martes, 31 de mayo de 2016
Somos unos afortunados
El otro día en Fb (últimamente es co-protagonista de tantos artículos aquí) me encontré con que un compañero mío, recién regresado de África, escribía sobre lo que está pasando en Libia y tal.
Ya sé lo que pensáis. "Ahora va a decir que no somos conscientes de lo que tenemos y bla bla bla". Todos hemos oído a nuestras madres decir "¿Como que no te lo vas a comer? ¿Y los niños que pasan hambre qué?".
No. No voy a dar una lección de moralina. Entre otras cosas porque sería una lección de segunda mano; yo no vengo de África. Sobre lo que quiero hablar es de como, muchas veces, necesitamos ver más allá. Necesitamos extender la vista fuera de nuestro entorno más cercano para darnos cuenta de las cosas que suceden y colocarnos en perspectiva.
Cierto es que nuestro mundo alcanza hasta donde llega nuestra capacidad para manipularlo y que, en la mayoría de ocasiones, empatizar con aquellos con los que no interactuamos es una simple pose o, en el peor de los casos, una autosugestión enfermiza. La ayuda real no consiste en poner cara de pena y quedarnos sin dormir por las noches. Eso no ayuda más que a nuestro ego. La ayuda real consiste en hacer cosas, en aportar soluciones, en ser un ejemplo.
Yo no voy a comer a la fuerza porque haya gente que pasa hambre. ¿Acaso la comida que yo tiro les iba a llegar? Yo voy a coger un plato menos para mandarlo allí. Yo voy a vivir una vida frugal y modesta, tanto porque así me siento mejor como por respeto. Yo voy a intentar ayudar. En eso consiste ser un afortunado. En darse cuenta de que, si bien no tenemos el combo de coche, casa y perro, si bien la chica que queremos no nos mima, si bien no podemos permitirnos ese viaje que nos gustaría o ese coche o ese llámalo X... nadie nos persigue, nadie intenta matarnos, tenemos para comer.
El colega que escribió ese artículo es un tío que ha pasado por muchas cosas muy duras. Y es un tío que, aunque él ha pasado por cosas de esas, es capaz de pararse a escucharte cuando tu te agobias por una tontería. Esos son los grandes. Los que son capaces de mirar más allá del "yo" en el que vivimos encerrados todos y extenderse, apoyar, proyectar.
Yo soy un afortunado por conocer a alguien como él. O como un amigo mío, que cuando ha tenido una pelea con su novia le ha dicho que "le va a apoyar a ser ella misma y que haga lo que ella prefiera. No tendría sentido intentar seguir con ella si ella no es feliz". Gente que, como quien no quiere la cosa, hacen del mundo un lugar mejor. Gracias.
viernes, 27 de mayo de 2016
El feminazismo son los padres
Hace un rato me he encendido. Y no debería, pero no he podido evitarlo. Me da mucho coraje cuando las consignas sustituyen al razonamiento personal, cuando tomamos la fé como explicación de la realidad, en lugar de hacerle preguntas a esta.
"El feminazismo no existe. Eso es lo que los hombres usáis como excusa cuando nosotras reclamamos nuestros derechos".
Eso es tan absurdo como afirmar que el machismo no existe o que está superado. Pero lo que me da coraje de esta situación es que, si alguien planteara la segunda afirmación, sería acusado de cualquier cosa. Mientras que la primera queda impune. La primera afirmación da carta blanca al feminismo militante; todo vale. Es el mismo argumento que emplean aquellos que dicen que una persona de color no puede ser racista, porque el racismo es un sistema de opresión del hombre blanco hacia otras etnias.
Pero a nadie le gustan los moderados. Erasmo de Rotterdam recibió criticas y ataques tanto por el lado protestante como por el católico, cuando lo que él pretendía era que hubiera un proyecto común. Que dejara de señalarse "al otro" e hiciéramos un esfuerzo de empatía para colocarnos en el papel de los demás, asumiendo que somos lo mismo.
No creo en la asunción de determinados roles a determinados géneros, como tampoco creo en la imposición de tópicos. No. No soy gracioso por ser andaluz. Puedo o no ser gracioso, según me desarrolle, elija actuar y el entorno propicie o condicione.
La semana pasada, en Río de Janeiro, treinta hombres drogaron a una chica, la violaron, grabaron un video, se hicieron fotos y presumieron de ello. Lo diabólico, lo preocupante, no es tanto el crimen como el orgullo. Son el cazador que se echa la foto junto al león asesinado. Pero el león es un animal peligroso, no es una chica de diecisiete años. ¿Cómo puede alguien considerar una hazaña abusar de esa manera de otro ser humano? ¿A eso hemos reducido el orgullo? ¿Es que esos hombres no tienen hermanas, madres...? ¿No ven a esa chica como otro ser humano con el que deberían empatizar?
Y sí. Es un crimen atroz y repugnante, que remueve cuanto de humano tenemos. Y ahora viene el pero. Me parece preocupante que haya mujeres que consideren que "todos los hombres sois eso". Estoy en contra de una cultura que justifica un abuso o un crimen. Estoy en contra de todo animal que diga que, por llevar vaqueros cortos, emborracharse o llamarse Jenny una mujer está justificando que se abuse de ella. Como si el hecho de ser pequeño justificara que te golpearan, que ser lento que te robaran. Me parece que no se ha dado suficiente cobertura en los medios al crimen de Río, por considerarlo una anomalía local, algo "tercermundista", cuando es un fenómeno global sobre el que todos deberiamos reflexionar.
Pero voy a poner el acento en el título una vez más. El feminazismo son los padres. Quien crea que una mujer que denuncia falsamente a su marido para coger una pensión es "una delincuente aislada", quien crea que no existen mujeres que abusen de sus parejas, quien mire para otro lado cuando se comete un crimen y lo comete una mujer... está fomentando una cultura no de justicia, sino de venganza.
También durante el nazismo hubo quién opinaba que eso no era más que "una forma de restitución contra años de abusos recibidos por los judios". Y miren como acabó.
Me niego a asumir que la forma de corregir una situación de discriminación es creando otra situación de discriminación. Llevado al termino personal es el ojo por ojo. ¿A donde nos conduce eso?
Yo creo en la igualdad. Creo en la igualdad real, por arriba. En el criterio de excelencia, en la protección de los más debiles, en el desarrollo personal. Creo que una mujer puede llegar a donde quiera, y la sociedad debe apoyarla. Igual que debe apoyar a un hombre. Pero al igual que veo mal el abuso masculino, tampoco estoy dispuesto a mirar a otro lado ante el femenino.
Luego sigo que tengo visita. Chau !
martes, 24 de mayo de 2016
Que fin de semana
A veces las cosas salen bien. Simplemente porque somos como somos, nos juntamos con la gente adecuada y tenemos ganas. Así que un fin de semana vas a ver a la family, esperando encontrarte con un viejo amigo al que hace mucho que no ves. Y acabas pasandotelo genial, conociendo a montones de gente, haciendo planes, riendote. Aprendes sobre ti mismo y sobre la gente que te rodea. Y además disfrutas de las cosas pequeñas. De una calle con sus balcones. De un ratito al sol. De bromas con gente buena. Y un plan sucede a otro y no esperas nada, simplemente vas viviendo el momento. Equilibrado. Tranquilo. Y hay gente guay con la que puedes hablar de cosas super interesantes y gente con la que hablas de otras cosas. Y esta tu hermana y hay un amigo al que hacía mucho que no veías.
Que fin de semana. Ha habido sitios e historias que no recordaba desde que era un adolescente. O qué quizás nunca viví como adolescente, pero eran normales para ellos. Tengo mucho que agradecer, sobre todo la naturalidad, el cariño y la forma en que me ha acogido tanta gente buena. Ahora me toca devolver el favor. Gracías. Gracías a mi hermana, a Ale, a Luichi, a Niki, a Yas, a Jose Joaquin, a Sarita, a Joey y, sobre todo, a Charlie. Ha sido genial volver a verte tío. Ojalá haya más de estas.
viernes, 20 de mayo de 2016
Resiliencia y cuentos
Es un título al azar. No sé porqué, últimamente veo mucho esa palabra y me ha apetecido usarla de titulo. No venga, voy a currarme algo mejor. En vez de "resiliencia" vamos a llamarla "resiliencia y cuentos".
Hace mucho mucho tiempo, cuando aún era un joven impresionable, recuerdo una historia que... bueno, que me impresionó. Estabamos estudiando Historia, esa asignatura que ha inspirado a tantos jóvenes con problemas de socialización desde que el mundo es mundo, y llegamos a la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles y todas esas cosas que, probablemente tantos años después, nadie que no sea un friki (o alguien con interés cultural, que es casi igual de peyorativo hoy en día) recordará. Mi profesor, d. Lorenzo, aún hoy alguien a quién me precio de saludar por la calle y seguir en fb (está jubilado y echa unas fotos buenísimas de sus viajes por el mundo) nos contaba como, al acabar la guerra, las ciudades alemanas estaban destruidas. Alemania tenía que pagar unas reparaciones de guerra enormes, así que no había dinero para obras de reparación. Como la mayoría de alemanes vivían fuera, pero trabajaban en la ciudad, al ir o venir del trabajo pasaban junto a ruinas. Según nos contó Lorenzo, al volver del trabajo la gente dedicaba un rato a recoger, desescombrar, ordenar. Y al cabo de un año, la mayor parte de las ruinas ya habían desaparecido.
No sé si es verdad. Tras tantos años y bastante viajado por allí, me lo creo. Los alemanes son así. Ven algo desordenado y, espontáneamente, lo ordenan. También son muy nacionalistas (no solo patriotas) y les preocupa mucho lo que alguien pueda pensar de como está esa calle, por Dios. Por otro lado, bastante tendría la gente en ese momento histórico con llegar a final de mes y darle de comer a sus hijos para, encima, preocuparse de desescombrar la calle.
Aún así, la historia se me quedó. Y hoy la recordaba porque, cuando la escuché, me sentí identificado. Ante una sociedad dada a la complacencia o a exigir soluciones a los poderes públicos, me encantó esa iniciativa popular. No "recojamos firmas para poner desfibriladores", sino "pongamos desfibriladores". En este caso, es mi ciudad y yo voy a mantenerla limpia. He perdido la guerra, pero eso no es motivo para vivir en la miseria. Pobre pero orgulloso. Me gustó mucho esa historia y, supongo que con otras cosas que he vivido en un sitio y en otro, forjó mi carácter.
Desde que somos pequeños, contamos cuentos. Alegorías e historias. Todos nos sentimos identificados con unos y con otros protagonistas, pero lo importante es la historia en sí. El mensaje que nos transmite. Esa historia que nos contó mi profesor, cierta o no, contenía un mensaje de esperanza y de orgullo. Venía a decir que somos dueños de nosotros mismos, que como comunidad tenemos unos derechos, pero también unas obligaciones, y que es en la ejecución del día a día cuando damos forma a nuestro entorno. Somos lo que hacemos. No sé si me venía de antes, pero esa es una de las historias que me hizo interesarme tanto por Alemania. No sé porqué hoy me he acordado de ella, pero quería compartirla aquí.
Ah, y ya he leído la definición de resiliencia y encaja. Es bien.
jueves, 19 de mayo de 2016
Gente que no se conoce
Estaba pensando como, a medida que nos hacemos mayores, cada vez es más difícil hacer amistades. En parte sucede por malas experiencias, en parte por estereotipos, en parte por inseguridad pero principalmente la falta de comunicación (ese bloqueo al amor), cada vez se hace más difícil conocer a los que tenemos cerca. Cuando somos muy jóvenes, en un rato hablando hemos hecho un amigo. A medida que la vida nos va "erosionando" cada vez vamos más a la defensiva. Si además tienes una imagen de ti mismo como "extraño", más difícil va a resultar que te abras a los demás.
Pero si no te abres, no puedes establecer vínculos. Confiamos en aquello que conocemos. Lo misterioso resulta interesante y atractivo... un tiempo. Enseguida podemos sentirnos ofendidos por la falta de confianza. ¿Por qué no me habla claro? En cuyo caso nos aburriremos y buscaremos alguna otra cosa que nos estimule, siempre y cuando consideremos las relaciones sociales como algo productivo e interesante para nosotros. Para aquellos que entienden las interacciones como medio para conseguir un fin, el que dichas interacciones sean superficiales y carentes de continuidad no es un problema en absoluto.
De acuerdo. Vayamos al supuesto uno. Persona inquieta con gusto por el contacto social busca gente con la que compartir. Una lectura. Una conversación. Un paisaje. ¿Cómo hacerlo? Deberá abrirse y explorar. Deberá buscar, entre gente que dé un perfil similar, o que tenga potencial para ello, un lenguaje común. Dicho lenguaje estará estructurado en torno a experiencias, ideas, conceptos, sentimientos. Por supuesto toda comunicación necesita de mínimo dos partes, emisor y receptor, al igual que de una retroalimentación.
¿Parece complicado el supuesto uno? No me sorprende que os lo parezca. Y en cambio, es lo más natural del mundo. La gente lleva haciéndolo desde que éramos primates. Pero hoy en día hay demasiada información, demasiadas referencias, lo que conlleva muchos prejuicios y condicionantes a la relación. Vamos a probar otra cosa.
Supuesto dos. Persona con aficiones y gusto por el contacto social busca compartir. Internet abre un mundo a la comunicación, pero es un arma de doble filo; la protección de la pantalla conlleva el miedo a perderla, a exponerse. La persona encuentra un foro donde compartir su afición, explora, conoce gente. Pero es un conocimiento basado en prejuicios. Ya existe ese lenguaje común, que es el de la afición. Al igual que la protección de la pantalla, para conocer a la persona hay que exponerse. Hay que hablar y compartir, describir emociones y sentimientos, permitirse mostrar debilidad.
Tanto en el supuesto uno como en el dos, la clave sigue siendo la misma. Un lenguaje compartido, una serie de experiencias, un espacio común. Y la configuración de dicho espacio común será lo que dará forma a la relación. Rehuyo las etiquetas. Amigo, confidente, colega, amigo con, pareja, compañero... llámalo X. Una relación es lo que una persona piense, otra persona piense y los dos acuerden. Son tres cosas y es una, dependiendo de la perspectiva. Y aún así, ¡es tan difícil conocer a nadie ahora mismo! Vivimos solos... porque elegimos vivir solos. Vivimos solos por miedo a sufrir, como si no asumiéramos que el sufrimiento es parte de la vida. Y al final, como dice el refrán, el que no arriesga no gana.
Ojalá viváis vuestra vida. Ojalá viváis de verdad.
La vida es una montaña rusa
Y a veces da cornadas. Yo no soy un hombre excesivamente apegado a mi familia. Debido a las circunstancias de mi vida, de mi hermano... mis primos, tíos y etc, con contadas excepciones, me son tan cercanos y queridos como un barrio de Nablús. Ni los conozco, ni maldita la gana que tengo. También ayuda el que yo esté fuera, si no en una forma en otra, desde hace ya va para diez años.
No es así con mi madre, claro. Criada en "el clan", ella si presta atención a la gente con la que le relacionan vínculos de sangre. Y como conversación ligera, a veces me actualiza sobre ellos y me cuenta de sus hazañas y desventuras.
Y la verdad, está la cosa jodida. Pensaba en lo único que me enseñó mi tío, aquella frase de "Alejandro, la vida es una carrera de fondo. Lo importante es llegar. " y en como, aunque muchos de ellos me adelantaron en años y años, yo estoy mejor que la mayoría. No porque sea más inteligente, ni porque decida mejor, ni porque juegue mejor mis cartas, aunque seguramente eso también tendrá que ver, sino porque soy afortunado. La fortuna tiene lugar donde coinciden la oportunidad con la preparación.
Aunque no me alegra la desgracia de ninguno de ellos. Hace años me preguntaba por lo afortunados que eran y me felicitaba de sus buenas elecciones, del cuidado al elegir compañeros, trabajo, lugar de residencia... ahora veo que nuestra personalidad acaba erosionando dichas decisiones, al ser demasiado intolerantes, demasiado dados a cerrar los ojos y no ver aquello que no queremos ver, demasiado arrogantes en nuestro éxito. Y al final, ahora estás arriba y mañana abajo.
Es natural, claro. Toda vida contiene victorias y sinsabores. Pero... ¿realmente son algunos de ellos inevitables? ¿No se podía haber prevenido? Con un poco más de comunicación, de atención, de respeto. Con un poco más de curiosidad, con ganas de cuidarse a uno mismo y a aquellos que tenemos alrededor. Poniendo las cosas en perspectiva y llevando una actitud de vida más sana, más saludable.
No soy quién para dar lecciones, más viendo como me van a mí algunas cosas. Eso sí, deseo de todo corazón que a ellos les vaya mejor. Son buena gente y se lo merecen, aunque no los conozca casi de nada. Y además... sinceramente, me gustaría que a todo el mundo le fuera un poquito mejor. Incluso a los que son insoportables antes de tomar café por las mañanas. Hasta a esos.
miércoles, 18 de mayo de 2016
El nacionalismo, esa enfermedad social
Ayer me dio por leer algo sobre la doctrina Gerasimov. Realmente estaba buscando algo sobre política lingüística en la URSS, ese país donde convivían casi 200 etnias y se hablaban 100 idiomas distintos, pero la mayoría de la gente se entendía en ruso. Al final, una cosa llevó a la otra y, como suele pasar, terminé enredado leyendo sobre militares, opinión pública, sociología y creencias. Cada uno tiene sus hobbies, que le vamos a hacer.
Perdonen que me distraiga del tema, pero quiero hacer un pequeño apunte sobre la doctrina Gerasimov. Ese hombre, si la doctrina realmente es suya, es un genio. En el mundo hiperconectado y dependiente de la información de hoy, donde la opinión empuja decisiones en cuestión de horas (p.ej el caso Alan, el niño ahogado en Turquia), orientar las misiones militares a objetivos de opinión es ser un adelantado a su tiempo. Misiones para ganar minds and hearts, sin maniqueísmos.
Tenemos un problema en ese sentido en Occidente. Como seguidor de Maquiavelo, cito la siguiente frase de "El Principe", según lo que más o menos recuerda mi fragmentada mente: El Principe debe caminar por la senda del Bien, pero estar preparado para caer en el Mal siempre que sea útil a sus intereses. Es decir, que los conceptos de guerra "civilizada" están bien como objetivo, pero en el momento en que nuestros estándares morales nos hacen prisioneros debemos evitarlos.
Pero me voy del tema, me voy muchísimo. Aquí quería hablar de como, durante el periodo comunista, la Unión Soviética (y sorprendentemente Yugoslavia) generó un entorno de regionalismos, sometidos bajo un yugo autoritario (no hay que olvidar esto), en el cual se fomentaba la diversidad. Esto es interesante. El nacionalismo no se combate anulando o eliminando el hecho diferencial, sino colocándolo en su justa perspectiva. Una experiencia personal sirve para resumir esto. Cuando yo tenía catorce años y viajaba a Galicia, yo era "exótico". La gente quería conocer a personas venidas de otros lugares. Cuando tuve treinta y viajé a Galicia yo era "un invasor". El nacionalismo, para madurar, necesita una cultura de asedio, de sitio. Necesita hacer del hecho diferencial un agravio, de forma que sea virtud y a su vez prisión. Es estereotipo se superpone a la percepción, de forma que la realidad nos queda distorsionada por nuestros prejuicios, insistentemente aleccionados. Dejamos de juzgar al individuo y juzgamos al conjunto, a esa masa impersonal y, por tanto, irresponsable, inasumible, inabarcable.
El nacionalismo destruye la fe en la Humanidad. En virtud de nacimiento, pasas a ser héroe o villano. Como tantos estereotipos, en esta era de continentes sin contenido, nos separa en lugar de unirnos. ¿Y qué nos devuelve a cambio de esto? Una cierta "pureza", referida a la prolongación de la pubertad social hasta donde estire el chicle. En el caso indio, desmonta las fabricas para volver a la rueca, con la consiguiente carga de miseria. Es hija del romanticismo, de esas "ideas más grandes que la lógica", que empujan a padres a permitir que sus hijos mueran porque "las vacunas contaminan el cuerpo". Nihilistas vacíos de contenido, estetas, mártires de la pose. Como dijera uno de mis jefes, "En España no cabe un tonto más". Claro que, en este mundo globalizado, no podemos dejar de asombrarnos de la poca capacidad practica del hombre, de como el mundo de las ideas nos domina con pulsiones que, caso de pararnos a reflexionar sobre ellas un momento, nos parecerían absurdas.
Y así, de una sociedad con doscientas etnias, surgieron guerras civiles y conflictos raciales. Y los Balcanes ardieron, una y otra vez, donde durante años existieron hermanos. Y se parten idiomas para dibujar líneas en la arena, que dentro de cien años nos parecerán chistes, si no fuera por todo el sufrimiento que trajeron.
Tengo tarea. Lo siguiente que quiero hacer es investigar la perspectiva armenia y su melancolía de la URSS. ¿Cómo combina la identidad nacional -los armenios para eso son increíbles- con la integración en un proyecto supranacional? ¿Habrá salida a este laberinto de emociones e identidad, algo positivo que se pueda extraer de toda esta ridiculez?
Mantenemos el miedo a los nombres
Quizás con un cierto deje de orgullo. O quizás es que aún no me he dado cuenta de que, como en tantas cosas, la gente se divide básicamente en dos grupos. A los que les gustan las preguntas y a los que les gustan las respuestas.
Me explico. Ayer leí un artículo que había compartido una amiga titulado "somos la generación que no quiere relaciones". Y es absurdo. Porque, precisamente la chica que compartió ese artículo, no es capaz de estar una semana sola sin agobiarse.
La gente aún no comprende que las palabras no tienen sentido por si mismas. Que, como símbolos que son, tienen el sentido que les damos nosotros al interpretarlas. Es cierto que un cierto "acuerdo colectivo" asigna a determinados conceptos determinados atributos. Pero considerar que "relación" solo es "relación estándar" en estos tiempos de disolución social, donde todo sucede tan rápido... es absurdo. Si "llamar" ya no aclara el medio, ¿por qué "relación" debe llevar asignados unos ciertos usos sociales? En una época en que "amigo" es cualquiera que esté dispuesto a escucharte y apoyarte... ¿por qué no trascender de las formas sociales habituales y definir nuestras relaciones en función de nuestros sentimientos?
Ese es uno de los motivos de la esquizofrenia de la gente de mi edad, la no asunción de la realidad imperante. Queremos vivir con la libertad de esta era, pero vinculados a las seguridades de la época de nuestros padres, sin entender (sin querer entender) la paradoja de dicha situación. Porque de la libertad se deriva la responsabilidad, pero sin la madurez suficiente para afrontarla lo único que hacemos es vadear en la oscuridad.
Lo veo casi a diario. Personas que quieren todo... y no asumen que eso tiene un coste. Personas que quieren una seguridad... y no asumen que eso no existe. Personas que creen ser adultos... hasta que se ven obligados a tomar una decisión.
