. Sigue esperando, que así vas bien.
Pero a veces no queda otra opción. Es muy difícil ser creativo y expansivo cuando, entre trabajo y desplazamientos, echas cerca de cincuenta y cinco horas semanales. Así que pliegas las rodillas, te abrazas a ti mismo y esperas que pase de forma lo menos dolorosa posible. Y cuando puedes, haces una diferencia. A veces robando horas al sueño. A veces apañándote delante de la pantalla. Pero aunque un día suceda a otro y parezca que no existe salida, no desesperes. Incluso en Ferrol o en Londres, a veces sale el sol. Y ese momento hace que merezca la pena la lluvia.
sábado, 6 de febrero de 2016
Cerezos
Hoy, según volvía en el tren, me he encontrado un par de cerezos en flor al lado de las vías. ¿Cuando florecen los dichosos cerezos? Y de repente me acordé.
Cuanto daño nos hacemos a nosotros mismos, mediante otras personas.
Era invierno en Brasil, pero hacía un maravilloso día de sol, de esos que sales a la calle con una sudadera y al rato te la tienes que quitar. Por la mañana habiamos ido a correr pero había sido una trampa, a los diez minutos había empezado a reírse de mí. Estabamos peleados. No sé porqué. Por lo de siempre o por algo nuevo. Nos subimos al bus, de allí al metro, de allí al bus. Ella sabía a donde iba y yo solo me dejaba llevar.
El parque era inmenso. Había colinas de cesped que parecía artificial, de ese que te apetece bajar rodando y hacer la croqueta. Nos metimos entre setos e ibamos riéndonos. Se estaba bien. Ibamos hablando y parando, hablando y parando. Vimos un cenador y comentamos sobre como se decía en varios idiomas. Ella me contó sobre la última vez que estuvo en ese parque, cuando hicieron el festival japones de los cerezos. Yo iba entendiendo lo que podía.
Recuerdo estar tumbados en la hierba, abrazados. Recuerdo el calor de su cuerpo junto al mío, cuando nos quitamos las camisetas y quedamos allí. Ella llevaba un bikini del Palmeiras y gafas de sol.
Recuerdo, sobre todo, la sensación de paz. La divertida sensación de hallarse fuera del mundo, de que todo podía esperar, y como los segundos se alargaban hasta minutos pero no había prisa ninguna. Y hoy, de repente, un cerezo me ha devuelto a ese lugar, tan lejos en el tiempo y en el espacio.
Es curioso como, cuando tu vida va a toda velocidad, no tienes tiempo de pararte a digerir las cosas. Pero de repente un día, años después, algo se cruza en tu camino y te toca en el hombro. Y alzas tu copa, imaginaria, por lo bueno compartido y das las gracías. Aunque no acabaran bien pero... ¿qué más da? Al menos se intentó. Y algo bueno salió de ello.
viernes, 5 de febrero de 2016
Hay días que
Hay días en que suena el despertador, lo miras, él te mira y te preguntas "¿por qué?". Días que hace frío afuera y en la cama se está calentito, que miras el cristal de tu cuarto y lo ves empañado por el vaho. Das una vuelta con la mirada alrededor. Los zapatos por el suelo, las cosas en la mesa, el armario con sus cajas encima. Tu vida comprimida en unos metros cuadrados.
Y te vuelves a preguntar. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que salir de la cama, que me espera ahí fuera que hace que merezca la pena? Aquí al menos estoy calentito.
Días en que te levantas enfadado, posponiendo la pregunta. Ya habrá tiempo. Pero mientras haces ejercicio, te duchas, desayunas, te cepillas los dientes... sigue ahí. Maldita sea. No quieres volver a esa pregunta.
Pero no puedes evitarlo. La vida tiene que ser algo más que tachar días de un calendario. Además tachar días para... ¿qué? ¿Qué advenimiento del Mesías, milagro, maravilla, esperas que cambie tu vida? El cambio eres (y debes ser) tu. Si algo no te gusta, cámbialo.
Y es obvio que algo no te gusta.
Así que haces repaso de la situación. Que está mal. Porqué. Que necesitas que no tienes. Como lo consigues. Y te das cuenta de que el cambio no es un gran giro de timón de ciento ochenta grados. No. El cambio son cosas pequeñas. Y lo tienes delante. Así que haces un pequeño plan mientras vas avanzando por el día, intentando que no se te queden pegados los ojos, que la cama no te susurre que vuelvas o que el gruñido del estomago no se convierta en un rugido.
Y a por él. Porque no sirve de nada poner excusas, mirar por la ventana o al calendario y esperar que pase algo. La solución está en ti. Así que a por ella.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)