martes, 17 de mayo de 2016

Que rápido juzgamos


Hoy, sentado comiendo, ha aparecido un nombre en la mesa. Yago. Y he comentado como, en una ocasión, Yago me salvó de una crisis emocional grave. Mi compañera comentó "¡Pero si aún estaba empezando el curso!".
Y es curioso porque es un comentario muy natural. Consiste en "lo que veo es lo que hay", sin plantearnos siquiera que puede haber muchísimo que no vemos. En mi caso concreto, "acabar de empezar el curso" en diciembre me venía después de año y medio de la muerte de mi hermano, siete meses de preparar una oposición 15 horas al día, seis días a la semana, medio año de relación tormentosa con una chica enferma y maravillosa y el disloque de lo unico que me daba una cierta estabilidad en el mundo, mi trabajo embarcado. Este es mi caso, pero como el mío sabe Dios cuantos puede haber.
Nos falta empatía. O quizás paciencia. Nos falta tolerancia y respeto, preocuparnos por lo que tenemos alrededor. Apenas este domingo me quedé asombrado ante la rudeza de alguien. ¿Esa persona no era consciente de que lo que tenía delante podía no ser lo que aparentaba? ¿Qué las reacciones "normales"... suceden con gente normal? Se nos escapa el sentido del grupo y cada vez estamos más solos, más hambrientos, más rabiosos. ¿Y qué queremos? Si nos quedamos en la capa superficial, temerosos de asomarnos y que vean lo que somos. Como decía Nietzsche, "Si miras el suficiente tiempo al abismo... el abismo te devuelve la mirada."
¿Y como evitar eso? Teniendo algo de cintura. Asumiendo que podemos estar equivocados. Riendonos de nosotros mismos y de todo un poco. El remedio para las crisis siempre es el humor. Yo no pretendo que mis compañeros me comprendan; me basta con que me respeten. Al igual que hago yo con ellos. No podemos pedirle a nadie algo que esa persona no puede dar ni ser, ni hacer. Pero... por un momento, echo de menos a un amigo. Una persona con la que te comunicas con toda naturalidad, que te sale solo.
Quizás este fin de semana vea a Charlie Ojeda. Rabanal, él... son probablemente lo mejor que he sacado del curso. De ese que "solo estaba empezando" y fue parte de mi purgatorio. Pero ahora estoy bien. Puedo decir que me siento bien conmigo mismo, que estoy haciendo cosas. Que mi hermano puede sentirse orgulloso de mí. Y eso lo puedo decir porque, en mi interior, sé que he crecido y avanzado.
Ojalá todos lleguéis a esto. Y ojalá podáis compartirlo con gente, con toda naturalidad. Porque, si no tengo filtros como dice una colega, es porque considero que hay que conocer para poder juzgar. Y yo pongo las cartas a la vista, de aquel que quiera molestarse en agacharse y verlas. Porque la sabiduria está ahí, al alcance de los que preguntan y saben preguntar.

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