lunes, 9 de diciembre de 2013
La paradoja del espejo
Si alguna vez os habéis fijado, al veros reflejado en un espejo las direcciones se oponen, de forma que cuanto más te acercas, tu reflejo más se aleja.
No, es mentira. Ese es un tipo de espejo muy raro. Pero ese ejemplo escenifica perfectamente mi sensación en estos momentos de mi vida. Durante años siempre he considerado más importante la vida y las decisiones de determinadas personas que las mías propias. He cuidado de mi hermano sin importarme lo que yo quería o deseaba, desechando totalmente esas impresiones. Luego ingresé en las fuerzas armadas y asumí que la misión era lo más importante. Y ahora me pregunto, ¿cuando hay tiempo para mi?
He decidido promocionar para ampliar mi capacidad de decisión. Curiosamente, para hacerlo he renunciado totalmente a ella. ¿Cuando se acaba la infancia? ¿En que momento empezamos a ser dueños de nuestros actos y de sus consecuencias?
Estoy más allá del cansancio. Hay una palabra en inglés que se usa para referirse a eso: weary. Desgastado. He perdido pelo y lo seguiré perdiendo. No recuerdo la ultima vez que dormí a pierna suelta, sin preocuparme del mañana. Vivo con miedo... ¿con miedo a qué? ¿A que me arresten? ¿A suspender?
Vivo con miedo a la no justificación. Vivo con miedo al vacio, a la soledad. A mi mismo y a la vida adulta. Y a medida que voy siendo consciente de ello, voy superandolo. Voy poniendome de pie y mirandome a la cara. Voy asumiendo que la soledad no es el problema, que la escuela no es el problema. Que el problema soy yo. Y en vez de alejarme, a medida que me acerco al espejo voy viendo detalles que antes ignoraba y concentrando mi visión en esos puntos. Y a medida que lo hago y que me doy cuenta de que sigo adelante no por ansia del futuro, sino por miedo a que los sacrificios pasados hayan sido en vano, más absurdo me siento. Y a la vez, más paz encuentro en la aceptación de que esta vida por la que estoy pasando, por llamarlo de alguna manera, es apenas un espacio en blanco entre otros periodos de mi vida. A veces sucede. Quizás aceptandolo, encontrando esa paz interior, se acabe el sufrimiento. Al menos eso espero.
P.D: Impresionante pelicula "Vencedores o vencidos". A veces una rafaga de aire es todo lo que necesitamos para ser felices.
P.D 2: Esto no es sindrome post-vacacional, aunque se le parece mucho. No recuerdo haberme sentido tan intimidad, triste y deprimido por el trabajo nunca.
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