lunes, 6 de enero de 2014

Visita a Sofia II


Hace una semana o dos Boris, el dueño del Art Hostel de Sofia, me escribió por facebook. "Ale, podrías hacerme un favor? Necesitaría que pusieras una critica en TripAdvisor sobre nosotros". Resulta que una chica había puesto una critica negativa. La chica era española y se quejaba de que a las seis de la mañana tardaron en abrirle la puerta, que el desayuno "todo lo que quieras" consistía en pan-con-algo, cereales, té y café, que el edificio era viejo, no antiguo y no sé que más.
Bueno, ya lo sé. Entre los colegas invocados por Boris para poner una critica positiva, una chica americana lo clavó. Dijo que cualquiera que vaya buscando las comodidades de una tipica casa norteamericana en el centro de Sofia se equivoca. Que el hostal es un hogar, con su familia de empleados, su posición centrica, sus paisajes. Casi cada pared del hostal es un mural, el trato entre la gente es de un correcto que resulta casi abrumador, el espacio es... estrecho sin ser incomodo. En esa mi primera noche en Sofia tras año y medio compartí habitación con cuatro desconocidos, a pesar de haber pagado por una habitación de diez, me metieron en la de cinco. Al día siguiente al desayuno había atractivas mujeres adormiladas y no tan resacosas como yo sirviendose café. Desayuné y salí a buscar comida -el día anterior no había cenado- y a gastar esas viejas piedras tan conocidas y queridas por mi del centro de Sofia.

Pero aún no había despertado del todo. No me atrevía a aventurarme demasiado lejos, tenía frío y sueño. Al cabo de un rato volví al hostal, me senté con un libro y dejé que pasaran las horas. Rali iba a venir más tarde, se supone que para subir a la montaña o pasear o algo. Me eché una medio siesta y cuando me desperté Rali estaba allí. Le tocaba trabajar unas horas. Era el día 31 de diciembre y yo estaba sentado en el sofá, leyendo, mientras mi unica colega en Sofia trabajaba a dos habitaciones de mi. Intentaba leer, pero la habitación cuadrada, con sofás en cada pared y una mesa en el centro, era demasiado inspiradora. La gente a mi alrededor hablaba y me hacía participe de sus conversaciones. Perdona amigo, ¿de donde eres? Entonces caí en la cuenta que un sofá es una invitación a la compañia. El sofá es un tributo a la humanidad. Me gusta.

Al cabo de un rato Boris pasó por allí a preguntar como estaba. Me di cuenta, por la forma en que la gente lo saluda y lo trata, que Boris comparte con Rabanal el liderazgo por carisma. Son personas muy seguras de si mismas, muy dadas a inspirar, pero a la vez muy distantes precisamente por ese liderazgo. Yo en cambio me considero más un poder detrás del trono. Tengo carisma y cuando lo desenvaino funciona pero... hace demasiado que decidí que el precio del liderazgo era demasiado caro para mi. Mejor mantenerme en un perfil bajo, pero está bien poder ponerte a la altura de personas así y ver que no tienen nada que tu no.

Allí sentado, pasando paginas virtuales del ebook -bendito invento-, escuché más y más musica. Dejé que penetrara mis huesos, mi carne, mi alma. Entonces recordé que la primera vez que llegué al Art Hostel había dentro de mi un hambre que yo no conocía. Como dijera Raya "estás buscando algo que yo no puedo darte". Era algo que nadie podía darme. Yo entonces quería a mi hermano, quería algo que me tapara la herida. En el Hostel descubrí que eso que quería iba a quererlo siempre, y que mi destino era tener hambre. Sentado con el ebook descubrí que tengo hambre de musica y de vida, y que nunca voy a tener suficiente. Que sentir más, vivir más, viajar más, aprender más, conocer más, compartir más, descubrir más es lo que me hace. Es lo que soy. En ese momento agradecí a Rali por recordarme esa verdad fundamental, elemental, inevitable de mi mismo. Y ahí sentado di gracias por el té, por la amistad, por la musica y por el virus del hogar. Por estos malditos balcanicos, hospitalarios hasta el punto de la obsesión, rudos - todo el mundo fuma allí, demonios -, alcoholicos -Ale, si no piensas beber... ¿para que has venido a Sofia?- y acogedores que me obligaron a disfrutar de la noche de fin de año desde la primera cerveza, allá por las seis de la tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario