domingo, 15 de septiembre de 2013

Una pequeña reflexión sobre el egoismo y la generosidad


Ayer me pasó algo bastante inquietante, chungo. Y tuve un momento de reflexión sobre la maldad humana y lo que impulsa a un ser humano a tomar determinadas decisiones y actitudes. Crimen y castigo es una novela que tengo pendiente leerme, porque lo cierto es que hace mucho que no me encuentro con eso que llaman "el lado oscuro". Puedo asumir el mal intelectualmente sin problema, pero emocionalmente me cuesta más por aquello de empatizar. Yo vivo en otra realidad. Seguramente por suerte, he tenido la oportunidad de desarrollarme moralmente más allá de la lucha por la supervivencia y he podido plantearme mis decisiones, dandome el lujo de actuar de acuerdo a lo que considero que está bien. Que, si bien considero que todo varía en función del contexto sociocultural, sí creo en el concepto de un bien universal, humano, que puede entenderse en aquel credo católico de "quiere a Dios sobre todas las cosas y trata al prójimo como a ti mismo".
Yo no soy un santo. No regalo mi dinero a los pobres y vivo en una tienda de campaña. Pero si doy limosna según mi estado de animo, colaboro con alguna ong... considero que tenemos, todos nosotros privilegiados que podemos, echar un cable a aquellos que no pueden. No creo en el concepto de limosna como acto que me eleva por encima de esa otra persona, sino en un "hoy por ti, mañana por mi". Tampoco literalmente, sino como una cuestión de karma. Ahí entro en lo de "quiere a Dios sobre todas las cosas". Hay que tener fé en el ser humano. Hay que tener fé en nuestra capacidad para querernos, para ayudarnos, para sostenernos.
No creo que sea generoso. Prefiero creer que soy justo. Que, en la medida de mis posibilidades, hago lo que puedo por hacer del mundo un lugar mejor. Y a la vez soy profundamente egoista, porque existe en mi un temor supersticioso al contraataque del mundo si yo no pongo de mi parte. Existe un equilibrio entre ambas fuerzas, entre tu ausencia de empatia y tu instinto de "qué es correcto". Y todo lo que sea salirse de ese equilibrio, tanto en una dirección como en otra, es malo. Si te pasas de generoso, empezarás a "exigirle" al mundo una compensación y el mundo te frustrará, porque no estás actuando de corazón sino por interes. Y si te pasas de egoista, el mundo se encargará de recordarte que somos polvo y al polvo volvemos, y que todos tus triunfos egoistas se convertirán en cenizas en tu boca cuando tu padre se ponga enfermo, tu hermano te retire la palabra o te veas solo y sin un abrazo.
Hay que tener fé. Y hay que intentar ser una buena persona, aunque eso a veces nos convierta en idiotas. Pero lo contrario solo nos hunde más y más, y esas espirales nunca acaban bien.

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