miércoles, 24 de febrero de 2016

Madrid, ciudad oscura



Hace tiempo tuve una conversación con mi compañero de piso, cuando aún teníamos conversaciones, en la que decía que tengo un prejuicio contra Madrid. Pero eso es cierto a medias. Yo no tengo una imagen preconcebida de Madrid; yo vine aquí y formé mis experiencias. Lo que no soy es objetivo, dado que esas experiencias están anotadas principalmente en rojo.
Madrid es una ciudad hosca. Es un lugar donde dices "buenos días" al chofer del autobús y la mitad de las veces no te contesta. Donde un camarero te pregunta "¿te vas a pasar toda la noche con la carta o me la puedo llevar?". Donde nadie se disculpa por darte un bolsazo al subir al metro.
También es una ciudad de prisas. Es una ciudad donde, para ir a tomar algo, tienes que echar entre media hora y una hora. Es una ciudad de ruido, de coches y de obras, de concentraciones de gente deseosa de hacer notar su presencia.
Y curiosamente, es una ciudad de soledad. Seguramente debido a la prisa y a esa hosquedad que comentaba, poca gente veo que establezca relaciones profundas. Todo es egoísta y circunstancial. "Gente para salir" en madrileño se dice "amigos", a pesar de que el día que tu madre enferme nadie te llamará para ver como estás. Acostumbrados a ello desde muy pequeños, la gente aquí es muy independiente, a la vez que muy egoísta. O quizás es mi perspectiva de hombre de pueblo/ciudad pequeña, acostumbrado a ver a mis amigos varias veces a la semana, a mi familia a diario, a tener un entorno de trabajo invadido de compañeros.
Esta es una ciudad dura. Y lo nota uno viendo las caras de la gente que se cruza en el metro y viendo lo que vivir aquí te puede hacer. Decía Ralitsa, cuando vino a Cádiz, que los españoles somos guapos. No decía "los varones españoles de esta edad", sino en general, niños, viejos, mujeres, hombres. Pero ella hablaba del sur, donde hace sol y, aunque se pase mal, no faltan sonrisas.
Insisto, mi prejuicio contra Madrid es una verdad a medias. Imagino que, con otra experiencia, mi perspectiva sería totalmente distinta. No pretendo ser justo, porque no puedo serlo. Lo que sí tengo claro es, como le dije a Rabanal en Berlín, que "no creo que aquí haya una Operación Salida. De hecho, el que exista una Operación Salida da una idea sobre como debe ser vivir allí, cuando en cuanto puede la gente huye".
La semana pasada Estefi me contó que se vuelve a Cádiz un tiempo. Y lo entiendo. Ahora mismo tengo casi más colegas gaditanos aquí que allí, porque no hay trabajo. Pero ninguno de nosotros está especialmente contento. Como decía Javi, "es más fácil que uno de aquí se acostumbre a aquello que al revés".
Estoy cansado de remar contra corriente. A veces, lo único que hace falta es dejarse llevar un poco. Aunque sea solo un poco.

AMPLIADO

Lo que son las cosas. A veces, basta un gesto para salvar el día. Hoy salgo del trabajo y el chico de seguridad, en la puerta, a mí despedida contesta con un "tenga ud una buena tarde". Me alegró. Me quedé un rato esperando por un compañero y me encontré que se lo decía a todo el mundo, y la mayoría de la gente contestaba con una sonrisa. Pero mi trabajo es raro. Distinto. Quizás por eso, porque sabemos que da igual lo que haya fuera hay que tener un detalle entre nosotros, pasan esas cosas. Me gusta eso. Me gusta pensar que hay gente que, aunque se tenga que quedar todo el día trabajando, saca una sonrisa para los que tiene cerca. Y no solo la comparte, sino que la siembre y deja que crezca en los demás.
A veces, incluso entre las nubes sale el sol, aunque sea un momento solo. Y eso es genial. 

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