martes, 9 de octubre de 2018
Gracias por las palabras
Cuando mi hermano murió, vino una profesora que había tenido y me contó una anécdota con él. Y me pareció tan interesante y tan bonita, que llevé un cuaderno al tanatorio y le pedí a todo el mundo que, si podía, redactara alguna anécdota que tuviera con él. De esa forma haríamos un álbum de palabras hecho de recuerdos. Y alguna gente lo hizo. Cuando veo que no puedo más, que la angustia me come, me asomo a ese álbum y lloro.
Porque hay algo enorme en la palabra escrita. Hay algo intensísimo, intimo, en la forma en que dirigimos letras y construimos con ellas una comunicación. Es una botella con una carta dentro, dedicada a algo o a alguien. Es muy grande.
Asomandome aquí descubro cosas de mí. Descubro la alegría con que este año he celebrado a mi familia, a mis amigos. Descubro lo importante de conocer, de viajar, de aprender. Descubro quién y qué soy. Y en esta sopa de letras donde puedo perderme, encantado, descubro algo fundamental.
Porqué hay que seguir creciendo aprendiendo y viviendo. Porque esto no se acaba sino que sigue creciendo, sin parar. Y va a seguir haciéndolo. Así que gracias. Muchas gracias.
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