martes, 28 de enero de 2014
En la rueda
Esta mañana me he levantado, como casi todos los martes de un tiempo a esta parte, mal. Tengo frío, tengo sueño, tengo hambre. Y sobre todo, no tengo ilusión. No hay nada que me motive. Los lunes no están mal porque me engaño a mi mismo, me digo "esta semana será diferente". Es mentira, claro, lo sé, pero uno puede autosugestionarse hasta determinado punto.
Los martes son implacables. Y el miercoles es el punto álgido de la semana: a partir de ahí caemos en caida libre hacia el viernes. Aunque esta semana no, porque el sabado pringo. Ya es mi tercera semana seguida de pringaso en fin de semana y empieza a pasar factura. Estoy muy cansado.
Pero no es solo el cansancio fisico de lesiones y fatiga. Es el cansancio emocional. De no poder permitirme estar malo. De obligarme a sonreir. De estar bien para mi y para los demás. Ya no sé ni lo que quiero, porque no puedo permitirme querer nada. ¿Una chica? ¿Un viaje? ¿Un concierto? ¿Algo?
No lo sé. Porque dado que no tengo tiempo ni espacio para plantearme lo que quiero, no lo hago. Lo pospongo. Ya tendré tiempo. Y me siento como si fuera un hamster en una rueda, corriendo para no caerme. Sé que si me caigo, la rueda seguirá girando y me arrastrará en su movimiento, pero entonces me dolerá más. En cambio, mientras corro y mis musculos se sienten agarrotados, mi mente se insensibiliza y dejo de percibir el mundo. Ya no sé que hay a mi alrededor. Mi mundo empieza a ser la rueda, porque lo que hay más allá de mi puede distraerme y hacer que caiga. Y al final termino viviendo por y para la rueda, incapaz de sentir, incapaz de ser.
A la vez, en momentos de ocio, extiendo la mano emocionalmente y toco gente. Casi siempre que toco encuentro dolor y soledad, así que respondo con empatia. Intento tapar heridas que tiene gente que conozco, porque así me siento justificado. Sirvo para algo, más allá de correr en la rueda, si hago que los demás se sientan un poco mejor. Pero, ¿quién cierra mis heridas? Es en ese momento de egoismo, de tristeza, de rabia, cuando me vuelvo hacia mi interior y enseño los dientes. Pero, ¿de qué me quejo? Si ni yo mismo sé lo que quiero, si solo existo a rafagas... ¿como puedo esperar de los demás que lo entiendan y me apoyen? Al final damos lo que recibimos y ahí tenemos mi segunda imagen de hoy. No es solo una rueda, también hay una red. Una red de personas positivas, fuertes, inteligentes, en la cual un botón negro puede echar a perder muchas cosas y contaminar toda la pesca del día. Así que intentemos aportar algo positivo a la red y canalicemos lo malo de nosotros en otras direcciones. Seamos el tipo de persona con la que nos gustaría estar en contacto, porque si no, la rueda nos comerá.
Un saludo
Ale
miércoles, 22 de enero de 2014
A proposito de la disciplina y de poner la otra mejilla
Es un loable sentimiento cristiano el enunciado por Jesucristo en la Biblia, el de que si te ofenden pongas la otra mejilla. Gandhi ofrece una versión actualizada del mito, diciendo que debes combatir la agresividad con calma. Eso es cierto. Y funciona, vaya si funciona. Hace falta una cabeza fría para tomar decisiones calientes.
Pero también es cierto que, manteniendo la cabeza fría y sin ser nada agresivo, uno debe hacerse respetar. Que está muy bien querer a todo el mundo y poner de tu parte, pero que existe un momento en el que se debe decir basta.
La disciplina consiste en aceptar lo que no te gusta sin mover una ceja. Resulta impresionante vista desde fuera y con razón, porque es un sacrificio del individuo en función de la colectividad. Al igual que el cristianismo, parte de la base de que existe un bien superior a lo que "yo" quiero ahora. En ocasiones, disciplina consiste en poner la otra mejilla. Consiste en saber que algo está mal y soportarlo, llevarlo a cabo y defenderlo como propio.
La disciplina tiene sus normas. Existen libros y codigos que especifican que es falta de disciplina y que es una actitud loable. Pero todo codigo son palabras, y más allá de las palabras está el espíritu. El espirítu de la disciplina es que debe servir al bien del colectivo. Un exceso de "poner la otra mejilla" nos vuelve sumisos. Necesitamos agresividad para dar ese puntito más, para ser lo que somos. Y sobre todo para respetarnos a nosotros mismos.
Así pues, volviendo a la pregunta de ayer, la disciplina es buena cuando te enseña a guardar las garras. Pero no es buena en el momento en que te las quita.
martes, 21 de enero de 2014
¿Un café?
Ayer lo comentaba con una colega. Yo me relaciono de forma muy extraña con la gente. O yo hablo otro idioma. Ayer le dije a esta chica que yo soy una persona simple en mi complejidad. Es decir, que como no pierdo el tiempo intentando que la vida se ajuste a lo que yo creo que debería ser, sino que procuro aceptarla sin complejos, resulta que soy "raro". Y debo serlo, porque veo que todo el mundo va en una dirección y yo en otra. Por eso cuando hay momentos, como el viernes, en que encuentro alguien con quien comunicarme de verdad me sorprendo y lo disfruto enormemente.
Pues hoy ha habido otro de esos momentos en que yo no me entiendo con el mundo. Me sorprende llegar a un sitio al que hace más de medio año que no voy y que la gente me conozca y me agrada. Y en cambio, si planteo ir a tomar un café fuera del horario la gente se tira de los pelos. La terrible barrera que separa las relaciones profesionales de las personales, que aquí en Galicia por regla general suele limitarse a "los de toda la vida", y no entra nadie así le peguen con fuego.
Bueno, ya me queda menos para irme de aquí :-) Esta mañana me decían que lo voy a echar de menos. No se engañen, caballeros. Los gallegos lo echarán de menos. Yo les aseguro que no.
Otra cosa sobre la que quería comentar. Hoy han sucedido cosas en clase. Cosas desagradables. Y yo no le he dado importancia ninguna y he seguido en mi burbuja de tranquilidad. Pero algo ha rasgado esa burbuja y me ha dejado dudando. ¿Hasta que punto es valido recular en tu burbuja? ¿Hasta que punto puedes permitirte que el mundo te deje de afectar?
