martes, 27 de junio de 2017

Corta tus perdidas


Una de las multiples ventajas de vivir solo, en una casa propia, es que te permite experimentar. Por ejemplo, descubres cosas como "¿qué puñetas es una llave de paso y donde está?" o "¿por qué la lavadora tiene quince programas, cuando solo me interesa que haga una cosa?". En este caso en concreto, me permite hacer algo que muchas veces he pensado pero nunca me he atrevido: usar un albornoz. Y ahora, este vuestro inquieto hobbit escribe envuelto en un albornoz tomando una taza de té verde. Soy el malo/una chica Bond de una de esas peliculas. Vosotros elegís.
Eh. Podría ser peor. Podría ser Batman. ¿O quizás lo soy?
Esta tontería me viene a recordar una pregunta. El otro día comprobé que me leian cinco personas. ¿Cinco? O tengo un terrible desdoble de personalidad o sois más de los que pensaba. Me inquieta pensar que haya gente ahí fuera que pueda encontrar esto interesante. Supondré que son bots de google, asomandose a ese nido de horror que es mi cabeza.
A todo esto. El asunto del título. Si algo hemos aprendido de grandes videojuegos de gestión como el SimCity o el PcFutbol es que llega un momento en que es mejor asumir las perdidas y cortar algo, que seguir manteniendonos en la esperanza de que empiece a dar beneficios. Como dijo un sabio rubio en cierta ocasión: "el optimismo no paga facturas". Uno tiene que hacer un buen analisis, ser objetivo y cruel. Cortar por donde se debe cortar. Y asumir que, oye, mejor perder cinco hoy que no se recuperarán que perder diez mañana que tampoco.
Claro que algunos diréis que esa es una actitud conservadora ante la vida. Que quién no arriesga no gana y todo eso. Pero plantearos lo siguiente... para perder esos cinco primeros, ya debimos haber arriesgado. ¿Qué nos induce a seguir adelante? ¿Es una posibilidad objetiva de beneficios, o es el orgullo (no querer reconocer el error), una proyección de nuestros deseos (sé que esto irá bien, lo sé) o algún otro sentimiento? Si la respuesta es cualquiera distinta de la numero uno, recordad que una retirada a tiempo es una victoria.
Y con esto me despido por hoy, sacudiendo las mangas del albonroz mientras me retiro majestuosamente. O no.

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