lunes, 12 de junio de 2017
Etiquetas políticas
Una de las cosas que uno nunca debe hacer en internet es posicionarse claramente. Ni política, ni sexo, ni religión... mi abuelo, que vivió una Guerra Civil que duró tres años con su correspondiente diversión y represalias, me dijo "nunca tengas un carnet de nada". Y aunque no seamos conscientes de ello, nuestra huella digital en foros, redes sociales, espacios virtuales y demás... permanece. Y da un perfil de nosotros que hace que seamos facilmente identificables. Como un carnet. Y aunque en muchas cosas reconozco que no le he hecho ni puñetero caso, en esta en concreto sí me he mantenido fiel a lo que mi abuelo me enseñaba. Tener un carnet, una camiseta, una identidad... te debilita y te señala. Yo prefiero jugar a la confusión, guardarme mis opiniones para aquellos con los que tengo una gran confianza y un entorno lo suficientemente discreto, y dejar que cada uno piense lo que le dé la gana de mí.
Y ahí entra el tema de este artículo. Como nos identifican a poco que saquemos la patita en un sentido o en otro. Si planteas un debate ideologico desde la neutralidad, enseguida habrá quién te envuelva en una u otra bandera. En la mayoria de ocasiones, para justificar su punto de vista antagonizando con el tuyo. Pero no contra lo que tu dices, porque eso implicaría contrastar argumentos y opiniones, no no. Atacando al "simbolo" en el que te ha envuelto, por supuesto sin consultarte ni admitir tus correciones. En cierto sentido, eso dice más de la persona que te ataca que de ti mismo, pero no puedes evitar tener que corregirlo para no verte expuesto. Volvemos a lo que decía Goebbels, una mentira repetida suficientes veces se convierte en verdad. Y hoy nos reímos de que el niño ha tirado una piedra, y cuando nos queremos dar cuenta el niño es un hombre de veinte años y está en la carcel. Hay que ser consecuente. Y a veces es muy difícil, pero no por ello hay que dejar de intentarlo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario