domingo, 29 de diciembre de 2013
Arrivederci Cádiz
En cuatro meses volveré a asomar la cabeza por aquí. Cuatro meses que pasarán largos y monotonos, esforzandome por no volverme loco, por no sufrir, dado que disfrutar está fuera del menú. Esta semana ha sido interesante. Ha tenido muy buenos momentos y ha confirmado determinadas teorias. Lamentablemente, algunas malas noticias se han colado y el hecho contrastado es que somos más viejos, tenemos menos paciencia y estamos, no cansados, desgastados.
¿Qué nos espera ahora? Lo desconocido. Me gusta. En 2013 creo no haber tomado más de media docena de decisiones conscientes, asumiendo las consecuencias del exito o el fracaso. Todo ha sido dejarse llevar, complacer, continuar. ¿Por qué no? Un día tras otro. ¿Qué quieres? No lo sé. Y así he ido rebotando, bola de pinball que cae, hasta llegar al momento presente. Termino el año decidiendo. Y lo hago desde una posición debil, sin suelo firme bajo mis pies. ¿Y qué tiene eso de malo? Casi toda la vida pasa sin suelo firme. El orden, la estabilidad, la monotonia... son ilusiones que se lleva la primera racha de viento. Hay que creer. Hay que soñar. Hay que luchar.
Ahora mismo lo unico que quiero es volver a mi madriguera. Encerrarme entre mis juguetes, mis sueños, mis drogas. Pero elegí vivir, porque la vida tiene que ser algo más que dejar que pasen los días, y al menos por unos días voy a arriesgarme. Voy a arriesgarme a caminar, a aprender, a sentir, a soñar. A ser decepcionado, como lo he sido en estas vacaciones, pero también a ser gratamente sorprendido por el cariño, el respeto y la atención. Ya os contaré. Ahora tengo miedo, como se tiene antes de empezar, pero eso es bueno. Hay que vivir una historia que merezca la pena ser contada, aunque solo sea para justificar que estamos vivos.
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