jueves, 19 de mayo de 2016

La vida es una montaña rusa



Y a veces da cornadas. Yo no soy un hombre excesivamente apegado a mi familia. Debido a las circunstancias de mi vida, de mi hermano... mis primos, tíos y etc, con contadas excepciones, me son tan cercanos y queridos como un barrio de Nablús. Ni los conozco, ni maldita la gana que tengo. También ayuda el que yo esté fuera, si no en una forma en otra, desde hace ya va para diez años.
No es así con mi madre, claro. Criada en "el clan", ella si presta atención a la gente con la que le relacionan vínculos de sangre. Y como conversación ligera, a veces me actualiza sobre ellos y me cuenta de sus hazañas y desventuras.
Y la verdad, está la cosa jodida. Pensaba en lo único que me enseñó mi tío, aquella frase de "Alejandro, la vida es una carrera de fondo. Lo importante es llegar. " y en como, aunque muchos de ellos me adelantaron en años y años, yo estoy mejor que la mayoría. No porque sea más inteligente, ni porque decida mejor, ni porque juegue mejor mis cartas, aunque seguramente eso también tendrá que ver, sino porque soy afortunado. La fortuna tiene lugar donde coinciden la oportunidad con la preparación.
Aunque no me alegra la desgracia de ninguno de ellos. Hace años me preguntaba por lo afortunados que eran y me felicitaba de sus buenas elecciones, del cuidado al elegir compañeros, trabajo, lugar de residencia... ahora veo que nuestra personalidad acaba erosionando dichas decisiones, al ser demasiado intolerantes, demasiado dados a cerrar los ojos y no ver aquello que no queremos ver, demasiado arrogantes en nuestro éxito. Y al final, ahora estás arriba y mañana abajo.
Es natural, claro. Toda vida contiene victorias y sinsabores. Pero... ¿realmente son algunos de ellos inevitables? ¿No se podía haber prevenido? Con un poco más de comunicación, de atención, de respeto. Con un poco más de curiosidad, con ganas de cuidarse a uno mismo y a aquellos que tenemos alrededor. Poniendo las cosas en perspectiva y llevando una actitud de vida más sana, más saludable.
No soy quién para dar lecciones, más viendo como me van a mí algunas cosas. Eso sí, deseo de todo corazón que a ellos les vaya mejor. Son buena gente y se lo merecen, aunque no los conozca casi de nada. Y además... sinceramente, me gustaría que a todo el mundo le fuera un poquito mejor. Incluso a los que son insoportables antes de tomar café por las mañanas. Hasta a esos.

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