martes, 9 de octubre de 2018
En algún lugar de la mar
Mi última entrada es de Junio. No puedo leerla desde aquí así que no sé que contiene. Me encuentro en algún lugar no lejano al ecuador, muy al este, navegando. Desde primeros de julio estoy metido en esto. Reconozco que empecé recalcitrante, porque estaba involucrado en un proceso vital que para mí era (y quizás todavía es) el más grande en el que me he implicado nunca. Montar una familia.
Me explico. Para los que me conozcáis, sabréis que llevo soltero muchísimo y que la búsqueda de una compañera era uno de mis talones de Aquiles. Y de repente, voilá, apareció. Casi sin quererlo. Y por una vez yo hice todas las cosas bien. Hablé razonablemente, propuse, di espacio, tiempo y dejé que las cosas crecieran solas. Fui fluyendo y dejándome llevar, pero también supe cuando dirigir y cuando proponer. Y la otra persona respondió, maravillosamente. Durante semanas vivimos una luna de miel entre locuras y el futuro parecía esperanzador y glorioso.
Pero me salió esto. Una vez más, el trabajo se metió en medio de mi vida. Y no supe o no quise o pensé en las oportunidades... así que aquí estoy. Navegando otra vez. Desde Julio.
En principio éramos optimistas. Creemos en nosotros y podremos hacerlo. Y poco a poco se fueron acumulando los días. Videollamadas y llamadas en algún puerto. Whatsapps. Al principio la ansiedad era enorme por su parte y, poco a poco, la balanza se ha ido alterando hasta que ahora está cargando muy fuerte en la mía.
No puedo controlarlo. Estoy navegando solo. No tengo amigos aquí, ni planes, ni futuro. Simplemente un día sucede al otro. Trabajo, entreno, como, duermo. Y mientras tanto la otra persona sigue con su vida. Ha encontrado un trabajo. Y puedo que pronto encuentre a otra persona. ¿Quién sabe? Yo a fecha de hoy soy solo unas letras en una pantalla.
Y vive Dios que, si hay alguien que merezca mi confianza, es ella. Pero todos somos humanos.
No es la primera vez que me pasa. Pero intento que sea la última. Ya he vivido demasiadas veces como, mi necesidad de irme, deja a otra persona detrás y a una historia inconclusa. Que no sea por mi parte. Voy a hacer todo lo que pueda por arreglarlo.
Porque esto me está matando. No duermo, no como. Me tiemblan las manos. Y todo lo que tengo es la frustración de estar aquí encerrado, otras dos semanas y contando. Miras el calendario, que parecía que iba tan rápido y no. Sigue ahí. Clavado. Y llamas a casa y casi te echas a llorar cuando te dicen que se han encontrado a un amigo por la calle.
Ya no te acuerdas de lo que es eso. Son tres meses. Tres meses de siempre las mismas paredes, la misma gente, los mismos ruidos. Y las últimas semanas han sido las peores porque ha cambiado gente pero tu sigues. Y sabes que, lo que te queda por delante, es casi lo mismo que llevas por detrás.
Pero está en ti. Tu vas a encontrar algo bueno en todo. Ya volver al blog es el primer paso. Leer pensar escribir. Voy a bucear y reencontrarme. Y cuando pueda, encontraré la alegría de vivir que se me escapa día a día. Tiene que merecer la pena. Aunque sea por volver a casa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario