miércoles, 10 de octubre de 2018
Hola, chica
Una de las cosas que he perdido en este agujero en el que me he metido yo solo, a base de creer que podía comer hierro y que la soledad afecta a los demás, pero a mi no, es la capacidad para fascinarme y sorprenderme. Es la capacidad para percibir, no mis necesidades, sino lo que el entorno me responde. Para disfrutar de la comunicación, del espacio, del momento. La semana pasada sucedió algo un poco loco, pero lo resolvimos como solemos. De forma absurda, ridícula, divertida y practica. Que dicho así suena complicado de entender, pero yo sé lo que me digo.
Somos unos personajes. Te felicito el cumpleaños, me dices que que saludo más formal, te digo que le eches las culpas a mi secretaria, me dices que esperas que al menos folle bien, porque escribir no escribe una mierda. Y lo hacemos como si tal cosa, porque somos así. Ayer te preguntaba a cuanto se cotiza el "te quiero" en bolsa hoy. Tenemos nuestro propio lenguaje y nuestra propia forma de vivir, entre la desesperación, la angustia, el miedo, el dolor, el esfuerzo, la alegría, el entusiasmo, la pasión. Tenemos un mundo hecho entre los dos.
Y yo no puedo tocarlo. Hablo contigo como si no te conociera, porque no me conozco a mi mismo. No me encuentro en esa persona extraña que me mira desde el espejo, que sale en las fotos. Que no sonríe.
Pero de alguna forma extraña tu sigues ahí. No sé por cuanto tiempo ni como. Teníamos un plan. Pero los planes cambian, igual que las personas. Ahora tu tienes algo en tu vida importante, algo que te llena y hace feliz, algo que te hace crecer. Y a mí me encanta y te apoyo con todo. No sé cuando o si ese algo me sustituirá. Ahora mismo yo soy unos caracteres en una pantalla o, como mucho, una voz al otro lado de una línea que se corta y salta. Ayer intentaba recordar tu cara a mi lado o el tacto de tu piel y no podía. Y creo que eso es lo que más me duele y me corta.
Pasará lo que tenga que pasar. Como en su momento pasó para un lado, puede pasar para el otro. No quiero gotear desesperación. Porque realmente lo que necesito es estar bien, estar fuerte. Por mi, por ti, por mi familia, por todos. No "podrías llamarte Jesús", sino que soy lo que soy. Yo no me doblo, no me rompo, no me hundo. Yo sigo.
Y espero poder volver a verte algún día y decirte "hola, chica".
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