sábado, 13 de octubre de 2018

Cuando tu vida no depende de ti



Existen determinadas circunstancias en tu vida en que tus circunstancias condicionan tus decisiones hasta el punto de que... bueno, de que no decides. Cuando yo tenía apenas quince años mi abuelo me contó que él entró en el Ejército, pero no se quedó porque la principal obligación de un hombre es para con su familia. Esta es una conversación vieja que he tenido en diversas ocasiones.
Gracias a Dios, hasta ahora no he estado en una guerra. Siempre se ha podido racionalizar, entender, actuar. Hasta ahora he dado con gente maravillosa y extremadamente humana. Pilar, la civil que trabajaba conmigo en Madrid, estuvo casi un año yendo al trabajo a veces porque su madre tenía cáncer y era lo único que tenía en la vida.
Pilar es una grande, por cierto. Parece que no, ahí metida con sus ordenadores y sus cosas frikis, pero ahora mismo me encantaría poder hablar con ella.
En los momentos en que tu vida no depende de ti, solo puedes agarrarte agarrarte. Abrazarte a las cosas buenas, intentar ser positivo. Dar lo que puedas. Como decía Adolfo el otro día, el carácter te obliga a ser así. A dar y no recibir. Y eso está bien. Pero cuando eres así tienes que empezar a racionalizar. Porque llega un momento en que das y no te queda nada para ti.
Ayer hablaba con Aivis, el letón, que dice que a él le viene pasando así siempre. La gente acude a él para que los apoye. Porque es un tío firme, es un tío fuerte. Yo lo he sido. Dominik lo es. Por suerte, muchos de mis amigos lo son. Mi problema es que ahora no tengo ninguno de ellos cerca y estoy rodeado de gente que no me entiende, que es diferente. Pero lo superaré. De alguna forma o de otra, lo superaré y volveré a sonreír y disfrutar de la vida.
Porque ahora tengo miedo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario