lunes, 16 de diciembre de 2013

Sobre exigencias utopicas y mala conciencia


Hola buenas noches. Esta mañana estaba leyendo en una pagina una noticia y seguí con los comentarios, algo que me gusta mucho (a veces encuentra uno ahí cosas que no salen en ningun titular). La noticia trataba sobre una polemica entre empresas sobre los derechos de explotación de un producto, y uno de los comentarios decía "a X empresa de lo unico de lo que se le puede acusar es de haber querido obtener beneficios, algo extrañisimo en una empresa".
Dejando de lado el sarcasmo, el comentario me dejó reflexionando. Claro. Es eso. Recuerdo el año pasado cuando la final de la Copa de Europa, Bayern Munich contra Borusia Dortmund, preguntaban que opinaba la afición de que su delantero titular que debía jugar la final, tuviera ya contrato firmado para el año que viene con el otro equipo. Y el entrenador del Borusia dijo que todos consideraban normal que un trabajador fuera a otra empresa donde le pagaban más. Porque al final es eso. Un trabajo. Por el que te pagan.
Es curioso lo de los españoles. Queremos politicos integros, cuando la mayoria de nosotros somos unos ladrones. Queremos deportistas comprometidos, cuando nos burlamos del que pierde una ventaja por ser leal (a una persona o a un principio). Insultamos al que hace algo ilegal conduciendo, pero luego somos los primeros que, no solo lo hacemos, sino que cuando nos multan nos enfadamos.
Somos sorprendentemente incoscientes.
¿Y qué pasa con eso? Pues que quizás sea una de las claves de mi desalineación social. No me entiendo con la gente. Y la gente no se entiende conmigo. Hay veces que eso me molesta mucho. Que la realidad atraviesa la burbuja en la que vivo y me pega un bocado. Zas. Entonces me doy cuenta de que la burbuja no puede protegerme de todo y que no puedo vivir en mi mundo de escritura, lectura, peliculas, reflexión, filosofia. Mezclado con deber, claro. Dosis de realidad en toda la cara, para no despegarme del todo y volverme loco.
Pero hoy estoy bien. Ayer tuve la suerte de compartir estocadas verbales con una persona muy especial, una de esas... no, no hay una de esas. No hay nadie como ella. Claro que eso es bueno y malo, no os creais que es un piropo. Es de esas personas que da igual como hagas la burbuja y como intentes defenderte, va a encontrar una forma de rasgar y entrar. Y luego va a dejarlo todo hecho un desastre, antes de irse y seguir con su musica. Recuerdo que, con la adolescente, tuve una amistad/relación/algo en lo que estabamos espalda contra espalda mirando el mar. Esto es otra cosa. Esto es revolcarse peleandose como niños, para luego quedarse mirando el infinito y compartir un silencio, y luego salir corriendo sobre la arena. No sé ni lo que es pero... ¿qué más da? Uno da gracias por las cosas buenas y sigue adelante.
Por eso no tengo mala conciencia. Por eso me olvido de las consecuencias. Por eso me levanto por la mañana, con mi espalda mejorcita, saludo al sol, miro por la ventana, paseo con mi chaquetón y sonrio a los desconocidos. Aunque aquí no lo hace nadie y todos me miran como si fuera raro pero... ¿sabéis una cosa? Soy raro. No necesito emborracharme para decir lo que pienso. No le pido a nadie algo que yo no estoy dispuesto a hacer. Y no me engaño a mi mismo, más de lo que sé que debo hacerlo para tomarme esa medicina que sabe feisima, pero me hará ponerme bien.

Un saludo. Portaros mal y seguid mirando las estrellas. Que cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo. ¿Cuantos de vosotros mirais el dedo? Esa es una buena pregunta para hoy, en este domingo de lunes.

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