Desde la cuesta Moyano hasta Sao Paulo.
Hoy he leido un artículo sobre niños a los que llevan a pasear a la cuesta Moyano. He pasado media docena de veces por allí sin saber que, precisamente, esa era la cuesta de la que tantas veces había leido. Y cuando paso intento no mirar, porque siempre me llevo algo. Aún así la última vez que fui, con Eli, me encontré un libro que había leido alguna vez en casa de Paquito cuando era un niño. La guia para la vida de Bart Simpson. Y me lo llevé, para leerlo camino de Brasil y disfrutarlo en el avión.
No lo hice, claro. Estaba liadisimo con videojuegos :-P Lo que sí hice fue llevarmelo y Carol, que está estudiando español, se enamoró de él. Ahora el libro es suyo. Es curioso esa historia. Como un libro que estaba en una estanteria en Madrid, abandonado, recorrió ocho mil kilometros para terminar siendo leido con placer y cariño por una persona que ni sabía que existía.
Son interesantes las historias de los libros. No solo el libro como transmisor de conocimientos y experiencia, sino como criatura en si misma. Libros alegres y libros tristes, libros afortunados y libros desgraciados. Vida en papel.
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