lunes, 6 de enero de 2014
Visita a Sofia V
Y acabó y volví al mundo real. A Madrid, donde no hay educación, donde no hay empatia, donde se corre. A Ferrol, donde hace frio y es oscuro, y la gente emplea codigos que yo no entiendo. Y aún me quema en las manos la cerveza a la que me invitó Nikolai sin conocerme de nada, en ese mundo, los Balcanes, donde la hospitalidad es una religión que consiste en no permitir a nadie hundirse solo, porque afuera hace mucho frio y uno nunca sabe cuando puede hacer falta. Pero todo es más facil viniendo de turista, estando unos días, asomandose. Ya he ido las suficientes veces como para saber que la soledad de allí corta aún más que la de aquí y por eso la gente vive con miedo.
Y con fé. Rali me contó aquella vez en la que lloró y pidió a Dios por favor que la ayudara y Dios lo hizo. Y que eso le daba un poco de miedo. A mi no. Como la hija de Diego, lo que le sucedió a Rali refuerza mi fé en la vida. Y me hace falta fé.
Soy como un perro que persigue su propia cola, buscando algo que debería saber que está ahí. El último día en Sofia, deambulando, encontré paisajes de ensueño e inspiración como para varias vidas. Y sin embargo... como cantaba Sabina, y sin embargo. Me voy por los tejados, como un gato sin dueño. Porque llega un momento en que esa ciudad es... otra ciudad. Esa iglesia es... otra iglesia. Y esa chica es... otra chica. Pero los amigos, el hogar, la musica. Lo que de verdad te da sentido, está ahí. Siempre puedes volver. No importa cuan lejos te vayas, si vuelves la vista atrás y miras dentro de ti lo encuentras. Y al encontrarlo, te encuentras a ti mismo, porque cuando amas una parte de tu corazón deja de ser tuya y pasa a ser de esa persona, ese lugar, ese momento. Porque, como le decía a Rali, no es lo que haces, es lo que eres. Y lo que eres está compuesto de muchas cosas, pero algunas son más importantes que otras.
Hay que tener fé. Hay que creer. Hay que amar y equivocarse. Como me dijo Rali, hay que dar una oportunidad a la vida. Y eso es lo que voy a intentar hacer. Seguramente saldrá mal, pero entonces no hay más que tomarse un tiempo... y volver a intentarlo.
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