martes, 28 de enero de 2014
En la rueda
Esta mañana me he levantado, como casi todos los martes de un tiempo a esta parte, mal. Tengo frío, tengo sueño, tengo hambre. Y sobre todo, no tengo ilusión. No hay nada que me motive. Los lunes no están mal porque me engaño a mi mismo, me digo "esta semana será diferente". Es mentira, claro, lo sé, pero uno puede autosugestionarse hasta determinado punto.
Los martes son implacables. Y el miercoles es el punto álgido de la semana: a partir de ahí caemos en caida libre hacia el viernes. Aunque esta semana no, porque el sabado pringo. Ya es mi tercera semana seguida de pringaso en fin de semana y empieza a pasar factura. Estoy muy cansado.
Pero no es solo el cansancio fisico de lesiones y fatiga. Es el cansancio emocional. De no poder permitirme estar malo. De obligarme a sonreir. De estar bien para mi y para los demás. Ya no sé ni lo que quiero, porque no puedo permitirme querer nada. ¿Una chica? ¿Un viaje? ¿Un concierto? ¿Algo?
No lo sé. Porque dado que no tengo tiempo ni espacio para plantearme lo que quiero, no lo hago. Lo pospongo. Ya tendré tiempo. Y me siento como si fuera un hamster en una rueda, corriendo para no caerme. Sé que si me caigo, la rueda seguirá girando y me arrastrará en su movimiento, pero entonces me dolerá más. En cambio, mientras corro y mis musculos se sienten agarrotados, mi mente se insensibiliza y dejo de percibir el mundo. Ya no sé que hay a mi alrededor. Mi mundo empieza a ser la rueda, porque lo que hay más allá de mi puede distraerme y hacer que caiga. Y al final termino viviendo por y para la rueda, incapaz de sentir, incapaz de ser.
A la vez, en momentos de ocio, extiendo la mano emocionalmente y toco gente. Casi siempre que toco encuentro dolor y soledad, así que respondo con empatia. Intento tapar heridas que tiene gente que conozco, porque así me siento justificado. Sirvo para algo, más allá de correr en la rueda, si hago que los demás se sientan un poco mejor. Pero, ¿quién cierra mis heridas? Es en ese momento de egoismo, de tristeza, de rabia, cuando me vuelvo hacia mi interior y enseño los dientes. Pero, ¿de qué me quejo? Si ni yo mismo sé lo que quiero, si solo existo a rafagas... ¿como puedo esperar de los demás que lo entiendan y me apoyen? Al final damos lo que recibimos y ahí tenemos mi segunda imagen de hoy. No es solo una rueda, también hay una red. Una red de personas positivas, fuertes, inteligentes, en la cual un botón negro puede echar a perder muchas cosas y contaminar toda la pesca del día. Así que intentemos aportar algo positivo a la red y canalicemos lo malo de nosotros en otras direcciones. Seamos el tipo de persona con la que nos gustaría estar en contacto, porque si no, la rueda nos comerá.
Un saludo
Ale
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario