domingo, 1 de noviembre de 2015

Feliz día de difuntos


Ayer no celebré Halloween. No por una cuestión de principios ni moral de esas que todo el mundo celebra ahora, en esa mojigata tradición que convierte en virtud el negarse a divertirse y sancionar el que los demás lo hagan, como si yo no pudiera honrar a mis muertos porque alguien celebre una especie de carnaval en Noviembre, sino porque tenía un plan distinto. Y que conste en acta que, a pesar de no gustarme las pelis de miedo y parecerme un carnaval Halloween, soy un firme defensor del concepto "cerda gotica", incluso cuando sean estacionarias. Dios las bendiga.
Ahora un poco más en serio, ayer no celebré Halloween pero hoy sí celebro el día de difuntos. En mi vida hace mucho tiempo que falta gente, y ya desde que era pequeñito me ví frente a la ausencía y el vacío de la muerte. Eso me hizo darme cuenta de que, si quieres a alguien de verdad, no hay que privarse de decirlo. La vida se vive aquí y ahora, pero enseguida puede acabarse. Así que vamos a intentar dedicarle nuestro cariño a los que están a nuestro alrededor. A mantener nuestra obligación de hacer el mundo que nos rodea un poquito mejor.
Pero también vamos a dedicar un momento a la memoria. Hace un rato leí que, a partir de los treinta, pierdes el interés en conocer gente nueva y te conformas con lo que hay. Tiene su lógica. Pero eso suena a conformarse y yo no quiero conformarme. En mi vida va a entrar gente nueva. Una vez amé a una mujer como a nadie. Ella se fue y acabó. Pensé que nunca volvería a suceder algo así... pero sucedió. Podemos volver a creer. Solo hace falta abrir la mente y tener fé, como niños.
Otra vez me he desviado. No tengo remedio. Quería hablar de dos personas. Quería hablar, ya lo sabéis, de mi hermano y de mi abuelo. De mi abuelo, del que ya hablé está semana, que me hizo lo que soy y como soy, y que murió no muy lejos de estas fechas. Y de mi hermano, que me enseñó a tener fé, a sonreír aunque quiera llorar, a no rendirme nunca. En este mi día de difuntos he dedicado un momento a pensar en ellos, como cada día. Dandole las gracías por lo que me enseñaron, reconociendo -permitiendome reconocer- que los echo mucho de menos y que ojalá los tuviera conmigo. Que un nombre en una lapida, una foto, una colección de cuentos no vale una mierda comparado con su abrazo, su risa, su gesto. Ese medio golpe de boxeo que amagaba mi abuelo, ese pellizco que te daba mi hermano o como se mordía la mano cuando se sentía frustrado y no tenía como expresarlo. Tantos momentos uno detrás de otro...
Hoy es un día para sentirse triste. Y para disfrutar de esa tristeza. Un día para bajar la guardia, para reconocer que duele. Mañana volveremos a sonreír y volveremos a pelear. Pero hoy, a todos los que estáis ahí fuera, os digo una cosa -y al Ale del futuro-. Disfrutadlo mientras lo tenéis. Esa es la clave del día de hoy. Disfrutadlo mientras lo tenéis, honrad su memoria cuando no estén y, un día al año, permitiros reconocer que los echais tanto de menos que duele.

No hay comentarios:

Publicar un comentario