sábado, 14 de mayo de 2016
Defenderse atacando
Una de las cosas que hacen que uno pierda la fé en el ser humano es como la falta de lógica se compensa con intensidad en un debate. O dicho en romance: cuando no tengo razón, grito.
Otra de las cosas que me molesta es como queremos justificar algo estableciendo paralelismos cuando menos oportunos, o como nos escudamos en el "y tu más". Son argumentos que serían perfectamente válidos... en un parvulario. Pero ya a esta edad, con algo de mundo recorrido y algunos libros leidos, existen actitudes que me resultan, como dijera aquel kamikaze Socolí, "un insulto a mi inteligencia".
Ojo. Libreme Dios de pecar de arrogancia, que para eso tenemos pinta de alemán. Lo que vengo a decir aquí es que, si yo quiero p.ej acusar a los armenios de ser unos genocidas, no puedo hacerlo basandome en tres datos cogidos al azar (o sacados de Russia Today o un sitio de objetividad similar), mientras que si quiero defender las acciones belicas de los armenios, no puedo hacerlo acusando a los vietnamitas del sur. Hay que trabajar en un contexto, en un arco argumental y en un mensaje que sean coherentes y validos. Casi a diario leo (a menudo en fb) a personas que defienden o proclaman enfaticamente sus opiniones... carentes de referentes o de trasfondo. Simplemente se agarran a la pancarta y la enarbolan, ajenos a lo que realmente están defendiendo. Como niños.
Esto no es casual. La inmadurez en que vivimos es algo construido a proposito al anular la busqueda de la excelencia, al destruir la fé en el progreso, al incentivar un hedonismo carente de referentes y a la burla sistemática de la curiosidad. Vivimos en una sociedad que nos quiere asustados, inmaduros y manipulables, una suerte de experiencia darwiniana donde el más éxitoso es el más adaptado... a la mediocridad. Eso provoca una insatisfacción que se convierte en agresividad. Por eso estamos todos tan cabreados. No porque nos falte algún elemento material fundamental para nuestra existencia... sino precisamente por el exceso de elementos materiales y la ausencia de un ciclo correcto de esfuerzo y recompensa. ¿De qué nos defendemos? La mayoria de las veces, simplemente de que nos descubran. Y por eso gritamos tanto, para tapar el silencio que nos asusta.
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