jueves, 19 de diciembre de 2013

La elegancia es una actitud


A veces, me siento un poco como esos aristocratas caidos en desgracia de hace un par de siglos. Gente que podía presumir de linaje, de educación, de formalidad. Rodeados de gente que había medrado en el comercio o recibido una herencia y que, obviamente, tenía más dinero pero mucha menos clase. A mi alrededor, casi a diario, veo a gente que compra ropa más cara que yo, que lleva coches mejores que el mío... y que son incapaces de dirigirse a una persona mayor con el respeto que merece, que no dominan su tono de voz, que no entienden el tempo ni el ritmo ni las formas. Gente para la que la elegancia es una marca o una etiqueta.
No es culpa suya. Vivimos en una epoca donde creemos que todo se compra. El ejemplo que pongo siempre, y aquí vuelvo, es el de los tenis. Te compras unos tenis de doscientos euros y te preguntas porqué no corren solos. Porque correr, queridos amigos, es un proceso. Como todo. El trato humano es un proceso, complejo, que implica empatia, afinidad cultural, paciencia y deriva en respeto. La elegancia, como tal, no es una pose que uno adopta para sacarse una foto, como decían en "Algunos hombres buenos": el honor no es un galón que te cosas al uniforme.
Y claro, eso sucede con muchas otras cosas. Tengo una compañera que es especial. En cambio, no es "esa persona que está siempre en mi mente", como decía el otro día lady. No creo que haya ninguna persona así. Conversando con mi alte schwester el otro día salió el tema del amor. Y le dije que claro que estoy enamorado. ¿De quién? Me gustaría saberlo. Yo creo que no estoy enamorado de una persona, sino de la potencialidad del amor mismo. Estoy abierto a sugerencias. ¿Receptivo? Cada día me vuelvo más femenino. Que horror. Pero lo que me atrae de esa persona sobre todo es su actitud. La naturalidad con la que encara la vida, que se complementa tan bien con mi tendencia al absurdo y, a la vez, mi paradojico sentido del humor y del tempo. Somos piezas con cantidad de huecos y de ranuras y, en algunos momentos y lados encajamos con alguien y en otros no. Esta muchacha sigue luchando con su propia grandeza. Creo que es posible lo que dice, que su personaje supere a su persona y en el fondo sea una histerica. Pero lo dudo. Toda mascara, por perfecta que sea, tiene huecos por los que se cuela la luz y te enseña lo que hay debajo. Y lo que hay debajo, para todos menos para ella, encaja.
Volviendo a mi alte schwester y a la elegancia, recuerdo que precisamente eso fue lo primero que me llamó la atención de ella cuando la conocí. La facilidad con la que llevaba el silencio. Si os fijais, la mayoria de la gente se siente incomoda cuando no hay ruido a su alrededor y mete la pata trabando conversaciones absurdas solo por evitar el terrible, ominoso, insistente silencio.
No caigais en ese error. No vale para nada. Sed vosotros mismos, incluso cuando no seais nada. Y con esto, me retiro

Ale

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