Y mientras, tic tac tic tac, el reloj sigue sonando. Y aquellos de vosotros que preferís las respuestas a las preguntas, seguís soñando con una varita mágica que resuelva vuestros problemas. Echando quinielas, tomando ansiolíticos, viendo fútbol. Durmiendo todos los días con la misma persona y convenciéndoos a vosotros mismos de que eso no es una relación. Como si cambiarle el nombre a algo cambiara su esencia. Como si solo existiera una forma valida de amor.
martes, 17 de mayo de 2016
Que rápido juzgamos
Hoy, sentado comiendo, ha aparecido un nombre en la mesa. Yago. Y he comentado como, en una ocasión, Yago me salvó de una crisis emocional grave. Mi compañera comentó "¡Pero si aún estaba empezando el curso!".
Y es curioso porque es un comentario muy natural. Consiste en "lo que veo es lo que hay", sin plantearnos siquiera que puede haber muchísimo que no vemos. En mi caso concreto, "acabar de empezar el curso" en diciembre me venía después de año y medio de la muerte de mi hermano, siete meses de preparar una oposición 15 horas al día, seis días a la semana, medio año de relación tormentosa con una chica enferma y maravillosa y el disloque de lo unico que me daba una cierta estabilidad en el mundo, mi trabajo embarcado. Este es mi caso, pero como el mío sabe Dios cuantos puede haber.
Nos falta empatía. O quizás paciencia. Nos falta tolerancia y respeto, preocuparnos por lo que tenemos alrededor. Apenas este domingo me quedé asombrado ante la rudeza de alguien. ¿Esa persona no era consciente de que lo que tenía delante podía no ser lo que aparentaba? ¿Qué las reacciones "normales"... suceden con gente normal? Se nos escapa el sentido del grupo y cada vez estamos más solos, más hambrientos, más rabiosos. ¿Y qué queremos? Si nos quedamos en la capa superficial, temerosos de asomarnos y que vean lo que somos. Como decía Nietzsche, "Si miras el suficiente tiempo al abismo... el abismo te devuelve la mirada."
¿Y como evitar eso? Teniendo algo de cintura. Asumiendo que podemos estar equivocados. Riendonos de nosotros mismos y de todo un poco. El remedio para las crisis siempre es el humor. Yo no pretendo que mis compañeros me comprendan; me basta con que me respeten. Al igual que hago yo con ellos. No podemos pedirle a nadie algo que esa persona no puede dar ni ser, ni hacer. Pero... por un momento, echo de menos a un amigo. Una persona con la que te comunicas con toda naturalidad, que te sale solo.
Quizás este fin de semana vea a Charlie Ojeda. Rabanal, él... son probablemente lo mejor que he sacado del curso. De ese que "solo estaba empezando" y fue parte de mi purgatorio. Pero ahora estoy bien. Puedo decir que me siento bien conmigo mismo, que estoy haciendo cosas. Que mi hermano puede sentirse orgulloso de mí. Y eso lo puedo decir porque, en mi interior, sé que he crecido y avanzado.
Ojalá todos lleguéis a esto. Y ojalá podáis compartirlo con gente, con toda naturalidad. Porque, si no tengo filtros como dice una colega, es porque considero que hay que conocer para poder juzgar. Y yo pongo las cartas a la vista, de aquel que quiera molestarse en agacharse y verlas. Porque la sabiduria está ahí, al alcance de los que preguntan y saben preguntar.
sábado, 14 de mayo de 2016
Herejes del humor
Recuerdo hace tiempo, en el primer episodio del Flying Circus de los Monty Python, un sketch buenisimo en el que dos campesinos charlaban sobre "una oveja inteligente", una de las criaturas más terribles que existían. El argumento era el siguiente, la vida de una oveja no es nada prometedora... lo que hace que una oveja consciente de si misma no tuviera nada que perder al rebelarse contra el sistema.
También de los Monty Python hay que hablar de "La vida de Brian". No me explico como no me hicieron ver esa pelicula en el colegio. Nada como un poco de satira para poner en su lugar tanto histerismo, tanto radical, tanto exaltado.
Aún así, yo me lo tomé demasiado... ¿se puede tomar uno el humor demasiado en serio? Me salí por la tangente del cinismo. A día de hoy, el humor sigue siendo mi principal refugio, ese sitio donde uno puede resetear cuando todo se ha vuelto de repente demasiado terrible.
Y entonces, aparece la religión. Ultimamente he charlado por internet con un par de chavalas musulmanas. Oye, cada uno es libre de creer lo que quiera. Pero a día de hoy, aún no he conocido a un musulman moderado. Dicen que existen aunque, en mi limitada experiencia, es como ser un simpatizante del heavy: es mentira. O eres heavy o no lo eres, simple. Aunque me estoy saliendo por la tangente.
¿Por qué me he ido a hablar de musulmanes? Porque uno de los mandamientos del Islam es hacer prosiletismo. Debes convertir a gente. Ojo al verbo, no "estaría bien que convirtieras a gente" o "hay birra gratis para los que conviertan gente". No. Debes. Como en una orden. Así pues, estas chicas han intentado convertirme. Es como cuando te llaman de una compañia de telefono, contestas firme pero educadamente "no gracias, no me interesa". Pero como es un tema un poco personal, extremas la precaución. Usas frases como "no quiero que te ofendas", o "es que de verdad que no es lo mío" e intentas mostrar un interés reservado, para no molestar. Pero no funciona. El problema es que, como dije en cierta ocasión, ser un verdadero creyente de una religión y tener sentido del humor no van bien de la mano. La gente que ordena su vida en torno a los preceptos que le da una autoridad, capacitada para ello de manos del Absoluto, no lleva nada bien el relativismo, la falta de respeto y, en general, la poca vergüenza. Así que tenemos un conflicto. El pastafarismo, esa religión parodica, es tan atractiva porque emite un mensaje que muchos están dispuestos a abrazar en estos tiempos de ausencia de valores y relativismo moral. Riete. Si total... la vida es un desastre. ¿Por qué no reírse?
