martes, 9 de febrero de 2016
Cortesía
Es probable que sea un efecto secundario de haber estado embarcado, aunque creo que ya venía así de casa. También puede ser que, debido a mi hermano, tenga algunos tics adquiridos en ese sentido. O quizás sea por haberme educado junto a mi abuelo, una persona de otro tiempo con otra mentalidad. Sea como fuere, hay algo que tengo clarísimo, profundo hasta el hueso, y en esta claridad reside un cierto fanatismo.
Las formas importan. O como se dice en inglés, "Manners matter".
Cuando entras a un sitio saludas. Cuando vas a comer ofreces. Gracias. Por favor. Permiso.
Son normas de convivencia basiquisimas. No entro en ceder el sitio, descubrirse al entrar en un sitio techado, no interrumpir una conversación... porqué quizás (hay que joderse) eso sea considerado snob hoy en día. Pero el mínimo, lo básico, eso debe respetarse. Porque, como decía el otro día, cuando mostramos respeto a los demás nos lo estamos mostrando también a nosotros mismos. Si yo, por un casual, me hago de cenar y no le pregunto a quién sea si quiere cenar conmigo, estoy considerando a esa persona indigna de compartir mi mesa. Ese es el mensaje. O si entro en un sitio y no saludo, estoy considerando que, quién sea que está ahí, no merece mi atención. No los considero personas. Es así de crudo y no sirven los intentos de disimularlo.
Y volviendo a las citas, como dijera Gandhi, "Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. No hay que disculparse por ser correcto". O citando a Jesucristo, "amar al prójimo como a ti mismo", lo que significa tratar a la gente como consideras que deberías ser tratado. Tan fácil -y tan difícil a veces - como eso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario