domingo, 8 de septiembre de 2013

Estaba pensando...


¿A cuanta gente conozco que cogería un avión solo por el placer de tomarse un café y charlar conmigo? O en mi caso un té. Y la verdad, la lista es decepcionantemente corta. Cierto es que yo cuando cojo un avión lo de tomar el té es solo una de las ventajas (también entro a valorar el atractivo del destino, mi curiosidad, otros posibles lugares de interes proximos, el entorno cultural... ), pero aún así he "saltado" tantas veces por el mundo con una dirección apuntada en el bolsillo que me sorprendo al pensar en la poca gente que lo hace en sentido inverso. Alguien me dijo no hace mucho que yo valoro excesivamente la amistad, lo cual me resulta curioso. ¿Como se puede valorar excesivamente la amistad? Si cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, yo no estoy haciendo más que invertir en felicidad. Yo, que me encuentro sobrado de un recurso - no sé como llamarlo, ¿amistalidad? -, invierto para recuperarlo en un futuro. A veces esas inversiones salen mal y pierdo, otras veces salen bien y gano muchisimo. Pero solo jugar ya merece la pena, porque te mantiene conectado con "musculos" emocionales tuyos que, si no los ejercieras así, no existirían. He probado mucho de la copa de la soledad y del "autismo emocional" el invierno pasado y volveré a hacerlo. Sé que puedo resistirlo y sé que tiene sus ventajas, como todo. Pero sigo pensando que, la sana relación entre seres humanos, es algo que enriquece y amplia. Así pues, ¿por qué no aspirar a ello? ¿Por qué conformarse con esa gente que tienes al lado de tu casa pero no te aporta gran cosa, en lugar de ir al encuentro de esa persona que sí lo hace? Supongo que solo es otra de mis rarezas... pero a mi me parece de una normalidad tan absoluta.

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