lunes, 12 de junio de 2017
Aterrado de la homosexualidad
Hoy un amigo me ha contado que ha triunfado con una chica. De forma muy gráfica. Con entusiasmo.
Es comprensible. El colega hacía mucho que no y por lo que cuenta ha sido épico. Me alegro por él. Pero reconozco que lo hago con reticencia. Me supone un esfuerzo. Los hombres (no sé los de generaciones-pokemon, los de la mía al menos) NO hablamos de sexo con otros hombres. Para mí fue todo un descubrimiento la cantidad de detalles y la minuciosidad con que las mujeres hablaban de esas cosas. Para mí y mi grupo de amigos, la cuestión se redujo siempre a una serie de gruñidos, de acuerdo a un protocolo más o menos similar al siguiente.
- Bueno y la chica X... ¿qué?
- Bien. - sonrisa -. Bien bien.
- Pero... ¿bien?
- De categoría.
Y ahí acababa la historia. Si tal podría hablarse de la chica. De sus atributos o ausencia de ellos. Pero nunca del acto en sí.
¿Sabéis por qué? Porque a los tíos nos da mucho miedo la homosexualidad. Nos aterra. La masculinidad, en nuestra cultura, es un atributo a conquistar. Uno "se hace un hombre" y lucha día a día por mantener ese título. Cualquier rastro de incertidumbre sobre nuestra masculinidad y enseguida dudamos de todo. Por eso es un insulto tan terrible que una mujer se refiera despectivamente a su capacidad como amante o a sus atributos biologicos.
Y por eso nos da miedo la homosexualidad. ¿Y si me imagino a mi colega haciendo cosas sucias... y me gusta? ¿Y si resulta que mi identidad de macho, más o menos acentuada, se vé amenazada? ¡Dejaría de ser yo!
Pensaba en eso hace un rato, dandome cuenta de que a pesar de mi edad y experiencia, sigo evitando pensar en mi colega haciendo guarrerias con la chica. Y es que algunas cosas, a pesar de todo nuestro intelecto, savoir faire y conocimiento interior, siguen superandonos. A veces, no dejamos de ser el niño que se esconde entre las sabanas cuando suena la tormenta. Y aunque sea estúpido, reconozco que tiene su lado tierno.
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