miércoles, 18 de mayo de 2016

El nacionalismo, esa enfermedad social



Ayer me dio por leer algo sobre la doctrina Gerasimov. Realmente estaba buscando algo sobre política lingüística en la URSS, ese país donde convivían casi 200 etnias y se hablaban 100 idiomas distintos, pero la mayoría de la gente se entendía en ruso. Al final, una cosa llevó a la otra y, como suele pasar, terminé enredado leyendo sobre militares, opinión pública, sociología y creencias. Cada uno tiene sus hobbies, que le vamos a hacer.
Perdonen que me distraiga del tema, pero quiero hacer un pequeño apunte sobre la doctrina Gerasimov. Ese hombre, si la doctrina realmente es suya, es un genio. En el mundo hiperconectado y dependiente de la información de hoy, donde la opinión empuja decisiones en cuestión de horas (p.ej el caso Alan, el niño ahogado en Turquia), orientar las misiones militares a objetivos de opinión es ser un adelantado a su tiempo. Misiones para ganar minds and hearts, sin maniqueísmos.
Tenemos un problema en ese sentido en Occidente. Como seguidor de Maquiavelo, cito la siguiente frase de "El Principe", según lo que más o menos recuerda mi fragmentada mente: El Principe debe caminar por la senda del Bien, pero estar preparado para caer en el Mal siempre que sea útil a sus intereses. Es decir, que los conceptos de guerra "civilizada" están bien como objetivo, pero en el momento en que nuestros estándares morales nos hacen prisioneros debemos evitarlos.


Pero me voy del tema, me voy muchísimo. Aquí quería hablar de como, durante el periodo comunista, la Unión Soviética (y sorprendentemente Yugoslavia) generó un entorno de regionalismos, sometidos bajo un yugo autoritario (no hay que olvidar esto), en el cual se fomentaba la diversidad. Esto es interesante. El nacionalismo no se combate anulando o eliminando el hecho diferencial, sino colocándolo en su justa perspectiva. Una experiencia personal sirve para resumir esto. Cuando yo tenía catorce años y viajaba a Galicia, yo era "exótico". La gente quería conocer a personas venidas de otros lugares. Cuando tuve treinta y viajé a Galicia yo era "un invasor". El nacionalismo, para madurar, necesita una cultura de asedio, de sitio. Necesita hacer del hecho diferencial un agravio, de forma que sea virtud y a su vez prisión. Es estereotipo se superpone a la percepción, de forma que la realidad nos queda distorsionada por nuestros prejuicios, insistentemente aleccionados. Dejamos de juzgar al individuo y juzgamos al conjunto, a esa masa impersonal y, por tanto, irresponsable, inasumible, inabarcable.
El nacionalismo destruye la fe en la Humanidad. En virtud de nacimiento, pasas a ser héroe o villano. Como tantos estereotipos, en esta era de continentes sin contenido, nos separa en lugar de unirnos. ¿Y qué nos devuelve a cambio de esto? Una cierta "pureza", referida a la prolongación de la pubertad social hasta donde estire el chicle. En el caso indio, desmonta las fabricas para volver a la rueca, con la consiguiente carga de miseria. Es hija del romanticismo, de esas "ideas más grandes que la lógica", que empujan a padres a permitir que sus hijos mueran porque "las vacunas contaminan el cuerpo". Nihilistas vacíos de contenido, estetas, mártires de la pose. Como dijera uno de mis jefes, "En España no cabe un tonto más". Claro que, en este mundo globalizado, no podemos dejar de asombrarnos de la poca capacidad practica del hombre, de como el mundo de las ideas nos domina con pulsiones que, caso de pararnos a reflexionar sobre ellas un momento, nos parecerían absurdas.
Y así, de una sociedad con doscientas etnias, surgieron guerras civiles y conflictos raciales. Y los Balcanes ardieron, una y otra vez, donde durante años existieron hermanos. Y se parten idiomas para dibujar líneas en la arena, que dentro de cien años nos parecerán chistes, si no fuera por todo el sufrimiento que trajeron.


Tengo tarea. Lo siguiente que quiero hacer es investigar la perspectiva armenia y su melancolía de la URSS. ¿Cómo combina la identidad nacional -los armenios para eso son increíbles- con la integración en un proyecto supranacional? ¿Habrá salida a este laberinto de emociones e identidad, algo positivo que se pueda extraer de toda esta ridiculez?

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