miércoles, 17 de octubre de 2018

Otkuda salas pechal?



Es el estribillo de una canción de "Kino" que se llama precisamente Pechal (pena). Kino son un grupo ruso que es el equivalente creo yo a Mecano de la Unión Soviética. En una época en que todo era raro y nadie sabía de que íbamos, esa gente sacaron unas canciones que se sabe todo el mundo. Ya he comentado alguna vez como flipé cuando, en Ucrania este verano, unos chavales de instituto borrachos con una guitarra  estaban cantando una canción de ellos. Un grupo que se disolvió en el noventa y algo, más o menos como si me encuentro a pibes de instituto en Cádiz cantando algo de Heroes del Silencio.
A lo que iba. El estribillo se pregunta "¿de donde sale esta tristeza?" y es una buena pregunta. Todos tenemos historias. Todos tenemos fantasmas. Y a veces vamos a visitarlos o a veces nos visitan ellos. Eso es bueno. Hay que mantener vivo los referentes, saber de donde venimos para entender a donde vamos y, quizás, incluso porqué.
Pero hay que dejar que los fantasmas descansen. Hay que entender que lo que hicimos o hicieron está hecho y queda ahí. No hay que removerlo. Es importante cuidarse, por ellos y por nosotros. Para hacer una historia digna, para mantenernos en el camino. La tristeza tiene que mantenerse a raya.
Eso sí, sin dejar asuntos pendientes. Porque esa pechal, esa tristeza, seguramente venga de algo que enterramos y aún estaba vivo. Algo que quisimos decir y no dijimos, algo que sentimos y nos hemos comido. Algo que se quedó debajo de la alfombra y ha crecido hasta ser un monstruo que nos come.
No puede ser. No es justo. Así que quizás haya que desempolvar las alfombras, revisar las historias y corregir lo que haya que corregir. Entonces, ya contestada la pregunta, podremos seguir adelante. Más ligeros de espíritu y de corazón, pero con la misma fuerza y ganas de hacer las cosas bien. Porque merece la pena. Tiene que merecer la pena.

Señor, ten piedad



Atención, oración


Tu que dispones de viento y mar
Haces la calma y la tempestad
Ten de nosotros Señor piedad,
Piedad Señor
Señor Piedad.


Hay momentos en la vida en que uno no sabe muy bien a donde mirar. Momentos en que uno está perdido y no tiene referentes, en que no recuerda como llegó aquí ni a donde quiere ir. A veces, hay momentos en que uno cree que sabe donde está pero realmente no tiene ni repajolera idea.
Por eso es bueno pararse y reflexionar. Y la oración o la misa, que son cosas de las que yo llevo toda la vida renegando, a veces son un buen momento para ello. Es un sitio donde se te obliga a estar callado, donde tienes que seguir un ritual y puedes dejar que tu mente vague libremente. Casi como cuando corres, solo que en este caso es algo que no haces habitualmente y puedes dejarte sorprender. Bajas la guardia.
Relajarse es una de las cosas más difíciles que existen, cuando has construido tu vida en torno a estar siempre preparado y a dar siempre el 150% de ti.


"Madre es la palaba que significa Dios en las bocas y los corazones de los niños" o algo así recuerdo que decían en "El Cuervo". El hecho de que nuestras madres nos quieran, después de todo lo que les hacemos, les hemos hecho y peor aún les vamos a hacer, es señal inequívoca de que Dios existe. O eso, o hay algo que está muy jodidamente mal con nuestras cabezas. Porque vaya tela. Y sin embargo ahí siguen, inasequibles al desaliento. Siempre fuertes, siempre cariñosas, siempre con un abrazo o un plato de tortilla o una habitación donde quedarte cuando todo lo demás se va a la mierda.
Piedad señor, señor Piedad. Cuida de nuestras madres. Deja que nosotros cuidemos de ellas. Porque no existe nada más grande que eso. Porque todo lo que hacemos o dejamos de hacer debe estar orientado a recibir el amor que nos dan y a crear más. A hacer del mundo un lugar mejor. Porque para eso venimos, o al menos eso creo yo. Y tenemos que hacer nuestra parte, aunque sea pequeñita, porque puede suponer una enorme diferencia para alguien.
A por ello. A por otro día. A hacer que merezca la pena.

domingo, 14 de octubre de 2018

A veces...



A veces pasa, que crees que estás bien y no lo estás. Que te ves contento y fuerte así que tiras para adelante. Y luego dudas. Porque de repente algo te ha hecho encogerte o una parte de ti se arrastra y tira de ti para el fondo.
Entonces no sabes que hacer. Y te das cuenta de cositas que antes no le dabas importancia. De tu hogar, ese que nunca habías tenido y que ahora de repente empezaba a crecer, como un jardincito. Como si hubieras dejado un terreno vacío, la lluvia hubiera caído y ahora estuviera creciendo algo.
No puedes seguir dejando cosas atrás. No puedes hacer como que nada te afecta y seguir dirigiéndote hacía el horizonte, porque lo que llevas contigo no se va. Eso sigue pesando en la mochila. Y a veces, una piedrecita que en circunstancias normales no te haría nada, ahora te destruye.
Hay que saber cuando parar. Y hay que reconocer los problemas y afrontarlos. Hay que saber salir de uno mismo. Y hay que entender.


Hoy he ido a misa. Hacía muchísimo que no lo hacía. He ido pensando que algo está mal conmigo... y parece como si la palabra fuera para mi. Me ha venido muy bien. Como le dije a Ira en su momento, cuando no sabes que hacer deja que la vida te guie. Te dará signos y te mostraré que es lo bueno para ti, incluso aunque tu no lo creas. Solo tienes que escucharte a ti mismo y escuchar al mundo.
A veces es difícil. Sobre todo para los que, como ella, son cabezotas y están acostumbrados a conseguir cosas solo mediante mucho, muchísimo esfuerzo. Pero a veces, hay que dejarse llevar.
A veces lo único que uno necesita, es dejarse llevar.

sábado, 13 de octubre de 2018

Cuando tu vida no depende de ti



Existen determinadas circunstancias en tu vida en que tus circunstancias condicionan tus decisiones hasta el punto de que... bueno, de que no decides. Cuando yo tenía apenas quince años mi abuelo me contó que él entró en el Ejército, pero no se quedó porque la principal obligación de un hombre es para con su familia. Esta es una conversación vieja que he tenido en diversas ocasiones.
Gracias a Dios, hasta ahora no he estado en una guerra. Siempre se ha podido racionalizar, entender, actuar. Hasta ahora he dado con gente maravillosa y extremadamente humana. Pilar, la civil que trabajaba conmigo en Madrid, estuvo casi un año yendo al trabajo a veces porque su madre tenía cáncer y era lo único que tenía en la vida.
Pilar es una grande, por cierto. Parece que no, ahí metida con sus ordenadores y sus cosas frikis, pero ahora mismo me encantaría poder hablar con ella.
En los momentos en que tu vida no depende de ti, solo puedes agarrarte agarrarte. Abrazarte a las cosas buenas, intentar ser positivo. Dar lo que puedas. Como decía Adolfo el otro día, el carácter te obliga a ser así. A dar y no recibir. Y eso está bien. Pero cuando eres así tienes que empezar a racionalizar. Porque llega un momento en que das y no te queda nada para ti.
Ayer hablaba con Aivis, el letón, que dice que a él le viene pasando así siempre. La gente acude a él para que los apoye. Porque es un tío firme, es un tío fuerte. Yo lo he sido. Dominik lo es. Por suerte, muchos de mis amigos lo son. Mi problema es que ahora no tengo ninguno de ellos cerca y estoy rodeado de gente que no me entiende, que es diferente. Pero lo superaré. De alguna forma o de otra, lo superaré y volveré a sonreír y disfrutar de la vida.
Porque ahora tengo miedo.