Es importante que tengamos claro esto. En determinadas cosas no existen terminos medios, es blanco o negro, y en este aspecto de la religión ceder es perder. Si dejamos de reirnos porque creemos... habremos perdido. Así pues, vamos a seguir divirtiendonos.
Defenderse atacando
Una de las cosas que hacen que uno pierda la fé en el ser humano es como la falta de lógica se compensa con intensidad en un debate. O dicho en romance: cuando no tengo razón, grito.
Otra de las cosas que me molesta es como queremos justificar algo estableciendo paralelismos cuando menos oportunos, o como nos escudamos en el "y tu más". Son argumentos que serían perfectamente válidos... en un parvulario. Pero ya a esta edad, con algo de mundo recorrido y algunos libros leidos, existen actitudes que me resultan, como dijera aquel kamikaze Socolí, "un insulto a mi inteligencia".
Ojo. Libreme Dios de pecar de arrogancia, que para eso tenemos pinta de alemán. Lo que vengo a decir aquí es que, si yo quiero p.ej acusar a los armenios de ser unos genocidas, no puedo hacerlo basandome en tres datos cogidos al azar (o sacados de Russia Today o un sitio de objetividad similar), mientras que si quiero defender las acciones belicas de los armenios, no puedo hacerlo acusando a los vietnamitas del sur. Hay que trabajar en un contexto, en un arco argumental y en un mensaje que sean coherentes y validos. Casi a diario leo (a menudo en fb) a personas que defienden o proclaman enfaticamente sus opiniones... carentes de referentes o de trasfondo. Simplemente se agarran a la pancarta y la enarbolan, ajenos a lo que realmente están defendiendo. Como niños.
Esto no es casual. La inmadurez en que vivimos es algo construido a proposito al anular la busqueda de la excelencia, al destruir la fé en el progreso, al incentivar un hedonismo carente de referentes y a la burla sistemática de la curiosidad. Vivimos en una sociedad que nos quiere asustados, inmaduros y manipulables, una suerte de experiencia darwiniana donde el más éxitoso es el más adaptado... a la mediocridad. Eso provoca una insatisfacción que se convierte en agresividad. Por eso estamos todos tan cabreados. No porque nos falte algún elemento material fundamental para nuestra existencia... sino precisamente por el exceso de elementos materiales y la ausencia de un ciclo correcto de esfuerzo y recompensa. ¿De qué nos defendemos? La mayoria de las veces, simplemente de que nos descubran. Y por eso gritamos tanto, para tapar el silencio que nos asusta.
miércoles, 11 de mayo de 2016
Odio las despedidas
Hoy había comida de despedida con compañeros. Hemos ido, hemos comido, nos hemos despedido. Ya este verano acaba una fase y empieza otra. A estas alturas del negocio ya debería estar acostumbrado... pero soy una nena. Es muy bonito cuando alguien habla bien de ti, cuando alguien te sonrie con cariño, cuando alguien te dice "te echaré de menos". Y es bonito cuando son gente con la que no tienes porqué llevarte bien... simplemente pasa. Gente que entiende que esto es así, que hoy estás aquí y mañana quien sabe.
Tengo un libro lleno de dedicatorias. Y ya estoy planeando lo próximo que haré, porque si te paras te caes. Pero te queda la pena de irte y la alegria de haber estado. Odio las despedidas. Pero me encanta la sensación de movimiento constante. ¡A por lo siguiente!
martes, 10 de mayo de 2016
Sobre los porqués
Alguna vez he dicho que los actos se justifican a sí mismos, de forma que preguntar "por qué" muchas veces resulta recursivo. Y que hace más quien quiere que quien puede, lo que anula toda pregunta de porqué. Ya lo tienes ahí. ¿Por qué? Porque puede.
Pero hay veces que no es tan así. Hay cosas que hacemos por motivos equivocados y, cuando eso sucede, debemos analizar la raíz del problema. El porqué. En mi caso, estaba pensando en como estoy haciendo un listado de libros leidos. ¿Cual es el objeto de dicho listado? Tener un cierto control estadistico sobre cuanto leo. Ese es el motivo "que yo creo". El motivo real, del que acabo de darme cuenta hace un momento, es bien distinto. Es poder presumir de que leo mucho y felicitarme a mi mismo. Es un acto de vanidad y la vanidad, como todos sabemos, no tiene una especial utilidad.
Es como las fotos. Yo suelo decir "si de un viaje tengo muchas fotos, malo. Porque significa que no estaba tan ocupado pasandomelo bien que no podía echarlas". Algo parecido me sucede en el ordenador. Si paso mucho tiempo en el ordenador... malo. Porque significa que no tengo nada mejor con lo que entretenerme. O chateando. Si tengo gente cerca, no presto atención al móvil. Así que si paso mucho tiempo en el móvil es porque llevo mucho tiempo solo Y aburrido.
A veces, los porqué tienen sentido. Nos dan una visión más amplia de lo que está sucediendo, nos permiten dar un paso más. No existen como justificación en si misma... el "porqué" es un complemento circunstancial, quizás en algunos casos directo, pero nunca es el eje de la frase. Aunque todo suma.
viernes, 6 de mayo de 2016
Algunas verdades basicas
Hoy me he levantado contento. Y hace un momento, reflexionando sobre el tema, me he dado cuenta de que hay dos hechos fundamentales que tendemos a ignorar y sobre los que quiero reflexionar hoy. Dichos hechos son:
- El amor es comunicación.
- El hogar es donde quieres y te quieren.
Lo de que el amor es comunicación lo tuve de "lema" en Facebook durante mucho tiempo. Y lo sigo creyendo. Ese lema surgió de una conversación con Luci, la cuñada de Sandra, en Barcelona. Imagino que yo estaba algo borracho, como cuando le expliqué a Rali que Dios era universal, porque Dios era amor. Antes de separarme del tema sin remedio, me ciño a él. Para que exista amor debe existir confianza, empatía, retroalimentación y una proyección futura. Es decir, comunicación. Un proyecto común no puede ser articulado individualmente. Por eso el roce hace el cariño, porque donde hay una comunicación natural, fluida y constante enseguida surge la simpatía.
