viernes, 13 de noviembre de 2015
Envejecer
El otro día me llevé una sorpresa en Facebook. Me encontré con "gente que quizás conoces" a una chavala con el apellido de un compañero mío, muy guapetona. Y de repente me quedé asombrado. ¿Puede que fuera la hija de este hombre? ¿LA HIJA? A ver, uno intelectualmente sabe que mi colega tiene su edad... que está proximo a retirarse... que ha vivido mucho... pero sigue siendo mi compañero. Un tío con el que hablo de la vida, con el que trabajo. No lo veo como alguien que pudiera ser mi padre.
Uno sabe que ha cruzado una linea cuando empieza a ver a los hijos de los compañeros como gente con la que puede tener una conversación. Aún así, yo me veo más cerca de ellos que de mis compañeros. Pero reconocelo artista, te haces mayor. Tienes arrugas, hay menos pelo del que había antes y te cuesta más coger el ritmo de entrenamiento.
Pero eso no tiene nada de malo. Llamadme tramposo, pero me gusta hacerme mayor siendo joven a la vez. Será porque mentalmente tengo quince años. Pero me gustan mis arrugas de sonreír, me gusta que me cueste coger ritmo (lo del pelo ya no. Llamadme coqueto o heavy, pero con el pelo poquita broma), me gusta saber que he vivido y que sigo viviendo. Al fin y al cabo, hacerse mayor no es más que el resultado natural de vivir. Ya está. Lo que no quita que ayer me llevara una sorpresa. Pero sobreviviré. Gracias a Dios, por mayor que me haga, aún la vida me sorprende.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario