miércoles, 18 de septiembre de 2013

Blow the light


Esta está siendo una semana particularmente intensa. Una semana de crepusculo, en la que el dorado sol de las vacaciones va diluyendose en una niebla espesa, sopa de guisantes, que envuelve el mundo y de la que saldremos grises, apergaminados, cansados, zombis que solo aspiran al próximo fin de semana, a las próximas vacaciones, al próximo respiro.

En ese instante me miro. Y observo el cambio, surfeo la transición, y me doy cuenta de que el periodo de sombra entre que el sol se empieza a despedir y la oscuridad nos envuelve es un momento magico. Y miro a la izquierda y mi pasado se proyecta hasta el inicio de los tiempos, y miro a la derecha y unas viejas sombras, personas a las que amo tanto que no existe palabra para nombrarlas, me sonríen desde el polvo del otro lado. El cuervo grazna, burlón, y sé que la oscuridad no será eterna, porque nada lo es en este sistema en continuo movimiento y a la vez parado.
Y así me siento. Como en la definición fisica de momento, que es un tiempo concreto dentro de una sucesión lineal del mismo. ¿Lineal? ¿Y por qué ha de ser así? Todo existe en un momento y en una molecula existe todo el tiempo del mundo. Pero si nuestros sentidos pudieran llegar tan lejos... que aburrido sería todo.

He recibido dos ordenes. La primera, de un compañero que me ha pedido que escriba sobre gente que no leyó comics de niños. Ya me negué en primera instancia, porque le dije que ya no me sorprendo de nada. En cierto sentido me veo más allá de la realidad, como si mi cuerpo fisico estuviera anclado en una rutina ritual de la que no participo. Yo estoy en presencia, pero no en esencia. Cuando me proyecto, cuando actuo, cuando desciendo de ese limbo extraño en el que paso la mayor parte del tiempo siento mi energia fluir, mi personalidad, mi rabia manifestarse. Una rabia que no es sana ni natural porque... ¿Qué sentimos con eso? Si haciendo daño consiguieramos construir algo, yo sería el primer partidario de ello. Pero no funciona. Ya hace un par de años me sorprendí ante esa actitud. Sentía que algo no estaba bien, pero no era capaz de ponerle nombre. He crecido mucho, he viajado muy lejos y muy profundo, y ahora puedo decirlo. What comes around goes around y ningun amor surge del miedo, como ningun placer verdadero surge del dolor. O no entendemos el placer, o no entendemos el dolor, pero hay algo ahí que se me escapa.

Hablé de dos ordenes. La segunda es de una persona que ha aparecido en mi vida como un simbolo de exclamación, en un momento en el que fluyen preguntas. No hablaré tanto de esa persona, a la que apenas conozco, como de esa impresión de... hacer explotar la luz. De devorar la oscuridad, de plantearse la existencia, de saborear conceptos. Este verano he empezado a salir con una chica. He lamido una sonrisa, he devorado el calor, he dormido abrazado. Y en cambio, al igual que con el dolor, he descubierto que algo no está bien. Necesito lamer ideas. Necesito devorar sensaciones. Necesito soñar, no dormir, y que cada día proyecte nuevas preguntas y a esas preguntas sucedan otras preguntas. Y de repente, una foto proyecta sombras y luces, proyecta fuerza y pasión, proyecta ansia de vivir. Y el cielo no es el limite y, de repente, la comunicación fluye con tanta naturalidad como una avalancha y tienes que refrenarte. Tienes que decirte que no seas idiota, que una foto es un instante y que el tiempo fluye y todo es continuo y... ¿y no es la vida un instante? ¿Y no contiene cada momento toda la materia del universo? Si alguien te hace sentir bien, agradecelo. Cada uno da lo que recibe y, de repente, ese equilibrio en el que te mueves necesita que extiendas la mano hacia otra persona y le felicites por darte algo muy especial. Por hacerte sentir que puedes hacer explotar el sol con una sonrisa, solo por unas horas. Ya mañana vendrá el despertador a bañarte de gris. Pero hasta ese momento, derrama un arco iris de posibilidades en tu consciencia. Y cuando sonrias recordandolo, deja que los demás se pregunten de qué te ríes. 

Y ahora una ultima pregunta. ¿Se puede vivir con tanta poesia o es imposible vivir sin ella? Que cada uno intente responder a esto. Yo, por mi parte, ya me di cuenta hace un año que mi misma naturaleza implica pasiones irreconciliables e impulsos destructivos. Por supuesto, convenientemente envueltos en una lamina de plomo que me proteja/proteja al mundo de mi. Y todo el que quiera pertenecer a mi mundo, que sepa que de vez en cuando va a ser rociado por esta locura. ¿Y qué importa? Tempus fugit, amigos, y ninguno de nosotros viene para quedarse. Pero mientras estemos aquí, vamos a intentar suponer una diferencia. Y a disfrutarlo. Porque ya que tienes que hacerlo, al menos hazlo a gusto.

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