Bog s tovoi



Ayer por la noche me escribiste que estabas borracha y contenta y venías de vuelta a casa. Yo te dije que disfrutaras. Que mañana hablaríamos, que vivieras el momento.
Luego, reconociendo mi tristeza, te dije que te echaba de menos. Tu me contestaste "Dios te ayudará".
Bog s tovoi. No sé ni siquiera si estábamos juntos en esa época, creo que no. Fue el día internacional de la poesía y Natalia me lió para que leyera un poema. Tu me presentaste "Na samem dele" (en verdad). Un poema precioso sobre pasarme toda la vida buscándote. Como he dicho, llevo toda la vida preparándome para ti.
El poema, en cambio, no es un poema alegre. Habla de todo lo bueno compartido y acaba con una despedida. Que Dios te acompañe o que Dios sea contigo. Bog s tovoi.
No quiero perderte. No sé que sería de mi vida sin ti. Y sin embargo.... como decía Sabina, y sin embargo.
La gente piensa que estoy loco. Que quiero dejarlo todo por ti. Que me he vuelto un adolescente.
La gente no sabe nada. Tu eres la que me ha dado cuenta de lo que es importante en la vida. Tu me has abierto los ojos. A los viajes cogidos de la mano. A los atardeceres en el sofá comiendo nachos con guacamole. A verte ponerte guapa y no creérmelo. A que te rías de mi porque voy hecho un trapo.
Pero a muchas otras cosas que yo pensaba que venían solas y no. A un billar y unas cervezas con Charlie. A un futbolín medio borracho. A que Joey y yo nos curtamos el lomo jugando a muñequitos. A la tranquilidad del salón de mi casa después de comer con mi madre. A ir a la playa en bici. E incluso a las cosas que no me gustan. A salir de la cama demasiado temprano para coger el coche e irme a Rota. A ir a clase a las cuatro, apenas con un bocata en el cuerpo. A que mi madre de cincuenta mil vueltas para contarme algo que, realmente (na samem dele) no me importa una merda.


Tu me has dado todo eso. Y no lo voy a perder. Incluso aunque te pierda a ti, que ojalá que no porque aún puedo darte mucho. Aún podemos ser un equipo y podemos compartir mucho. Y la historia que empezamos durará lo que nosotros queramos que dure.
Pero si no, bog s tovoi. Y muchas gracias por todo. Eres, desde que murió mi hermano, lo mejor que me ha pasado en la vida. Y aunque da un poquito de miedo, lo reconozco y celebro.
Gracias. Gracias por tanto bueno.

Cuando se te acaba la gasolina



Durante muchísimos años he sido una figura de referencia. He sido aquel al que se acudía cuando no se sabía que hacer. He sido el hermano, el padre, el colega. He sido el ídolo. Y siempre he renegado de ese rol porque yo no quiero ser un líder. Yo soy un compañero, otro más agarrado al remo y tirando.
Me he venido abajo. Y la gente no para de señalarme con el dedo y decirme "¿ves todo lo que has conseguido? Lo vas a perder". Y no se dan cuenta de que, todo eso, lo he conseguido solo. Con mi esfuerzo. Nadie me ha regalado nada. Y todo eso vale tanto como vale mi esfuerzo, mi voluntad para conseguirlo y defenderlo. Vale tanto como mi sacrificio.
Y ahora me pregunto. ¿Cuánto he sacrificado? ¿Cuándo acaba el sacrificio? ¿Cuándo puede uno plantearse "ya basta"? Imagino que es legítimo para todo el mundo elegir bajarse. No puedo más. Necesito unos días. Necesito un descanso.
Pero no para mí. Ya ha empezado. El señalarte con el dedo, juzgarte, acusarte. Todo el mundo sabe más que tu. Todo el mundo opina. Algunos lo hacen con la mejor intención y otros por maldad. O por envidia.
Hoy recuerdo algo que me dijo d. Adolfo el otro día y que me encantó. Cada uno da lo que tiene. Yo siempre he dicho que no se puede pedir a nadie algo que no es capaz de dar. Mi jefe, que es una bellísima persona, no lo entiende. Porque no puede entenderlo.
Me dicen que madure. Y no ven que, precisamente, es lo que estoy haciendo. Madurar es entender que todos somos distintos y perdonar y aprender. Yo hablo cinco idiomas. Pero no le digo a alguien que es incapaz de hablar dos "cualquiera puede. No te estás esforzando lo suficiente". Porque además de injusto es cruel.
Pero la crueldad tiene su lugar. Funciona. Sirve para algunas cosas. Me estoy endureciendo. Y va a ser para bien. Siempre es para bien, demonios. Aunque sea para reconocer quienes son mis amigos y quienes no y quien soy yo.

viernes, 12 de octubre de 2018

Sigue nadando, nadando, nadando



Dentro del proceso de reseteo emocional en el que me encuentro, ayer mi hermana tuvo un momento estelar. Básicamente me dijo " si tu siempre nos dices que hagamos esto... ¿por qué no lo haces?".
A veces, necesita uno un espejo y una cachetada. También necesita silencio complice. Y a veces, que le digan "para, por ahí vas mal". Uno necesita amigos.
Faltan. Faltan mucho y más ahora mismo. Acabo de leer un artículo en JotDown donde dice que los amigos se hacen antes de los treinta, porque entonces se comparte aburrimiento. Que cuando uno tiene amigos para hacer esto o lo otro o amistades construidas sobre elementos comunes, no son amistades reales.
Hasta cierto punto lo comparto. Estar encerrado con alguien mucho tiempo te permite formar una cierta amistad. Debería. Porque efectivamente estáis compartiendo aburrimiento y, además, no tenéis más que apoyaros los unos en los otros.
Pero no pasa. Porque alguna gente tiene un carácter de una determinada manera y hay elección. No todos tus compañeros son tus amigos. De hecho, puede que con suerte, alguno lo sea.
Da igual. Eso no te va a arreglar ni a complicar la vida. Tienes que entender que habrá gente que quiera ayudarte y gente que no. Como decía d. Adolfo (no el de la chirigota, sino el cirujano), cada uno da lo que tiene para dar. Y con eso se trabaja.
Yo estoy agradecido a la gente buena. La que me ha ayudado y me ayuda. Y no pienso ni siquiera tener en cuenta a los que no. Porque a veces la gente no te ayuda no porque no quiera, sino porque no sabe. O porque su forma de entender el mundo no le da pie a entender tu postura.
Que ojo, que puede que yo esté equivocado. No soy perfecto ni infalible. Pero cuando me mojo, a veces puedo decir que llueve. Es lo más probable. Y no considero que sea histérico decir que, la lluvia, moja.
Una vez dejado esto claro, el bajonazo que me ha entrado esta tarde se acaba aquí y ahora. No pienso permitírmelo. Mi madre ayer me dijo algo que es una gran verdad: "tu madre no se merece eso".
Así que a por ello. Dignidad, demonios. Levanta la cabeza y que no se diga. A por otro día. A seguir.


P.D: En ruso no existe una palabra para "navegar". Se dice "plavat", que significa nadar. Aunque los marinos no dicen que los barcos navegan, sino que van "idiot". Ya, suena mal, pero es el verbo en ruso, que le vamos a hacer. Me encanta aprender idiomas.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Hola, chica



Una de las cosas que he perdido en este agujero en el que me he metido yo solo, a base de creer que podía comer hierro y que la soledad afecta a los demás, pero a mi no, es la capacidad para fascinarme y sorprenderme. Es la capacidad para percibir, no mis necesidades, sino lo que el entorno me responde. Para disfrutar de la comunicación, del espacio, del momento. La semana pasada sucedió algo un poco loco, pero lo resolvimos como solemos. De forma absurda, ridícula, divertida y practica. Que dicho así suena complicado de entender, pero yo sé lo que me digo.
Somos unos personajes. Te felicito el cumpleaños, me dices que que saludo más formal, te digo que le eches las culpas a mi secretaria, me dices que esperas que al menos folle bien, porque escribir no escribe una mierda. Y lo hacemos como si tal cosa, porque somos así. Ayer te preguntaba a cuanto se cotiza el "te quiero" en bolsa hoy. Tenemos nuestro propio lenguaje y nuestra propia forma de vivir, entre la desesperación, la angustia, el miedo, el dolor, el esfuerzo, la alegría, el entusiasmo, la pasión. Tenemos un mundo hecho entre los dos.
Y yo no puedo tocarlo. Hablo contigo como si no te conociera, porque no me conozco a mi mismo. No me encuentro en esa persona extraña que me mira desde el espejo, que sale en las fotos. Que no sonríe.
Pero de alguna forma extraña tu sigues ahí. No sé por cuanto tiempo ni como. Teníamos un plan. Pero los planes cambian, igual que las personas. Ahora tu tienes algo en tu vida importante, algo que te llena y hace feliz, algo que te hace crecer. Y a mí me encanta y te apoyo con todo. No sé cuando o si ese algo me sustituirá. Ahora mismo yo soy unos caracteres en una pantalla o, como mucho, una voz al otro lado de una línea que se corta y salta. Ayer intentaba recordar tu cara a mi lado o el tacto de tu piel y no podía. Y creo que eso es lo que más me duele y me corta.
Pasará lo que tenga que pasar. Como en su momento pasó para un lado, puede pasar para el otro. No quiero gotear desesperación. Porque realmente lo que necesito es estar bien, estar fuerte. Por mi, por ti, por mi familia, por todos. No "podrías llamarte Jesús", sino que soy lo que soy. Yo no me doblo, no me rompo, no me hundo. Yo sigo.
Y espero poder volver a verte algún día y decirte "hola, chica".

¿Y cuando se te acabe el amor, que harás?



Hoy recordaba una conversación de hace años. Eva, una amiga mía y compañera, me decía asombrada "Ale, tu amas el trabajo. No es que te guste, es que lo amas. Como el que ama a una pareja". Yo me quedé pensando, porque la verdad que era una idea que en otras ocasiones se me había asomado por la cabeza, y asentí. Era cierto. Nunca lo había dicho, pero lo era.
Entonces ella hizo, como solía y suele, una pregunta inteligente. "¿Y cuando se acabe el amor, que harás?".
Yo lo pensé un rato y me encogí de hombros. Irme, supongo. No tiene sentido funcionar en el grado de intensidad, pasión y compromiso en el que yo lo hago sin amor. Sin amor... es ridículo, absurdo, hipócrita. Es un insulto a aquellos que realmente creen.


No sé en que momento se acabó el amor. No sé si fue después de lo de mi hermano, que no supieron cubrir. No sé si precisamente lo de mi hermano dejó un montón de preguntas que no pude responder con "trabajo". Quizás dejó de ser suficiente. Y poco a poco me fui alejando. Me fui alejando en los viejos gruñones que no creían en esto, pero aún así mandaban. En los jefes que no cuidaban ni ayudaban a los suyos. En la gente a la que le daba igual, pero te pasaba por delante. En tan poco amor, tan poca gratitud. En tanta frialdad, que acabó pegándoseme a la piel y manchándome.
Cuando uno está en un sitio pequeñito, el mundo es pequeñito y tu amor sufre escasos ataques. Pero cuando sales al Gran Mundo, tienes que llevar una armadura porque hasta la lluvia te va a raspar la piel.


Este año han pasado demasiadas cosas. Ha habido demasiados cambios. Empecé el año solo en casa, yéndome a dormir prontito y corriendo temprano al día siguiente. Cuando Ronald volvió, comentamos que solo atraíamos basura humana. Él dijo que eso era demasiado pero yo le asentí. Lo era. Aún así, era una vida no demasiado mala. Luego cambió mucho. Y cambió para mejor, con una serie de cambios locos y descabellados que me pusieron la cabeza a dar vueltas.
Y de repente, se paró. Y ahora estoy en un espacio sin tiempo, en un tiempo sin espacio. Estoy en medio de la nada y tengo tiempo para pensar, demasiado. Para darme cuenta de que, igual que empezó, puede acabar. ¿Pero no es así con todo? Que hay algo planeado, pero los planes pueden cambiar. No están escritos en piedra. Dependen de la voluntad que tengan las personas de cumplirlos. Y que, aunque existan contratos, compromisos y obligaciones, todos ellos contienen clausulas que permiten romperlas ante motivos de fuerza mayor.
Yo no puedo seguir en este camino. Si lo hiciera, estaría mintiéndome a mí mismo y a toda esa gente a la que mando un correo el doce de noviembre, celebrando mi aniversario. Aún así, no consiste en inmolarse. Cuando se acaba el amor, uno no construye una pira y quema toda su vida. Uno encuentra medios de entenderse y de separarse, de forma que duela lo menos posible.


