jueves, 18 de febrero de 2016
Ahora, no te quejes
Lo que son las cosas. De repente, te despiertas un día y dices "mierda". Y te vuelves consciente de que has mantenido una fidelidad absurda durante años. Una fidelidad hecha del espíritu. Has querido a otras mujeres, has estado con otras mujeres... pero nunca te has dado del todo. Nunca. Esa parte de ti, esa complicidad, esa... desnudez absoluta. Esa siempre la guardaste para ella.
Y llega. Creías que nunca pasaría pero ahí está. Y de repente te hace la más estúpida de las preguntas, la única cuya respuesta debería ser obvia, la que se contesta a sí misma.
¿Por qué?
Y tu no tienes respuestas. ¿Qué vas a responder? No hay nada que decir. Encogiéndote de hombros, dueño de ti mismo, dices "porque me gustaría". Así de simple. No hace falta nada más. Y en ese encogerse de hombros resignado, en ese andar con las manos en los bolsillos... hay meses y años de deambular por la vida solo, resguardando del frío en tu interior el recuerdo de alguien, de algo. Una luz que arde y te quema, pero que no quieres que deje de hacerlo. En el frío que hace ahí fuera -y bien sabe cualquiera que viva de verdad que lo hace. Y que pega-, algo que te recuerde que estás vivo.
Pero se fue. Se acabó. Te dio un guantazo y se fue, como aquella que pudo haber sido se te río en la cara. Y, al apagarse la luz, una parte de ti murió con ella. Decía ayer la señorita Arroz con Pollo que me ve triste. No estoy triste. Estoy cansado. Ya no tengo esperanza. No sé si hay arco iris al final del camino... pero siento que no los hay para mi.
Que emo, ¿verdad? Pero realmente no es algo triste. Es algo más bien... apagado. Distante. Como si le pasara a otra persona.
Di tanto de mí. Tantísimo. Y ahora, esa persona estará con otro, con otros, pero con ninguno como yo. Y algún día se parará y dirá "mierda". Esa persona que tanto sabe, que viene de vuelta de todo, que nunca se equivoca. Que curioso. Parte del proceso de hacerse mayor es darse cuenta de que, todo lo que creíamos que era de una manera... realmente no tenemos ni puñetera idea de como es. Así que vamos improvisando, sobre la marcha, intentando que no se nos note mucho.
Falta mucho camino. Demasiado. Pero mi parte en esta historia... se acabó. Como un personaje en una obra de teatro que cumple su función, yo me largo. ¿A donde? No lo sé. Cuando baja el telón, nadie se pregunta a donde van los secundarios brillantes. Quizás lo descubra. Quizás.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario