domingo, 14 de octubre de 2018
A veces...
A veces pasa, que crees que estás bien y no lo estás. Que te ves contento y fuerte así que tiras para adelante. Y luego dudas. Porque de repente algo te ha hecho encogerte o una parte de ti se arrastra y tira de ti para el fondo.
Entonces no sabes que hacer. Y te das cuenta de cositas que antes no le dabas importancia. De tu hogar, ese que nunca habías tenido y que ahora de repente empezaba a crecer, como un jardincito. Como si hubieras dejado un terreno vacío, la lluvia hubiera caído y ahora estuviera creciendo algo.
No puedes seguir dejando cosas atrás. No puedes hacer como que nada te afecta y seguir dirigiéndote hacía el horizonte, porque lo que llevas contigo no se va. Eso sigue pesando en la mochila. Y a veces, una piedrecita que en circunstancias normales no te haría nada, ahora te destruye.
Hay que saber cuando parar. Y hay que reconocer los problemas y afrontarlos. Hay que saber salir de uno mismo. Y hay que entender.
Hoy he ido a misa. Hacía muchísimo que no lo hacía. He ido pensando que algo está mal conmigo... y parece como si la palabra fuera para mi. Me ha venido muy bien. Como le dije a Ira en su momento, cuando no sabes que hacer deja que la vida te guie. Te dará signos y te mostraré que es lo bueno para ti, incluso aunque tu no lo creas. Solo tienes que escucharte a ti mismo y escuchar al mundo.
A veces es difícil. Sobre todo para los que, como ella, son cabezotas y están acostumbrados a conseguir cosas solo mediante mucho, muchísimo esfuerzo. Pero a veces, hay que dejarse llevar.
A veces lo único que uno necesita, es dejarse llevar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario