miércoles, 25 de noviembre de 2015
Caricatura de ti mismo
Todo rasgo llevado al extremo termina siendo parodico/comico. El humor es un refugio tan seguro o incluso mejor que la hostilidad.
Partiendo de esas dos bases, ayer me dí cuenta de algo bastante curioso. Cuando me va mejor en la vida es cuando dejo de reírme de mi mismo. Y a la vez, reírme de mi mismo es la forma que tengo de esconderme de rasgos que no me gustan, de evitar situaciones tensas. Si uno lo piensa friamente, es una actitud adoptada durante la adolescencia, ante el miedo a no encajar, ¿qué mejor que ser divertido? A todo el mundo le gusta la gente que le hace reír. Es agradable. De hecho una de las mejores formas de conquistar a una chica es hacerla reír.
Pero, como en todo, llega un momento en que el medio se convierte en un fin y perdemos la logica que nos impulsó a tomar un camino, conviertiendo la costumbre en ley y vaciandola de contenido. Se difuminan los limites. Y en el camino, nos perdemos el respeto a nosotros mismos.
Es una parte más del proceso de madurez y revisión en el que estoy involucrado. Darse cuenta de que no pasa nada si uno no está todo el tiempo haciendo reír a los demás, que la alegria se mide de muchas formas diferentes. Y que la ídea de ocultarme en una imagen exagerada de mi lo unico que sirve es para distorsionar la percepción que alguna gente tiene, sin obtener más fin que el de distraerlos de la realidad.
O quizás es que, un poco a mi pesar, mis dos vidas están convergiendo en una unica.
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