miércoles, 17 de octubre de 2018

Otkuda salas pechal?



Es el estribillo de una canción de "Kino" que se llama precisamente Pechal (pena). Kino son un grupo ruso que es el equivalente creo yo a Mecano de la Unión Soviética. En una época en que todo era raro y nadie sabía de que íbamos, esa gente sacaron unas canciones que se sabe todo el mundo. Ya he comentado alguna vez como flipé cuando, en Ucrania este verano, unos chavales de instituto borrachos con una guitarra  estaban cantando una canción de ellos. Un grupo que se disolvió en el noventa y algo, más o menos como si me encuentro a pibes de instituto en Cádiz cantando algo de Heroes del Silencio.
A lo que iba. El estribillo se pregunta "¿de donde sale esta tristeza?" y es una buena pregunta. Todos tenemos historias. Todos tenemos fantasmas. Y a veces vamos a visitarlos o a veces nos visitan ellos. Eso es bueno. Hay que mantener vivo los referentes, saber de donde venimos para entender a donde vamos y, quizás, incluso porqué.
Pero hay que dejar que los fantasmas descansen. Hay que entender que lo que hicimos o hicieron está hecho y queda ahí. No hay que removerlo. Es importante cuidarse, por ellos y por nosotros. Para hacer una historia digna, para mantenernos en el camino. La tristeza tiene que mantenerse a raya.
Eso sí, sin dejar asuntos pendientes. Porque esa pechal, esa tristeza, seguramente venga de algo que enterramos y aún estaba vivo. Algo que quisimos decir y no dijimos, algo que sentimos y nos hemos comido. Algo que se quedó debajo de la alfombra y ha crecido hasta ser un monstruo que nos come.
No puede ser. No es justo. Así que quizás haya que desempolvar las alfombras, revisar las historias y corregir lo que haya que corregir. Entonces, ya contestada la pregunta, podremos seguir adelante. Más ligeros de espíritu y de corazón, pero con la misma fuerza y ganas de hacer las cosas bien. Porque merece la pena. Tiene que merecer la pena.

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