domingo, 8 de septiembre de 2013

Adapta... qué ?


Llevo unos cuantos días planteandome la disociación de mi entorno. Esto es, camino entre gente, escucho sus conversaciones pero siento que no tiene absolutamente nada que ver conmigo. Soy tan extranjero en Ferrol como lo he sido en Estambul, en Bruselas o en Sao Paulo. ¿Y por qué? Por una cuestión de acento, de carácter, de sentido del humor. Y ya no me parece mal. He llegado a ese punto del "pues me enfado y no respiro", en el cual uno está aburrido de que le quieran conducir a un camino que no quiere tomar, y decide pararse y dejar de avanzar. Sigo con mi vida.
Esta mañana he experimentado algo que me ha recordado a ello. Y la verdad, es un tema que me gustaría comentar con algún extranjero que lleve años viviendo en España. Cuando una persona se encuentra en un entorno nuevo, tiene que adaptar su lenguaje y su forma de pensar a dicho entorno. Esto no consiste en renegar del lenguaje propio, sino hacer un esfuerzo de interpretación y traducción. Por ejemplo, yo cuando hablo en inglés no empleo las mismas estructuras mentales ni gramaticales que en español. Es por eso que traducir chistes es algo tan difícil que solo funciona cuando entre las dos personas hay una confianza fruto de años, de forma que, aunque el lenguaje como herramienta no funcione, la empatia y la complicidad cubran ese hueco.
Bien. Pero, ¿Y si eso no funciona? Por poner un ejemplo, me he dado cuenta de que mi naturaleza "ofende" a determinadas personas. Es un fenomeno que me devuelve a la más tierna infancia, cuando era un niño que leía y tenía inquietudes, que quería discutir con sus compañeros pero ellos solo querían jugar al fútbol y pelearse por cromos. Como dijera Radmila, el ser humano no madura, aprende a comportarse en sociedad. En mi caso, eso significa que estoy aprendiendo a callarme mis inquietudes, a sentarme en una silla al fondo y a no hacerle caso a nadie. Pero el ser humano necesita socializar, necesita conversar, necesita compartir.
Así pues, ¿como solucionarlo? Ya hace tiempo llegué a la conclusión de que me era imposible adaptarme. Que para entender el lenguaje y la forma de vida de esta gente tendría que renunciar a MI lenguaje y a MI forma de vida, porque para que exista una verdadera adaptación debe hacerse un esfuerzo de tolerancia por ambas partes. Debe asumirse que existe un punto intermedio entre el "yo tengo razón/tu tienes razón" y es el "ambos tenemos razón". Pero no tiene sentido predicar en el desierto. Es por eso que siento admiración por personajes como Gandhi o Erasmo, gente que tenía tal fuerza interior, tal... venga, voy a decirlo, "conexión con Dios", que les permitía aislarse del ruido del ambiente, donde todo era ansia de sangre y guerra, y pedir calma y reflexión. Ojalá pudiera llegar, no ya a ese nivel de conexión, sino a uno en el que yo mismo me aisle del entorno.

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