¿Puede ser que un amor haya sustituido a otro? No lo creo. Hubo historias locas antes. Hubo historias muy locas. Y este amor, tan importante para mí, es tan temporal como todo en la vida. Incluso algo más, porque no depende de una persona sola sino de dos. No. Al contrario de lo que mi madre pueda pensar, no me arruino la vida por una mujer. Me arruino la vida por años de soledad, tristeza, dolor... por la traición a unos ideales y a unos sentimientos. Por la violación de un compromiso que, d. Antonio resumió en "mientras tu des todo, nosotros cuidaremos de ti".
No han cuidado de mi. O quizás yo no les he dejado que lo hagan o no hemos sabido hacerlo.
Y por eso estoy como estoy.

Ronald

Hace muchos meses, en un lugar muy muy lejano, yo tuve una crisis de ansiedad parecida a la que tengo ahora. De no dormir por las noches, no comer, no querer hacer nada. Entonces estaba en mi casa y podía permitírmelo, no estaba obligado a ponerme un uniforme y hacer como que sonrío.
El caso es que, volviendo a aquella situación... que demonios voy a contar de que iba. Fue cuando me declaré a Ira y ella se fue para Granada con Nastya, diciendo que no sabría si volvería o no. Ese fin de semana en que no supe si volvería o no, me desesperé. No quería perder a una de las mejores amigas que había tenido nunca y a la primera persona con la que podía pasarme hablando horas y horas en muchísimo tiempo.
Y ahí estaba Ronald. Es un tío curioso. No ha aparecido demasiadas veces por aquí y reconozco que no le he hecho demasiada justicia. Es alguien que sabe lo que quiere, alguien claro, alguien seguro de si mismo. Es un oficial del ejército alemán y un tío de honor, alguien en quién se puede confiar. A veces es un poco inocente y otras demasiado egoísta, pero en general es un buen tío. Y le suele caer bien a la gente, claro, porque sabe transmitir esa bonhomía.
Como decía antes, ahí estaba Ronald. Y tras proponerme dieciocho planes, de los cuales yo no quise hacer ninguno y seguí encerrado en el cuarto jugando al ordenador, me sacó con un plato de "macarrones a la Buen Pastor" (básicamente con salchichas y tomate o pesto), una de Starship Troopers y palomitas con cerveza. Con mucha cerveza.
Vive Dios que la peli es mala. Pero es mala de una forma que resulta buena. Y la cerveza fue funcionando y, en cierto sentido, me calmé. Dejé de mirar al móvil dejé de volverme loco. Entendí que, lo que tenga que ser, será y que no depende de mí.
Aquel día, Ronald hizo por mí mucho más de lo que en otras ocasiones yo hice por él. Porque muchas veces lo único que necesitamos es alguien que esté a nuestro lado, que nos apoye y que deje que la vida siga su curso. Que lo hará. Hay muchas cosas que no dependen de nosotros pero, si actuamos con la cabeza clara, con el corazón honesto y sabiendo lo que queremos, de una forma u otra llegaremos. Quizás no a lo que queremos, pero sí a lo que necesitamos.
Gracias, Ronald. No puedo comunicarme contigo, así que te dedico esto. Gracias. Eres un amigo.

Hasta donde llega la desesperación



Ayer hablaba con la que todavía es mi novia y me decía que tenía que bajar el nivel de desesperación, que la estoy asustando.
Y bueno, a veces me asusto a mí mismo. Una de las características de "rápido, duro e inmisericorde en la consecución de los objetivos" es la parte de "inmisericorde". Si uno está realmente decidido a hacer algo, la pregunta es cuanto. Y una vez tienes el cuanto, ya la desesperación pasa a ser el medio, no el fin.
El miedo puede conquistarse. La cuestión es hacerlo con la cabeza fría, calmado, tranquilo. Entonces es cuando se hacen las cosas bien. No sirve de nada desesperarse, gritar, perder las formas. No. Eso es un error. El enfoque correcto es ver el mundo con ojo claro y actuar en consecuencia. Las emociones, si bien son un motor de acciones, no pueden ser las que nos guíen. Hay que saber lo que queremos y como lo queremos.
Hoy me hice un par de preguntas en ese sentido. ¿Estoy dispuesto a...? Todavía no. ¿Y a...? Sí. Todo dependerá de como vaya evolucionando la situación, pero a fecha de hoy me coloco una serie de cartas en la mesa.
Porque hablar está visto que no sirve de nada. Determinadas situaciones no pueden ser comprendidas, porque se carece de los elementos para ello. Ese es el problema. Que creemos que podemos acometer un problema sin entenderlo. Yo no me pongo a arreglar un motor. Busco a alguien que sepa. Pero hay gente que cree que, con su mejor intención, basta.
Y si fuera así, no existirían profesionales.
Pero esto es un pataleo y no tiene sentido. Lo guardo aquí porque el otro día estuve saltando por mensajes míos al azar y me gustó mucho. Y me gustaría pensar, dentro de un tiempo si todavía estoy por aquí y puedo leer esto, que fui alguien claro. Alguien digno de respeto.

martes, 9 de octubre de 2018

Gracias por las palabras



Cuando mi hermano murió, vino una profesora que había tenido y me contó una anécdota con él. Y me pareció tan interesante y tan bonita, que llevé un cuaderno al tanatorio y le pedí a todo el mundo que, si podía, redactara alguna anécdota que tuviera con él. De esa forma haríamos un álbum de palabras hecho de recuerdos. Y alguna gente lo hizo. Cuando veo que no puedo más, que la angustia me come, me asomo a ese álbum y lloro.
Porque hay algo enorme en la palabra escrita. Hay algo intensísimo, intimo, en la forma en que dirigimos letras y construimos con ellas una comunicación. Es una botella con una carta dentro, dedicada a algo o a alguien. Es muy grande.
Asomandome aquí descubro cosas de mí. Descubro la alegría con que este año he celebrado a mi familia, a mis amigos. Descubro lo importante de conocer, de viajar, de aprender. Descubro quién y qué soy. Y en esta sopa de letras donde puedo perderme, encantado, descubro algo fundamental.
Porqué hay que seguir creciendo aprendiendo y viviendo. Porque esto no se acaba sino que sigue creciendo, sin parar. Y va a seguir haciéndolo. Así que gracias. Muchas gracias.

En algún lugar de la mar



Mi última entrada es de Junio. No puedo leerla desde aquí así que no sé que contiene. Me encuentro en algún lugar no lejano al ecuador, muy al este, navegando. Desde primeros de julio estoy metido en esto. Reconozco que empecé recalcitrante, porque estaba involucrado en un proceso vital que para mí era (y quizás todavía es) el más grande en el que me he implicado nunca. Montar una familia.
Me explico. Para los que me conozcáis, sabréis que llevo soltero muchísimo y que la búsqueda de una compañera era uno de mis talones de Aquiles. Y de repente, voilá, apareció. Casi sin quererlo. Y por una vez yo hice todas las cosas bien. Hablé razonablemente, propuse, di espacio, tiempo y dejé que las cosas crecieran solas. Fui fluyendo y dejándome llevar, pero también supe cuando dirigir y cuando proponer. Y la otra persona respondió, maravillosamente. Durante semanas vivimos una luna de miel entre locuras y el futuro parecía esperanzador y glorioso.
Pero me salió esto. Una vez más, el trabajo se metió en medio de mi vida. Y no supe o no quise o pensé en las oportunidades... así que aquí estoy. Navegando otra vez. Desde Julio.
En principio éramos optimistas. Creemos en nosotros y podremos hacerlo. Y poco a poco se fueron acumulando los días. Videollamadas y llamadas en algún puerto. Whatsapps. Al principio la ansiedad era enorme por su parte y, poco a poco, la balanza se ha ido alterando hasta que ahora está cargando muy fuerte en la mía.
No puedo controlarlo. Estoy navegando solo. No tengo amigos aquí, ni planes, ni futuro. Simplemente un día sucede al otro. Trabajo, entreno, como, duermo. Y mientras tanto la otra persona sigue con su vida. Ha encontrado un trabajo. Y puedo que pronto encuentre a otra persona. ¿Quién sabe? Yo a fecha de hoy soy solo unas letras en una pantalla.
Y vive Dios que, si hay alguien que merezca mi confianza, es ella. Pero todos somos humanos.
No es la primera vez que me pasa. Pero intento que sea la última. Ya he vivido demasiadas veces como, mi necesidad de irme, deja a otra persona detrás y a una historia inconclusa. Que no sea por mi parte. Voy a hacer todo lo que pueda por arreglarlo.
Porque esto me está matando. No duermo, no como. Me tiemblan las manos. Y todo lo que tengo es la frustración de estar aquí encerrado, otras dos semanas y contando. Miras el calendario, que parecía que iba tan rápido y no. Sigue ahí. Clavado. Y llamas a casa y casi te echas a llorar cuando te dicen que se han encontrado a un amigo por la calle.
Ya no te acuerdas de lo que es eso. Son tres meses. Tres meses de siempre las mismas paredes, la misma gente, los mismos ruidos. Y las últimas semanas han sido las peores porque ha cambiado gente pero tu sigues. Y sabes que, lo que te queda por delante, es casi lo mismo que llevas por detrás.
Pero está en ti. Tu vas a encontrar algo bueno en todo. Ya volver al blog es el primer paso. Leer pensar escribir. Voy a bucear y reencontrarme. Y cuando pueda, encontraré la alegría de vivir que se me escapa día a día. Tiene que merecer la pena. Aunque sea por volver a casa.

La capacidad de crear



Buenos días. Hace muchísimo que no me pasaba por aquí, probablemente influenciado por la luna de miel en la que viví desde abril hasta julio. Y encantado de la vida.
No creí que esto funcionara y me alegra encontrarme con esta sorpresa. Una vez hecho el proemio o introducción, paso a hablar del tema del título.
Decía Nietzsche que lo que define al hombre es su capacidad para manipular su entorno. Para cambiar cosas, crear espacios, diseñar. Para ello tiene que usar sus manos y su cabeza y la relación entre estas cosas es lo que le da una idea de su propia valía.
Estoy en un momento y en un lugar en el que nada está a mi alcance. Mis manos llevan atadas varios meses. Y esto me está afectando, gravísimamente. He perdido autoestima y perspectiva, he perdido empatía. Me he perdido a mi mismo. Vuelvo a este espacio, este blog, donde durante semanas y meses y años he ido creando un personaje, una historia, unas reflexiones. Vuelvo aquí porque este blog, sobre todo, tiene una función terapéutica. Es mi cofre del tesoro de mi cabeza, de mi vida, de mis experiencias. Y vuelvo para encontrar quién soy, para hacer un back-up de mí mismo.
Porque tenemos que crear. Cuando todo se hunde a pedazos a nuestro alrededor y no sabemos quien somos... hay que coger papel y lápiz, o una guitarra, o una piedra. Algo. Hay que proyectar nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestra intensidad. Somos algo más que una serie de acciones o un personaje sobre un papel. Somos elementos transformadores del entorno y al hacerlo, nos reivindicamos. Yo no seré yo si no consigo escribir, leer, sentir, pensar. La vida tiene que ser algo más que trabajar entrenar comer dormir. Tiene y debe y será algo más, porque nosotros lo vamos a hacer.
Este es mi impulso que me trae aquí. Y con esta introducción, empiezo.