domingo, 5 de enero de 2014
En el crepusculo de la ciudad
Hace poco que se han apagado las luces. Debería cambiar esa estupida bombilla. El movil parpadea rojo, cri cri, maldito grillo chivato. Y como aceite, las sombras se estiran por las claras paredes de mi casa, la guarida del hobbit ario.
Otro año pasó. Otro año que no pasó de verdad, porque es mentira. Más de trescientas entradas en este blog, casi una diaria. Tantas palabras para decir tan poco, que curioso. O quizás es la impresión que tengo. Como cuando vas en un tren a toda velocidad y ves el paisaje pasar, pero tu tienes la impresión de que estás quieto. Inercia. Fenomenos extraños.
Estos días en Sofia han sido muy importantes para mi. Me he dado cuenta de cosas sobre mi mismo y sobre mi entorno. He aprendido, he reflexionado, he reciclado. Mi medio ambiente personal. Y ahora, con la resaca del tiempo pasado, con el olor a tabaco, a alcohol, a sonrisas, a conversaciones profundas y a hogar aun pegado a la ropa que acabo de sacar de la lavadora -no hay problema, se vuelve a meter-, empiezo el suave deslizar por el filo del cuchillo que es el crepusculo mordoriano. Al otro lado de la colina se conoce el pozo, la oscuridad, los días que se arrastran imposibles, la arena del reloj atascada. Pero las notas que he tomado en mi viaje, así como las fotos y los recuerdos me acompañarán. Poco a poco irán salpicando esto, a medida que vuelva a encajar en el sillón, a reconocer mi sombra en las paredes, el eco de mis pasos. El hogar está hecho de rutinas, de secuencias, de espacios y de tiempos. Ayer fue una noche de bienvenida, como en su momento lo fue la de despedida. Porque nunca sabes cuando puede ser tu ultimo "hasta pronto", mejor hacer que cada uno que des sea especial. Gracías. Ya estoy otra vez en Mordor.
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