Bueno, he recordado el poema falsamente atribuido a Bertolt Brecht. El punto en el que uno debe dejar de recular es cuando está viendo que, de seguir por ese camino, se quedará encerrado. Entonces hay que poner los pies en el suelo y decir "ni hablar". Así que mañana voy a caminar a ponerle soluciones, al menos para tranquilizar mi conciencia y mi espiritu. Porque hay circunstancias buenas y malas en la vida y uno tiene que aceptarlo. Si llueve, te mojas. Pero si te tiran agua con una manguera y no haces nada, entonces deberías de hacertelo mirar. Y yo voy a hacer precisamente eso.
lunes, 20 de enero de 2014
Coleccionando fracasos
Hace un rato estaba tirado en el sofá, releyendo "Generación X" y disfrutando de la suave y dulce narrativa de Douglas Coupland, cuando me he encontrado de cara con mi carnet de la escuela de idiomas de Ferrol. No deja de ser curioso como no doy una. El año pasado me matriculé en esa escuela para renovar mis conocimientos de alemán, obtener una certificación y, sobre todo, conocer gente.
No era mala idea. Compartir aficiones es una forma muy facil de conocer gente, y el idioma alemán es una parte importante de mi personalidad. Además, al ser un idioma minoritario (antes de que la crisis nos obligara a todos a amar Alemania, allí no iba nadie que no estudiara turismo o diera el perfil de friki del idioma. Bueno, también iban ingenieros. Pero creo que esos entran en la segunda categoria ) la mayoria de gente que se encontrara allí iba realmente porque quería. Al principio no fue mal. Hice la prueba de nivel y me clasificaron en el cuarto curso. El grupo era bueno y la gente controlaba, yo me tuve que poner las pilas. Ya bastante cargado iba de tareas y esfuerzos en la escuela como para sumar algo más, pero le puse voluntad porque, en principio, me iba a ayudar a desconectar.
No funcionó, claro. En cuanto a lo de conocer gente, pues Ferrol no es una ciudad amigable. Me costó descubrirlo. Cuando el estrés, el cansancio, el frío y la desmotivación empezó a hacer presa en mi decidí dejarlo. La profesora me animó a seguir. Yo estaba predispuesto y aprendía pero, sobre todo, participaba mucho en la clase. La principal barrera de la gente para afrontar un nuevo idioma es la timidez, y ese no es precisamente un problema que me aflija a mi. Además, me encanta el sonido del alemán y, como apuntó Sabino, me encanta interpretar. Cuando hablas otro idioma diseñas un poco tu nueva personalidad. Es como si el idioma, al ser tan extraño a tu experiencia diaria, supusiera un filtro entre tu "yo profundo" y lo que estás mostrando, permitiendote siempre la excusa de "uy, yo no quería decir eso".
Aún así no hubo como. En enero pedí la baja y no volví. No lo lamento. Pero al encontrarme hoy la tarjeta, me ha venido una sonrisa medio triste a la cara. El grupo con el que quedar a jugar a muñequitos. El curso de alemán. De esgrima me quedo con Román y con Migue, y un poco por detrás con Dani y con Efren. Eso es lo que he sacado de casi dos años viviendo en Ferrol. Soledad y frio.
Demonios. Parezco Sabina. No lo lamento ni me da pena. Así he aprendido que se está bien solo, que pintar muñequitos tiene su aquel y que puedo vivir a impulsos, aunque a veces me deprima y me cueste la vida. Pero esa maldita tarjeta, escondida debajo de mi novela favorita, me ha guiñado un ojo traidora. Es curioso como aún mantengo amistad con gente que conocí en la escuela de idiomas en Cádiz, hace quince años, y en cambio aquí no puedo conocer a nadie. Pero Dios no quiere que yo tenga nada que me ate aquí, y yo no puedo sino agradecerle el detalle. Aunque, como siempre, tengo que aprender mediante mis errores. Y así, coleccionando fracasos, voy llenando mi mochila de recuerdos que tirar en el primer acantilado que encuentre, para no mirar atrás.
domingo, 19 de enero de 2014
La vida no espera
Decía Rali, y no le falta razón, que mi actitud ante la vida supone demasiado estres. Estoy siempre un poco a la defensiva, mentalizado para la más probable, preparado para la más peligrosa. Cuando me siento mal no me gusta salpicar a la gente. Y a veces, salpicar es lo más humano que podemos hacer. No podemos evitar ser nosotros mismos, o no deberiamos. Porque cuando estamos bien y nos reimos y compartimos y demás... entonces nos damos cuenta de que esa persona a la que estabamos mirando por el rabillo del ojo, analizando, resulta ser una persona real. Con su propia situación, distinta de la nuestra. A veces ellos van para arriba cuando nosotros vamos para abajo o viceversa, pero eso no es motivo para evitar el contacto. Como me acaba de demostrar hoy My little pony, maldito personaje donde los haya.
Un homenaje a Kai Hansen
Hola buenos días. Estaba limpiando y, como la mayoria de uds, cuando limpio me pongo musica. Pero al contrario de cuando pinto muñequitos, que conecto un disco duro externo con ochenta gigas de musica y va saliendo de ahí lo que ni imaginaba que tenía, cuando limpio pongo musica del movil. Mi movil está lleno de fotos de sitios raros, muñequitos, muchachas de buen ver y un poco de musica, acumulada en momentos animicos un tanto extraños y entusiastas. Así que, dependiendo de como me sienta esta mañana, puedo elegir entre traumas adolescentes 1, traumas adolescentes 2 y, anda mira, este grupo tiene buena pinta. Ah no, es traumas adolescentes 3.
Total, que esta mañana recurrí a Unisonic, grupo que hacía meses que no escuchaba, pero que siempre me miraba acechante desde el movil. Y sí, claro. Unisonic es traumas adolescentes X.
Os cuento. Yo era un joven e inocente muchacho de unos doce o trece años, raro de cojones, que escuchaba los cuarenta principales (sí, con minusculas. Yo me entiendo). En esa epoca sonaba el ballbreaker de ac/dc, inquietante tema y disco para iniciarse en el heavy, pero los caminos del señor son inescrutables. Estamos hablando del año 95. Por entonces no había internet y la gente se compraba discos que leía en la heavy rock, en la kerrang o en la metal hammer, o escuchaba por la radio en el programa del Pirata (que ya no me acuerdo ni de como se llamaba). Yo me pegaba un mes ahorrando para poder comprarme un cd, de los que estaban en oferta. Cuando me fui a Vigo de vacaciones, como mi madre estaba generosa, me dio una pasta extra que yo invertí integramente en musica. Me compré un recopilata de helloween y un disco de Blind Guardian que resultó ser un disco de versiones de los 70 que no entendiamos para nada. En aquella epoca me hice colega de Araujo, creo que estamos hablando del verano del 96. Fuimos a su casa con los cds, porque en casa de mi abuelo en Vigo no había minicadena ni se la esperaba, y entre miradas de reojo a su impresionantemente guapa hermana en camiseta y lecturas del libreto, fuimos intentando pillar algo de lo que iba eso de Helloween. Entiendannos, yo tenía catorce años y Manu quince. En esa epoca queriamos historias epicas, buenos buenisimos, malos malisimos y, sobre todo, tetas. Algunas cosas no han cambiado mucho.
Entonces yo no lo entendí demasiado. ¿De qué iba eso de Helloween? Mi ingles no era gran cosa, pero ya me daba para ver que Future World, Dr Stein... no era el tipico heavy de siempre. No habia que luchar contra la marginación, no había que ser especial. No existía epica en ese sentido (como lo había en otras canciones del disco), sino simplemente un "mira tío, la vida es absurda, así que riete". Me picó la curiosidad y me documenté un poco sobre el grupo. Poco tiempo después descubrí que Kai Hansen, uno de los miembros fundadores, se había ido y había montado su propio grupo. Gamma Ray, conocido por Vicen y otra gente como "Gamma Gay". ¿Por qué? Porque, al igual que en esas canciones de Helloween que dije antes, el Sr Hansen escribe sobre tonterías, hace canciones alegres y yuppie hey y sale siempre sonriendo en las fotos. Algo curioso en un entorno, el heavy, lleno de posturas, determinismo, citas de Schopenhauer y, en general, lleno de putos depresivos escandinavos.
Claro que Kai Hansen no es el primer heavy "alegre". Pero en mi vida sí. En una epoca, la adolescencia, en que uno intenta definirse y busca referentes, Kai Hansen fue uno de los míos. Un tío que, con sus colegas de Hamburgo, diseñó otra forma de entender el heavy. Un tío que se reía de si mismo y de todo, que colaboraba con cualquiera y que, a pesar de no tener necesidad de ello, seguía embarcado en y pico mil proyectos musicales porque le gustaba.
Recuerdo la unica vez que lo ví en concierto. Venía con Iron Saviour, un proyecto montado con un amigo suyo, y al día siguiente tocaba con Gamma Ray. Yo había quedado con unos amigos del canal de chat del irc #gammaray (ya habia internet) y estuve allí con Qirex viendolo y flipando. El tío saltaba, bailaba, se reía... se lo estaba pasando mejor él que nosotros. Recuerdo que aquello me impresionó. No era un tío haciendo su trabajo, era un tío DISFRUTANDO de su trabajo. Algo que para la mayoría de nosotros es impensable, dado que currar es un sacrificio y a nadie le pagan por divertirse y etc etc...
Yo escribo. Y leo. Leo mucho más que escribo, por lo que tengo un criterio claro de lo que me gusta y lo que no. Cuando escribo, intento hacer algo que me gustaría leer. Eso vi aquella noche en Kai Hansen. Que si quieres darle algo "real" al mundo, tiene que ser algo en lo que creas. Y que si crees en ello, lo disfrutas. Es curioso cuanto se puede aprender simplemente observando y analizando.
Esta mañana me puse Unisonic. Es un proyecto de Kai Hansen con su colega Michael Kiske. La biografia de Kiske da para otro post, pero ya me estoy pasando. Concretamente hay dos canciones que me han hecho sonreír. "Never too late", con ese estribillo en el cual una voz le dice "eh, que hay un millón de cosas que hacer ahí afuera. " (traducido como VIVE, no te vengas abajo) y "never change me", con otro estribillo diciendo "obtendrás lo mejor de mi, pero nunca me vas a cambiar", diciendo que seas autentico, que creas en ti mismo. Demonios. Es bueno recordar porqué el heavy es parte de mi vida. Y dedicarle un momento y una sonrisa a Kai Hansen, que me ha dado tantas veces una palmadita en la espalda y me ha dicho "adelante", sin haberme conocido de nada nunca. Gracías, maldito enano alemán. Gracías.
sábado, 18 de enero de 2014
Gracías por asomarme al mundo real
Que es justo y exactamente lo que hice ayer :-) Salir de la rueda y ver otras cosas, escuchar otras historias, asomarme a otras posibilidades. Descubrir como hay gente que se plantea desafios en su vida más allá del "metro-trabajo-dormir", que pasa por cosas dificiles y sigue adelante. Me gusta compartirlo más allá de las fachadas, de forma que soy realmente yo, porque las circunstancias me obligan a salir de mi "espacio de confort". Y en cuanto pase la ola volveré a hundirme en la rutina, pero durante unas horas (y unas cervezas) me he salido de mi espacio y he visto otra cosa, otra realidad, que curiosamente es la mía, en contraste con la realidad en la que vivo, que es la de los demás. Y por eso estoy agradecido. A veces, en vez de viajar tu a algun sitio, el sitio viaja a ti. Y eso mola mucho :-)
jueves, 16 de enero de 2014
Like a freak on a leash
Tengo la maldita costumbre de permitir "escritura libre" de mi mente cuando camino, en el formato de canciones. Tarareo algo, una melodia... y de repente la letra va surgiendo de mis labios, mortecina, cogiendo fuerza a medida que sale. Curiosamente, lo que tarareo suele coincidir bastante con mi estado de animo y mi situación presente y actual. Decía una profesora mía de alemán que tengo un oído muy musical, porque se me quedan muy bien los idiomas, y a un oido musical lo dirige una mente musical. Almaceno sonidos, sensaciones, melodias. Letras.
Llevo un par de días con Korn. El estribillo de la canción que he puesto de titulo, probablemente su mayor éxito, dice
Feeling like a freak on a leash
Feeling like there is no release
How many times have I felt disease?
Nothing in my life is free.
Sintiendose como un fenomeno de circo con correa
Sintiendo que no hay liberación
¿Cuantas veces me he sentido enfermo?
Nada en mi vida es libre.
En cambio, me escabullo de la sensación. Me rebelo. He renunciado a ser feliz en Ferrol. ¿Y qué? Voy quitando hojas al calendario a toda velocidad y mirando adelante. Tengo planes. Tengo ilusiones. Algunas me las invento. Cuando la vida no te pone una zanahoria delante de la nariz, entonces tienes dos opciones. Gruñir, quejarte y venirte abajo, o encontrar tu propia zanahoria. Los Rolling Stones decían en otra canción -hoy va el tema de musiquita-, que aunque no siempre puedes tener lo que quieres, si te esfuerzas mucho obtienes lo que necesitas. Es así. Quizás el objetivo de mi vida no vaya a aparecer doblando la esquina la semana que viene -o quizás sí-, pero, aplicando mi doctrina de vida, uno debe estar mentalizado para la más probable y preparada para la más peligrosa. ¿Qué es? Que no pase nada. Que todo siga igual. Uno siempre dice "podria ir peor". Pero emocionalmente es muy jodido que fuera peor. Claro, hay otros apartados que pueden empeorar. Ahora mismo no hay nadie sentado encima de mi pierna. ¡Eh! ¡No estoy dando ideas! Pero me siento solo, inutil, triste. En el fondo de mi sé que es una sensación y que la realidad es distinta. Que soy un tío competente, un pequeño titan insoportable, curioso, inquieto. Pero la sensación es como la lluvia, aunque te pongas una gabardina sigues notando las gotas golpeando constantemente contra ella. ¿Me hundo? ¿Me vengo abajo? Claro que no. Tampoco voy a salpicar a nadie, porque esto es un asunto mío, personal e intransferible. Me pongo metas. Personales e intransferibles. Quiero jugar una partida de muñequitos antes de que acabe el mes. Quiero reunir dinero para pegarme una escapada en febrero, una escapada muy especial. Quiero tachar determinados nombres de la agenda, que eso es facil, y ponerle cara a otros. Quiero que pasen cosas, cosas buenas, y cosas malas también para tener historias que contar. Y voy a ir trabajando en ello. Aunque no sea más que un fenomeno de circo atado a una correa.
Feeling like a freak on a leash
Feeling like there is no release
How many times have I felt disease?
Nothing in my life is free.
Sintiendose como un fenomeno de circo con correa
Sintiendo que no hay liberación
¿Cuantas veces me he sentido enfermo?
Nada en mi vida es libre.
En cambio, me escabullo de la sensación. Me rebelo. He renunciado a ser feliz en Ferrol. ¿Y qué? Voy quitando hojas al calendario a toda velocidad y mirando adelante. Tengo planes. Tengo ilusiones. Algunas me las invento. Cuando la vida no te pone una zanahoria delante de la nariz, entonces tienes dos opciones. Gruñir, quejarte y venirte abajo, o encontrar tu propia zanahoria. Los Rolling Stones decían en otra canción -hoy va el tema de musiquita-, que aunque no siempre puedes tener lo que quieres, si te esfuerzas mucho obtienes lo que necesitas. Es así. Quizás el objetivo de mi vida no vaya a aparecer doblando la esquina la semana que viene -o quizás sí-, pero, aplicando mi doctrina de vida, uno debe estar mentalizado para la más probable y preparada para la más peligrosa. ¿Qué es? Que no pase nada. Que todo siga igual. Uno siempre dice "podria ir peor". Pero emocionalmente es muy jodido que fuera peor. Claro, hay otros apartados que pueden empeorar. Ahora mismo no hay nadie sentado encima de mi pierna. ¡Eh! ¡No estoy dando ideas! Pero me siento solo, inutil, triste. En el fondo de mi sé que es una sensación y que la realidad es distinta. Que soy un tío competente, un pequeño titan insoportable, curioso, inquieto. Pero la sensación es como la lluvia, aunque te pongas una gabardina sigues notando las gotas golpeando constantemente contra ella. ¿Me hundo? ¿Me vengo abajo? Claro que no. Tampoco voy a salpicar a nadie, porque esto es un asunto mío, personal e intransferible. Me pongo metas. Personales e intransferibles. Quiero jugar una partida de muñequitos antes de que acabe el mes. Quiero reunir dinero para pegarme una escapada en febrero, una escapada muy especial. Quiero tachar determinados nombres de la agenda, que eso es facil, y ponerle cara a otros. Quiero que pasen cosas, cosas buenas, y cosas malas también para tener historias que contar. Y voy a ir trabajando en ello. Aunque no sea más que un fenomeno de circo atado a una correa.
sábado, 11 de enero de 2014
Mira a la vida a la cara
El otro día en clase de ingles un compañero me planteó una cuestión interesante. Trataba sobre la independencia y como, al estar con una pareja, tu optica está condicionada por el sujeto. Dejas de ser tu para ser nosotros y en esa disolución de identidad dejas de escuchar a tu propia voz, lo que condiciona tu desarrollo. Me parece algo digno de reflexión, porque si de algo andamos cortos hoy en día es de identidad. Me parece muy honesto plantearse "un momento un momento. ¿Qué es lo que realmente quiero yo?".
Ahora bien, eso no solo sucede con tu pareja. Existe multitud de ocasiones en las cuales debemos afrontar nuestras circunstancias, nuestra personalidad y nuestras intenciones. Es muy facil excusarse con "estoy así por... ", o entrar en el bucle de estimulo respuesta. Hoy comentaba Joe que toda decisión es binaria, lo tomo o lo dejo. Hasta cierto punto es verdad. Las decisiones complejas no son más que conjuntos de decisiones simples. Si o no. Casi todo en la vida puede reducirse a esa simple cuestión, sí o no. Pero a la vez, existe una serie de condicionantes que van a dar forma a esa respuesta antes incluso de que nuestra voluntad entre en juego.
Por eso debemos ser honestos. Por eso debemos asumir nuestros defectos sin complejos, o quizás debería decir nuestra naturaleza. No tiene nada de malo salirse de la norma social, incluso en aspectos en los que no queremos salirnos, pero la evolución de la situación y nuestra personalidad nos lleva. Por ejemplo, yo soy una persona bastante sociable. Pero las circunstancias me inducen a una asocialización progresiva, a medida que me hago más exquisito, tanto con mi tiempo como con mis aficiones. Si lo que me hace feliz es estar en casa con mi musica, mis miniaturas y mis libros... ¿por qué obligarme a reunirme con gente a hacer algo que no quiero?
Pero eso hay que asumirlo. Hay que plantarse y saber que nuestras decisiones nos van a dejar tristes y solos a veces, pero es el precio que pagamos por ser consecuentes. Y si nuestra forma de ser nos hace poco atractivos, pues habrá que vivir con ello. Ya habrá quien lo valore y, si no, ya la naturaleza nos dio todo lo necesario para ser felices dentro de nosotros mismos.
Y dado que estamos en internet, siempre nos quedará el porno. Siempre.
miércoles, 8 de enero de 2014
A proposito de una barba
Hoy ha sido el primer día de vuelta al cole del Corte Inglés. Como viene siendo tradición en este curso para mi, y en las escuelas militares en general para todo el mundo, el primer día del curso viene a decepcionar tus expectativas salvajemente. Lo curioso es que aún seguimos creandolas, a pesar de que ya van unas cuantas decepciones. Podemos achacarlo a la mala memoria del ser humano.
El caso es que yo he traido regalitos, porque mis vacaciones han sido geniales. Regalitos que son tonterias, como monedas de Bulgaria. Mi colega Carlos comentaba que, por lo visto, llevar dinero de otro pais en la cartera da suerte, así que ahí ha puesto el billete.
El día ha sido eterno. Luego he pasado dos horas de cola para entregar un paquete, dos horas en las que he contemplado toda la miseria humana posible -en general- y gallega -en particular- desfilar ante mis atonitos ojos, hasta el punto de que el flematico e impasible Ale -mirada asesina al que se atreva a contradecirme- comentaba cosas como "¡por el amor de Dios!" o "¿será posible?", atonito, esperando a que alguno de los sujetos pasivos de la oración se diera por aludido y me mirara, preguntandome que pasaba, y por tanto dandome pie a gritarle. T O N T O, con espacio intervocalico incluido por supuesto. Pero como no podía ser de otra manera, mis deseos se han visto frustrados una vez más y ha llegado mi turno en la cola, para encontrarme con que, tras una hora y media esperando, la ausencia del mando a distancia que nadie me dijo que debía llevar me impedia entregar el paquete. Todo esto, tras unas pausas racistas apropiadas por parte de la dependienta - perdoneme la vida por no ser gallego - y un ultrajado "¡sin el mando no lo puede entregar!", como si yo no hiciera otra cosa en la vida que dedicarme a llevar decodificadores de Erre a la tienda y hubiera caido en el obtuso error de no traer el mando a distancia, llave y contraseña del corazón de millones de españoles.
¿Sabéis qué? El karma paga. Ya lo decía James, hombre sabio. ¿Y que he hecho yo para recibir esto? Ah amigos. He renunciado a mi identidad. Doce horas de Escuela y ya vuelvo a preocuparme de responder a las expectativas, de hacer lo que debo, de estudiar para los examenes, de entrenar para las pruebas. ¿Por qué? Porque me he afeitado. Me he puesto un uniforme. Y he aceptado la onimoda autoridad, entregada a los hombres en formato de... bueno, no sé de qué. Creo que fue Bismarck el que dijo que la decencia no abundaba en Alemania, y bastaba con ponerle un uniforme a alguien para que esa poca decencia desapareciera. Tengo más cosas de alemán de las que pensaba, me temo.
Pero hay luz al final del tunel. Llueve y es bonito. Tomo un té y es bonito. ¿He usado la palabra bonito dos veces? Voy a salir a destripar unicornios para bañarme en su sangre. El caso es recordar quién y que soy. No basta con hacer un archivo de fotos y guardarlo en la carpeta "invierno 14" y ya está, hasta dentro de tres meses. Porque hay que vivir cada día y no puedo vivir cada día arrastrandome por la vida. Porque soy yo. Porque cuando alguien me pregunte "¿qué tal?" tengo que contestar algo REAL, no vale con decir lo que se espera de mi. La mascara me aprieta por los lados y por delante y me va a seguir apretando siempre, hasta que decida que ya está bien y empiece a mandar gente a tomar por el culo.
Y todo porque me he afeitado y así me lo paga la vida. El día que me case y tenga hijos, directamente me destruye.
lunes, 6 de enero de 2014
Visita a Sofia V
Y acabó y volví al mundo real. A Madrid, donde no hay educación, donde no hay empatia, donde se corre. A Ferrol, donde hace frio y es oscuro, y la gente emplea codigos que yo no entiendo. Y aún me quema en las manos la cerveza a la que me invitó Nikolai sin conocerme de nada, en ese mundo, los Balcanes, donde la hospitalidad es una religión que consiste en no permitir a nadie hundirse solo, porque afuera hace mucho frio y uno nunca sabe cuando puede hacer falta. Pero todo es más facil viniendo de turista, estando unos días, asomandose. Ya he ido las suficientes veces como para saber que la soledad de allí corta aún más que la de aquí y por eso la gente vive con miedo.
Y con fé. Rali me contó aquella vez en la que lloró y pidió a Dios por favor que la ayudara y Dios lo hizo. Y que eso le daba un poco de miedo. A mi no. Como la hija de Diego, lo que le sucedió a Rali refuerza mi fé en la vida. Y me hace falta fé.
Soy como un perro que persigue su propia cola, buscando algo que debería saber que está ahí. El último día en Sofia, deambulando, encontré paisajes de ensueño e inspiración como para varias vidas. Y sin embargo... como cantaba Sabina, y sin embargo. Me voy por los tejados, como un gato sin dueño. Porque llega un momento en que esa ciudad es... otra ciudad. Esa iglesia es... otra iglesia. Y esa chica es... otra chica. Pero los amigos, el hogar, la musica. Lo que de verdad te da sentido, está ahí. Siempre puedes volver. No importa cuan lejos te vayas, si vuelves la vista atrás y miras dentro de ti lo encuentras. Y al encontrarlo, te encuentras a ti mismo, porque cuando amas una parte de tu corazón deja de ser tuya y pasa a ser de esa persona, ese lugar, ese momento. Porque, como le decía a Rali, no es lo que haces, es lo que eres. Y lo que eres está compuesto de muchas cosas, pero algunas son más importantes que otras.
Hay que tener fé. Hay que creer. Hay que amar y equivocarse. Como me dijo Rali, hay que dar una oportunidad a la vida. Y eso es lo que voy a intentar hacer. Seguramente saldrá mal, pero entonces no hay más que tomarse un tiempo... y volver a intentarlo.
Visita a Sofia IV
El día 1 del año debería ser bautizado como el día 0, porque no existe. Te levantas a media tarde, con suerte, te arrastras buscando algo de comer mientras tu estomago se rebela contra la misma idea y todo a tu alrededor son caras de zombis. Yo, que había atravesado la barrera, no podía quedarme quieto. Saludé al día yendome a pasear, abrigado y encogido pero ya no hacía tanto frío. Como siempre, encontré cosas que no buscaba y me regalé los ojos y el alma. Paseé junto a San Nicolas, me perdí entre las estatuas de Alexander Nevski, compré tonterías, me eché fotos. Me hice una ruta de sitios que visitar al día siguiente, mi ultimo día en Sofia, y volví al hostal a tiempo de leer algo, comer algo y dormir. Volví a pasar por Happy's y comprobé que era cierto lo que me había dicho Rali, es un lugar más oscuro de lo que yo podía suponer. ¿Qué esperaba, con ese nombre?
El día 0 del año, como he dicho, pasó.
Y me di cuenta, tarde, de que el día 1 sobraba. Que debería haber vuelto a España con la marea del fin de año, en lugar de quedarme un día más. Porque Rali estaba reventada y no podía hacer nada, lo que yo quería ver en Sofia ya lo vi y solo me quedaba hacer girar la rueda para que no se enfriara. Y eso hice. Caminé buscando un museo que no encontré, recorrí calles oscuras, me compré mis regalos, volví al hostal. Pensaba montar guardia de media y levantarme a las tres para coger un taxi al aeropuerto, así que mejor acostarme pronto. Pero Rali vino a despedirse. Yo estaba en el sofá charlando con un chico brasileño y dos irlandesas demasiado jovenes para nada, filosofeando con Boris y fantaseando sobre si algun día yo montaría mi hostel y Rali vino. Enroló a su colega Petia y nos fuimos a cenar cosas raras vegetales. Fuimos de bares y cantamos tonterias, nos emborrachamos, deambulamos dando tumbos por las oscuras y frias calles de la oscura y fria Sofia. Rali apuntó que como demonios podía yo irme a Mordor, si la Montaña del Destino estaba allí, en Vitosha. Ciertamente, si no fuera por el hostel Sofia sería aun más mordor que Ferrol. Pero no tengo nada como el hostel aquí, ni en ningún lado del mundo, así que mi tierra de sombras, piedra y fuego es aquí.
Como iba diciendo, nos arrastramos hasta que Petia huyó y luego fuimos al hostel. Bebimos y compartimos, y un cigarro se convirtió en los dos encogidos en una despensa, apoyados hombro con hombro y contandonos historias. Rali es tan... dura. Tan fuerte. Y a la vez no deja de ser una niña y ella lo sabe. Y yo soy lo que soy. Pero la mayoria del tiempo no lo sé. Por eso necesito gente así, que me obligue a mirarme a los ojos, porque es lo menos que puedo hacer por ellos. Porque quiero que sean felices, y no puedo exigirles que lo sean si yo no lo soy.
Así que confesé. Confesé que tengo miedo, que soy un cobarde, que hay cosas que me impiden ser yo. Que me falta vida en muchas cosas y me sobra en otra, que no quiero equivocarme, que si realmente escuchara a mi corazón hay cosas que no haría. Y Rali me tomó de la mano mentalmente y me dijo que creyera. Que me esforzara. Que tuviera fe. Y en ese momento de fé compartida, de animo, supe que tenía a una persona realmente especial delante. A alguien de verdad. Y volví a sentirme muy afortunado de que, no solo la vida me hubiera regalado con la posibilidad de volver a escucharme a mi mismo, sino que me sentara junto a alguien a quién también merecía mucho la pena escuchar.
Visita a Sofia III
La "normalidad" se deslizaba entre las capas de apatia de mi vida y un momento sucedia a otro. Rali había venido al trabajo con una mochila con su traje de noche, medias y tacones. ¿Qué demonios estaba pasando en el mundo? Me preguntó si quería ir a casa de unos amigos suyos a celebrarlo o quedarme en el hostel. Yo no quería hacer nada, solo quería ser madera de balsa, dejada a la deriva y que todo se decidiera solo. Pero no me iban a dejar escaparme. Al final una cosa llevó a la otra y, una vez Sami se hizo cargo de la barra del bar y la noche empezó de verdad, me despedí de los colegas macedonios y me senté con la buena gente del hostel, las chicas de paso y mi Shumenska de medio litro. Apareció gente y aparecieron historias. Brasil, Australia, Alemania, Bulgaria... tantos paises tan enredados en mi vida, cada uno apropiadamente representado. Paul, un autentico caballero inglés, y yo, hablamos sobre politica, historia y acción civil. Me fui a la calle a buscar donde comprar algo de comida y terminé cocinando unas salchichas infames en el horno, antes de que el alcohol me hiciera nu agujero en el estomago que ya comenzaba a insinuarse. Seguimos. La conversación era una hidra con muchas caras y la gente entraba y salía, pero todos aportaban algo. Rali también aparecía y desaparecía, perseguida por una sombra que, si la miraba muy fijamente, me obligaría a dar un paso al frente y no quería. Estaba muy bien donde estaba.
La noche se hizo estrecha y Rali propuso ir a casa de sus amigos. Necesitaba aire. Nos tambaleamos por unas calles heladas y nos abrazamos. Estabamos demasiado borrachos y yo tenía una amiga, una hermana, por primera vez en ni sabía cuanto tiempo y ella había dejado de tener miedo de nada, aunque seguía teniendo demasiado rencor. Fuimos a casa de sus colegas y nos descalzamos, contamos cuentos sobre viajes por Europa, brindamos por el año nuevo tras contar y vimos los fuegos.
Más tarde me susurré a mi mismo lo siguiente, viendo a la gente a mi alrededor hablando en bulgaro y dando gracias por no entenderlo, de forma que la rutina y la monotonia de sus vidas no salpicara mi momento, siendo una isla en medio del oceano.
-Ese momento en el que las palabras dejan de ser musica y adquieren un sentido. ¿Por qué? Dejadme soñar. Dejadme mentir.
Pero no podía escaparme. Al contarle a la gente mi historia, mi historia cobraba sentido ante mi y me veía desde fuera. Partes de mi vida que había escondido debajo de la alfombra salían a la luz y mis miedos y mis anhelos aparecían desnudos. Pero allí, a 3000 kms de casa, rodeado de conocidos desconocidos, nada me daba miedo. Y podía afrontarlo y de repente lo estaba superando. Era yo. Superé aquella barrera de tanta gente, el limite de los topicos y los estereotipos. De repente todo pais, toda ciudad, era un nombre hasta que vas allí y lo pintas con colores, experiencias, gente. Caras, paisajes, sentimientos, vida. Tanta que me sobrepasaba, que me anulaba.
Entonces aparecieron Nikolai y Anastasia. Él, bulgaro, cuarenta años como mis treinta, tranquilo, reflexivo, elegante. Ella, moldava, veinte años como yo nunca los he tenido, apasionada, divertida, agresiva. Una pareja que no era una pareja pero si lo era, que me hablaban de religión, de familia, de viajes, de historia no como la que sale en los libros, sino como la que te empapa la piel y te llena de sal los huesos. Gente que vivía con mayusculas y que no tenía problema en compartirlo conmigo. Hablamos. Hablamos. Nikolai intentó invitarme a una cerveza hasta que al final lo consiguió, para mi gran vergüenza. Anastasia hablaba español, destrozando el idioma con un encanto imposible. Las horas pasaban y la barrera del fin de año había quedado atrás... ¿Y a quién le importaba? Podría pasarme toda la noche así. Podría pasarme todo 2014 así.
Pero el cuerpo tiene sus limites y, garreando el ancla, me arrastré hasta el dulce olvido de la cama cuando el sol asomaba más allá de las cortinas de la habitación. Y dejé que el olvido cayera sobre mi.
Visita a Sofia II
Hace una semana o dos Boris, el dueño del Art Hostel de Sofia, me escribió por facebook. "Ale, podrías hacerme un favor? Necesitaría que pusieras una critica en TripAdvisor sobre nosotros". Resulta que una chica había puesto una critica negativa. La chica era española y se quejaba de que a las seis de la mañana tardaron en abrirle la puerta, que el desayuno "todo lo que quieras" consistía en pan-con-algo, cereales, té y café, que el edificio era viejo, no antiguo y no sé que más.
Bueno, ya lo sé. Entre los colegas invocados por Boris para poner una critica positiva, una chica americana lo clavó. Dijo que cualquiera que vaya buscando las comodidades de una tipica casa norteamericana en el centro de Sofia se equivoca. Que el hostal es un hogar, con su familia de empleados, su posición centrica, sus paisajes. Casi cada pared del hostal es un mural, el trato entre la gente es de un correcto que resulta casi abrumador, el espacio es... estrecho sin ser incomodo. En esa mi primera noche en Sofia tras año y medio compartí habitación con cuatro desconocidos, a pesar de haber pagado por una habitación de diez, me metieron en la de cinco. Al día siguiente al desayuno había atractivas mujeres adormiladas y no tan resacosas como yo sirviendose café. Desayuné y salí a buscar comida -el día anterior no había cenado- y a gastar esas viejas piedras tan conocidas y queridas por mi del centro de Sofia.
Pero aún no había despertado del todo. No me atrevía a aventurarme demasiado lejos, tenía frío y sueño. Al cabo de un rato volví al hostal, me senté con un libro y dejé que pasaran las horas. Rali iba a venir más tarde, se supone que para subir a la montaña o pasear o algo. Me eché una medio siesta y cuando me desperté Rali estaba allí. Le tocaba trabajar unas horas. Era el día 31 de diciembre y yo estaba sentado en el sofá, leyendo, mientras mi unica colega en Sofia trabajaba a dos habitaciones de mi. Intentaba leer, pero la habitación cuadrada, con sofás en cada pared y una mesa en el centro, era demasiado inspiradora. La gente a mi alrededor hablaba y me hacía participe de sus conversaciones. Perdona amigo, ¿de donde eres? Entonces caí en la cuenta que un sofá es una invitación a la compañia. El sofá es un tributo a la humanidad. Me gusta.
Al cabo de un rato Boris pasó por allí a preguntar como estaba. Me di cuenta, por la forma en que la gente lo saluda y lo trata, que Boris comparte con Rabanal el liderazgo por carisma. Son personas muy seguras de si mismas, muy dadas a inspirar, pero a la vez muy distantes precisamente por ese liderazgo. Yo en cambio me considero más un poder detrás del trono. Tengo carisma y cuando lo desenvaino funciona pero... hace demasiado que decidí que el precio del liderazgo era demasiado caro para mi. Mejor mantenerme en un perfil bajo, pero está bien poder ponerte a la altura de personas así y ver que no tienen nada que tu no.
Allí sentado, pasando paginas virtuales del ebook -bendito invento-, escuché más y más musica. Dejé que penetrara mis huesos, mi carne, mi alma. Entonces recordé que la primera vez que llegué al Art Hostel había dentro de mi un hambre que yo no conocía. Como dijera Raya "estás buscando algo que yo no puedo darte". Era algo que nadie podía darme. Yo entonces quería a mi hermano, quería algo que me tapara la herida. En el Hostel descubrí que eso que quería iba a quererlo siempre, y que mi destino era tener hambre. Sentado con el ebook descubrí que tengo hambre de musica y de vida, y que nunca voy a tener suficiente. Que sentir más, vivir más, viajar más, aprender más, conocer más, compartir más, descubrir más es lo que me hace. Es lo que soy. En ese momento agradecí a Rali por recordarme esa verdad fundamental, elemental, inevitable de mi mismo. Y ahí sentado di gracias por el té, por la amistad, por la musica y por el virus del hogar. Por estos malditos balcanicos, hospitalarios hasta el punto de la obsesión, rudos - todo el mundo fuma allí, demonios -, alcoholicos -Ale, si no piensas beber... ¿para que has venido a Sofia?- y acogedores que me obligaron a disfrutar de la noche de fin de año desde la primera cerveza, allá por las seis de la tarde.
Visita a sofia I
Hola buenas. He decidido reunir todas las notas que vengo tomando estos días, que han parecido semanas, de forma que sea más o menos digerible para mi. Os empiezo contando que el viaje arrancó mal. Estaba muy deprimido, mucho. Las semanas aquí habían sido eternas y ya no sentía nada. En Cádiz esperaba abrir los ojos y llegué emocionado. La luz, el aire... pero al final nada. Más de lo mismo. Y cuando subí al avión ya no esperaba gran cosa. Solo dejar de tener frío por dentro.
Lo primero que pensé al llegar fue lo siguiente.
-Cincuenta carreteras. Cada una apuntando en una dirección distinta y todos creyendo que su camino es el unico. Pero todas están hechas con asfalto.
Era inevitable. Durante las ultimas semanas había escuchado tantas soluciones sobre como arreglar mi vida, tantas ideas maravillosas, tanto... tanto ruido. Como si cada uno de nosotros hubieramos surgido de una vaina especial y diferente, que no tuviera conexión alguna con las demás. Que tontería. Bajo esa cortina de ruido ya no era yo mismo, ya no sabía que escuchar. Había tantas voces sonando que no podía escuchar mi voz. Y como casi siempre que salgo al extranjero o que quiero escuchar un secreto compartido conmigo mismo, hablé en alemán. Y la siguiente nota fue esta.
-Hablar alemán es como tocar un instrumento musical. Me sale solo. El hogar es donde descansa nuestro corazón. Donde queremos y somos queridos. Pero yo no quiero. Ya no puedo querer más. Demasiados fallos. Demasiados... errores.
Estaba atascado. Encasquillado. Estaba a gusto en Cádiz, no digo que no. También lo estoy en mi casa en Ferrol. Pero... ¿qué es el bienestar? ¿Es lo mismo el confort que la felicidad? Esa era la pregunta fundamental a la que debía responder, si quería volver a encontrarme a mi mismo. Tal y como llegué al hostel y dejé las cosas supe que estuve en casa. Rali me abrazó como no lo había hecho nunca y me dejó cortado. Boris me dijo que bienvenido al hogar. Dejé las cosas en la habitación y bajé al sotano a tomar una cerveza. Intenté hablar con Rali pero no podía. ¿Qué le iba a contar? ¿Qué estaba triste, que no veía luz al final del tunel, que mis esperanzas se habían convertido en nada? Lo unico que atiné a decirle fue que mi mundo cada vez era más pequeño y que eso me agobiaba. Y sentado, dejandome acunar por la cerveza y la musica, escribí esto.
-Llenamos de palabras nuestros silencios. Hasta que nos damos cuenta de que esas palabras no contienen nada. Y el hueco entre palabras cada vez nos asusta más.
Pero eso no podía durar. Poco a poco, el nudo de palabras, sentimientos, frustraciones, expectativas, inquietudes. Miedos, presiones, soledad, tristeza, anhelos, euforias... todo, se fue disolviendo en el calor de la compañia, la tranquilidad, la musica, el ambiente. Salí del circulo. Ya no consistía en acción y reacción, esfuerzo y recompensa, frustración y satisfacción. Había algo más. Algo que no pedía nada ni esperaba nada, algo que simplemente... era. Ese secreto del equilibrio del Sr Francis, ese truco de manos que llevo haciendo años. Y en esa primera noche, cuando la cantante amiga de Boris y yo cantamos "María de la O" -os podéis imaginar como estaba de borracho-, Rali seguía poniendo musica y el tiempo se comprimía en el tapón de la botella a punto de saltar y hacer "pop", yo salí del mundo y volví a ser yo mismo.
domingo, 5 de enero de 2014
En el crepusculo de la ciudad
Hace poco que se han apagado las luces. Debería cambiar esa estupida bombilla. El movil parpadea rojo, cri cri, maldito grillo chivato. Y como aceite, las sombras se estiran por las claras paredes de mi casa, la guarida del hobbit ario.
Otro año pasó. Otro año que no pasó de verdad, porque es mentira. Más de trescientas entradas en este blog, casi una diaria. Tantas palabras para decir tan poco, que curioso. O quizás es la impresión que tengo. Como cuando vas en un tren a toda velocidad y ves el paisaje pasar, pero tu tienes la impresión de que estás quieto. Inercia. Fenomenos extraños.
Estos días en Sofia han sido muy importantes para mi. Me he dado cuenta de cosas sobre mi mismo y sobre mi entorno. He aprendido, he reflexionado, he reciclado. Mi medio ambiente personal. Y ahora, con la resaca del tiempo pasado, con el olor a tabaco, a alcohol, a sonrisas, a conversaciones profundas y a hogar aun pegado a la ropa que acabo de sacar de la lavadora -no hay problema, se vuelve a meter-, empiezo el suave deslizar por el filo del cuchillo que es el crepusculo mordoriano. Al otro lado de la colina se conoce el pozo, la oscuridad, los días que se arrastran imposibles, la arena del reloj atascada. Pero las notas que he tomado en mi viaje, así como las fotos y los recuerdos me acompañarán. Poco a poco irán salpicando esto, a medida que vuelva a encajar en el sillón, a reconocer mi sombra en las paredes, el eco de mis pasos. El hogar está hecho de rutinas, de secuencias, de espacios y de tiempos. Ayer fue una noche de bienvenida, como en su momento lo fue la de despedida. Porque nunca sabes cuando puede ser tu ultimo "hasta pronto", mejor hacer que cada uno que des sea especial. Gracías. Ya estoy otra vez en Mordor.
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