viernes, 26 de febrero de 2016

Maniqui de carne


Hoy he sido  piropeado respecto a mi capacidad literaria. Y está feo que lo diga yo, pero correctamente piropeado. Soy muy bueno escribiendo. Pero lo soy cuando tengo el tema adecuado, el ambiente adecuado, la motivación adecuada. Hoy era un día de esos.
Aún así, aparte de gustarme a mi mismo, el asunto de este artículo es la cita del tema. Mi contertulio tampoco es malo escribiendo y, a pesar de que no me relaciono con tantas chavalas guapas como mucha gente piensa (y como a  mí me gustaría), ella entra dentro de esa categoria. Y empleo la figura del titulo para explicar como se siente algunas veces.
No sé si es que, a medida que me hago mayor me vuelvo más cavernicola, o que a esta muchacha la conozco desde hace años y me lo tomo como más personal, pero me resulta aberrante que a estas alturas del negocio estemos así. Quiero decir, hace un siglo o en culturas donde la mujer es un bien mueble, quizás incluso podría entender que alguien solo sea valorada por su potencial sexual. Pero, incluso cuando ese fuera el caso, me parece un desperdicio. Recuerdo en Vigo, Mar hablando conmigo y unos chicos mirandola que se la comían. Y aparte de por celos, recuerdo mi indignación cuando pensaba "Con todo lo que esta mujer tiene en la cabeza... ¿y solo te fijas en las tetas?". Que por cierto eran tuneadas pero eh, hay mentiras con las que podría vivir. Supongo.
Es una lastima. Asumiendo que existe un grado de superficialidad, y que una sociedad con prisas no tiende a crear elementos reflexivos, es una lastima que, habiendo tantisimas formas de comunicación y tantisimos canales, no exista una mayor facilidad a la hora de crear comunidades. El problema, aparte de que nos falten modales y formas (que esa es otra), es que una persona con inquietudes tenga que elegir entre ocultarlas y vivir frustrada o exhibirlas y exponerse al descredito, la burla, la marginación. Mi contertulio, aparte de tener un gran talento para la escritura, tiene una filosofia de vida asombrosa, una naturaleza serena y amigable, un carácter inquieto y una profundidad asombrosa. Pero ese talento se desperdicia si no encuentra un rival y un entorno a su altura.
Que desastre. Que desastre tenemos entre manos, cuando permitimos que gente con un talento asombroso se puedan sentir maniquies de carne. Y todavía habrá quién lo justifique.

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