viernes, 5 de febrero de 2016
Hay días que
Hay días en que suena el despertador, lo miras, él te mira y te preguntas "¿por qué?". Días que hace frío afuera y en la cama se está calentito, que miras el cristal de tu cuarto y lo ves empañado por el vaho. Das una vuelta con la mirada alrededor. Los zapatos por el suelo, las cosas en la mesa, el armario con sus cajas encima. Tu vida comprimida en unos metros cuadrados.
Y te vuelves a preguntar. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que salir de la cama, que me espera ahí fuera que hace que merezca la pena? Aquí al menos estoy calentito.
Días en que te levantas enfadado, posponiendo la pregunta. Ya habrá tiempo. Pero mientras haces ejercicio, te duchas, desayunas, te cepillas los dientes... sigue ahí. Maldita sea. No quieres volver a esa pregunta.
Pero no puedes evitarlo. La vida tiene que ser algo más que tachar días de un calendario. Además tachar días para... ¿qué? ¿Qué advenimiento del Mesías, milagro, maravilla, esperas que cambie tu vida? El cambio eres (y debes ser) tu. Si algo no te gusta, cámbialo.
Y es obvio que algo no te gusta.
Así que haces repaso de la situación. Que está mal. Porqué. Que necesitas que no tienes. Como lo consigues. Y te das cuenta de que el cambio no es un gran giro de timón de ciento ochenta grados. No. El cambio son cosas pequeñas. Y lo tienes delante. Así que haces un pequeño plan mientras vas avanzando por el día, intentando que no se te queden pegados los ojos, que la cama no te susurre que vuelvas o que el gruñido del estomago no se convierta en un rugido.
Y a por él. Porque no sirve de nada poner excusas, mirar por la ventana o al calendario y esperar que pase algo. La solución está en ti. Así que a por ella.
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