martes, 13 de junio de 2017

Forever alone


Me ha vuelto a pasar. Me pasa bastante. Soy un especialista en crear situaciones, animar a alguien, hacerlo feliz... y una vez conseguido, esa persona decide que ya ha obtenido todo lo que necesitaba de mi y me deja de lado. Imagino que alguna vez habré hecho lo mismo, no sé si dandome cuenta o no. No tengo un libro de contabilidad de flujos de energia y de animo.
Lo que si tengo, y llevo bastante tiempo con ello, es la sensación de que en mi vida nada permanece. De que ningún árbol crece lo suficiente para dar sombra y que, como Sísifo, estoy siempre empujando la piedra desde abajo de la cuesta.
Ojo, esto es consecuencia natural de mi forma de ser. No echo la culpa al destino (¡oh cruel hado!) ni a ninguna extraña conspiración judeo-masónica. Las reglas del juego están ahí para quién quiera jugarlas, soy yo el que se empeña en querer inventar algo distinto.
Hay dos factores que juegan muy a favor de que me encuentre en esta situación. Por un lado, mi independencia. Hay mucha gente a la que le intimida mi ritmo de vida, los viajes, la actividad constante, mi heterodoxía. El ser tan distinto que los deje a veces sin referencias. Y por otro lado, claro, mi capacidad organizativa. El que siempre esté organizando, planeando, buscando. Ambas cosas, independencia e iniciativa, son factores que facilitan el que yo empiece cosas, el que establezca relaciones, cruce puentes, haga. Pero a su vez hace que dichas relaciones estén muy vinculadas a mi capacidad para mantenerlas, al establecimiento de un dialogo en el que yo termino siendo parte subordinada. Hasta que me aburro y paso a otra cosa, o la otra persona se aburre y pasa a otra cosa. A veces tengo suerte y doy con gente como yo, con mucha iniciativa e independencia. Y esa gente y yo apenas coincidimos en tiempo y espacio. Somos barcos, a muchas millas de distancia, que llevan rumbos distintos y a veces se cruzan, se saludan por banderas y siguen camino.
No pasa nada. Hace mucho tiempo lo habría lamentado o habría intentado arreglarlo, entenderlo, justificarlo. Eso pasó. Ahora simplemente vivo el ahora. Ya vendrán tiempos mejores. Es tan fácil y, a la vez, tan difícil como eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario