lunes, 6 de enero de 2014
Visita a sofia I
Hola buenas. He decidido reunir todas las notas que vengo tomando estos días, que han parecido semanas, de forma que sea más o menos digerible para mi. Os empiezo contando que el viaje arrancó mal. Estaba muy deprimido, mucho. Las semanas aquí habían sido eternas y ya no sentía nada. En Cádiz esperaba abrir los ojos y llegué emocionado. La luz, el aire... pero al final nada. Más de lo mismo. Y cuando subí al avión ya no esperaba gran cosa. Solo dejar de tener frío por dentro.
Lo primero que pensé al llegar fue lo siguiente.
-Cincuenta carreteras. Cada una apuntando en una dirección distinta y todos creyendo que su camino es el unico. Pero todas están hechas con asfalto.
Era inevitable. Durante las ultimas semanas había escuchado tantas soluciones sobre como arreglar mi vida, tantas ideas maravillosas, tanto... tanto ruido. Como si cada uno de nosotros hubieramos surgido de una vaina especial y diferente, que no tuviera conexión alguna con las demás. Que tontería. Bajo esa cortina de ruido ya no era yo mismo, ya no sabía que escuchar. Había tantas voces sonando que no podía escuchar mi voz. Y como casi siempre que salgo al extranjero o que quiero escuchar un secreto compartido conmigo mismo, hablé en alemán. Y la siguiente nota fue esta.
-Hablar alemán es como tocar un instrumento musical. Me sale solo. El hogar es donde descansa nuestro corazón. Donde queremos y somos queridos. Pero yo no quiero. Ya no puedo querer más. Demasiados fallos. Demasiados... errores.
Estaba atascado. Encasquillado. Estaba a gusto en Cádiz, no digo que no. También lo estoy en mi casa en Ferrol. Pero... ¿qué es el bienestar? ¿Es lo mismo el confort que la felicidad? Esa era la pregunta fundamental a la que debía responder, si quería volver a encontrarme a mi mismo. Tal y como llegué al hostel y dejé las cosas supe que estuve en casa. Rali me abrazó como no lo había hecho nunca y me dejó cortado. Boris me dijo que bienvenido al hogar. Dejé las cosas en la habitación y bajé al sotano a tomar una cerveza. Intenté hablar con Rali pero no podía. ¿Qué le iba a contar? ¿Qué estaba triste, que no veía luz al final del tunel, que mis esperanzas se habían convertido en nada? Lo unico que atiné a decirle fue que mi mundo cada vez era más pequeño y que eso me agobiaba. Y sentado, dejandome acunar por la cerveza y la musica, escribí esto.
-Llenamos de palabras nuestros silencios. Hasta que nos damos cuenta de que esas palabras no contienen nada. Y el hueco entre palabras cada vez nos asusta más.
Pero eso no podía durar. Poco a poco, el nudo de palabras, sentimientos, frustraciones, expectativas, inquietudes. Miedos, presiones, soledad, tristeza, anhelos, euforias... todo, se fue disolviendo en el calor de la compañia, la tranquilidad, la musica, el ambiente. Salí del circulo. Ya no consistía en acción y reacción, esfuerzo y recompensa, frustración y satisfacción. Había algo más. Algo que no pedía nada ni esperaba nada, algo que simplemente... era. Ese secreto del equilibrio del Sr Francis, ese truco de manos que llevo haciendo años. Y en esa primera noche, cuando la cantante amiga de Boris y yo cantamos "María de la O" -os podéis imaginar como estaba de borracho-, Rali seguía poniendo musica y el tiempo se comprimía en el tapón de la botella a punto de saltar y hacer "pop", yo salí del mundo y volví a ser yo mismo.
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