Resumiendo, hay que compartir más. Hay que comunicar.
Sobre la segunda idea fuerza, hoy voy a coger un tren a Cádiz si Dios quiere y el enemigo lo permite. ¿Y por qué el hogar está en Cádiz? Porque mi madre y mi hermana, que cosa, me quieren. Y las quiero. Y me siento querido en casa, me siento cómodo, arropado, a gusto. Siento que puedo dejar mi mente divagar, que puedo relajarme, que todo va a salir bien. El hogar no es un espacio físico; es un espacio emocional. Y lo construimos día a día con palabras, con gestos, con experiencias, con historias. Vuelvo a la cita de Gandhi: Cuida tus palabras porque serán tus obras, cuida tus obras porque serán tus habitos. Cuida tus habitos porque serán tu destino. Así que, si reducimos todo a su minima expresión, un acto es lo que condiciona todo. Buenos días. ¿Cómo estás? Te he echado de menos. Esas palabras, que parecen tonterías, son lo que realmente nos hacen ser nosotros, sentirnos nosotros.
Hay que cuidar los gestos. Hay que repartir generosamente, para recibir generosamente. Hay que creer, para crear.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Y de repente, ya no estás
Hace una semana me encontré con una noticia terrible en facebook. No lo entendía. ¿Como? ¿Ese...? ¿Quién?
Y luego ví las fotos y caí. Ya no estaba. Y ya no iba a estar nunca más. ¿Como? No lo entendía. No podía entenderlo, no quería entenderlo.
Los marinos no se retiran
Hay gente que es marino y gente que no lo es. Tan fácil como eso. Hace algunos años escribí que ponerle un uniforme no convierte a alguien en lo que lleva. Como decían en "Algunos hombres buenos": el honor no es un parche que te pongas en el uniforme.
No es fácil. Es una vida complicada. Y es cierto que es mejor empezarla pronto y acomodar el resto de tu vida a ella, que hacerlo al revés. Nadie es "medio marino". O se es o no se es, tan fácil como eso.
La semana pasada lo veía. Mis jefes, que ya tienen una edad, siguen teniendo ese espíritu aventurero. Siguen queriendo ir allí y ver eso. Siguen queriendo aprender esto y lo otro, siguen queriendo compartir, siguen queriendo vivir. Asumen que hay un precio, pero están dispuestos a pagarlo, con una sonrisa. Hoy tengo un día malo de escritura. No se me vienen las palabras, fijaros que tontería. Pero cuando los escucho hablar... lo sé. Lo siento.
Hoy hablaba con un amigo que tiene un problema personal grave. Y se vé en la tesitura de dejar los barcos. Es difícil. Conozco a gente que, años después, siguen acercandose al muelle a compartir. A contar batallitas, a ver ese trozo de acero donde dejaron tanto de su vida.
No nos largamos. Como decía alguien, puedes dejar el mar, pero el mar no te deja a ti. Por eso el que es marino de verdad sigue esperando los atardeceres, sigue sintiendo el tirón, sigue saboreando los momentos. Estamos ahí.
De ese palo, esta astilla
"Cuando hay que comerle el culo a un perro, no sirve de nada mirarle el rabo".
Así decía Jesús, un ex-novio de mi hermana, para explicar como, a la hora de afrontar una tarea desagradable, distraerse con temas accesorios a la misma no ayuda. O dicho de otra manera, que si tenemos que hacer algo que no nos gusta, mejor dejar de perder el tiempo con tonterías y hacerlo cuanto antes.
Soy un hombre duro conmigo mismo. Tengo problemas (según Freud motivados por mi relación con mi madre) para sentirme orgulloso de mis logros. Me exijo mucho. Me perdono poco. A veces me doy cuenta y bajo el listón, me río, me burlo de mi mismo. Pero enseguida vuelvo a apretar los dientes y a pelear, porque es lo que he aprendido desde pequeñito y sé que funciona. Y claro, bajando un escalón, soy igual con mi gente. Me cuesta felicitarles sus exitos. Les exijo mucho. Les perdono poco.
Pero a veces, también tengo que bajar el listón y los brazos, para poder abrazarles. Y bien sabe Dios que me gustaría abrazarles.
Tengo una madre y una hermana. No hablo mucho de ellas, como no hablo de casi nada que sea realmente importante para mí. Nuestra biografia no es fácil, pero antes me arranco un brazo que permitir a nadie sentir lastima de nosotros. El caso es que esta semana me he encontrado con una situación antigua y me apetece guardar esto aquí para leerlo dentro de unos años.
Yo tenía unos quince años. Mi madre estaba con un hombre y no les iba bien. Hacía tiempo que no les iba bien, pero ese hombre era el padre de mi hermano y vivía con nosotros. Imagino que mi madre le quería. No lo sé. Pero entre una relación egoista que se iba a la mierda y nosotros, mi madre nos eligió a nosotros. El padre de mi hermano salió de casa y de nuestras vidas. Mi hermano hace casi seis años que murió. Su padre murió después, aunque yo no lo sabía. Pero, al igual que mi tía Veva, mi madre tomó la decisión difícil, pero correcta. Hizo aquello en lo que creía, fue honesta consigo misma, fue valiente. Le tuvo que doler, pero aún hoy puede levantar la cabeza y decir que ella es quién ella ha elegido ser.
Esta semana, mi hermana ha hecho algo parecido. Y me ha hecho sentir orgulloso. No suelo decir esto, porque no me lo digo a mi mismo. Pero mi hermana, ese personaje con el que llevo toda la vida peleandome, es una mujer de bandera. Es una mujer valiente, honesta, trabajadora. Es una mujer inteligente, divertida, fortisima. Ha sido la payasa que hacía reír a los maniacos depresivos de mi madre y a mí, ha sido la que entraba en casa gritando. Y, al igual que lo hizo cuando la venta del piso, que salió a pelear por mi madre como una leona, ahora ha elegido ponerse en pie y hacer lo que debe. Aunque probablemente no le guste. Pero, como decía aquel profesor, en nuestro interior siempre sabemos lo que queremos, así como siempre sabemos lo que está bien.
Cada día me lo encuentro, en una forma o en otra. Gente que tiene un trabajo que no le gusta. Una pareja que no le gusta. Que vive donde no quiere. Gente prisionera de sus decisiones, en lugar de dueño de ellas. Con el ejemplo de mi madre, de la tía Veva, de Karen... mío. No quiero vivir así. No quiero vivir sin ser dueño de mí mismo. Y me siento ferozmente orgulloso de compartir esto con mi hermana. De que ella tampoco quiera una vida que no se merezca.
Es gracioso. Tantas cosas que escribo, algunas tan inspiradas... y precisamente para esto, que es tan importante, no me salen las palabras. Quizás por eso hay cosas que no pueden escribirse, que no pueden decirse, que no pueden cantarse. Cosas que simplemente... son. Y al ser, comprenden cuanta explicación pueda darse sobre ellas.
Gracias, Mamu. Gracias por ser tu misma y gracias por seguir haciendome sentir orgulloso de ti. Niñata.
domingo, 1 de mayo de 2016
Feliz dia del trabajador
Este año el día del trabajador (1 de mayo) coincide con el dia de la madre (primer domingo de mayo). Sería de muy mala persona valorar más a un trabajador que a una madre, así que hoy fb está lleno de felicitaciones y postales y etc.
Yo, que tengo una relación bastante asentada con mi madre, he hablado con ella de otras cosas. Como ella dice, es un día de El Corte Inglés y no tiene nada especial. En mi familia somos muy dados a eso, a 'no celebrarme. Tenemos cosas mejores que hacer.'
Aun así, es bonito que se reconozca a las madres. No seríamos lo que somos sin ellas, si no hubiera. Elegido sacrificarse por nosotros y crear y compartir. Grande las madres.
Pero voy a ser malo. Escribo este artículo porque, como llevo mucho diciendo, cada vez somos menos 'nosotros' y más 'yo'.
Hoy es el día del trabajador. En Chicago, hace más de un siglo, la patronal asesinó a una srie se sindicalistas y obreros durante una huelga. Eram los tiempos de la ley de la selva y de la justicia que uno se pagaba. Hoy en día siguen siendo esos tiempos em buena parte del mundo, pero por suerte en Occidente no. Por muy egoistas y dramáticos que nos pongamos. Y eso es así, no por un poder sobrehumano que llegara de Raticulin, sino por un esfuerzo consciente y coherente de siglos. Somos y estamos porque lo hemls hecho. Y hoy es un dia bueno para reflexionar sobre lls trabajadores y el trabajo, las relaciones entre el Estado y el Capital, los medios de producción y las masas. Es un buen día para pensar en el medio ambiente, en la macro y mini economía, los derechos sociales, las cargas tributarias, la gestión de los recursos.
Hoy ha muerto un compañero que conozco y otro que no. Yo no soy jefe ni indio, sino todo lo contrario, pero siempre soy compañero. En este día del trabajador quiero rezar, o hacer su equivalente, porque nos demos cuenta de que este mundo no es de unos contra otros. Quiero pedir que haya más empatía, más compasión, más respeto y más voluntad. Y que, todo lo quebhemos conseguido en estos años, llegue a la mayor cantidad posible de gente y que se distribuya de la mejor manera posible. Ojalá este siglo que empieza vea muchos 1 de Mayo que celebremos. Y ojalá haya mucho que celebrar y por lo que dar gracias.4
Yo, que tengo una relación bastante asentada con mi madre, he hablado con ella de otras cosas. Como ella dice, es un día de El Corte Inglés y no tiene nada especial. En mi familia somos muy dados a eso, a 'no celebrarme. Tenemos cosas mejores que hacer.'
Aun así, es bonito que se reconozca a las madres. No seríamos lo que somos sin ellas, si no hubiera. Elegido sacrificarse por nosotros y crear y compartir. Grande las madres.
Pero voy a ser malo. Escribo este artículo porque, como llevo mucho diciendo, cada vez somos menos 'nosotros' y más 'yo'.
Hoy es el día del trabajador. En Chicago, hace más de un siglo, la patronal asesinó a una srie se sindicalistas y obreros durante una huelga. Eram los tiempos de la ley de la selva y de la justicia que uno se pagaba. Hoy en día siguen siendo esos tiempos em buena parte del mundo, pero por suerte en Occidente no. Por muy egoistas y dramáticos que nos pongamos. Y eso es así, no por un poder sobrehumano que llegara de Raticulin, sino por un esfuerzo consciente y coherente de siglos. Somos y estamos porque lo hemls hecho. Y hoy es un dia bueno para reflexionar sobre lls trabajadores y el trabajo, las relaciones entre el Estado y el Capital, los medios de producción y las masas. Es un buen día para pensar en el medio ambiente, en la macro y mini economía, los derechos sociales, las cargas tributarias, la gestión de los recursos.
Hoy ha muerto un compañero que conozco y otro que no. Yo no soy jefe ni indio, sino todo lo contrario, pero siempre soy compañero. En este día del trabajador quiero rezar, o hacer su equivalente, porque nos demos cuenta de que este mundo no es de unos contra otros. Quiero pedir que haya más empatía, más compasión, más respeto y más voluntad. Y que, todo lo quebhemos conseguido en estos años, llegue a la mayor cantidad posible de gente y que se distribuya de la mejor manera posible. Ojalá este siglo que empieza vea muchos 1 de Mayo que celebremos. Y ojalá haya mucho que celebrar y por lo que dar gracias.4
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