domingo, 31 de enero de 2016
Que buen fin de semana oye
Así como quien no quiere la cosa. Un poco brutal, eso sí, ya voy teniendo una edad. Pero es curioso como, una vez se superan los prejuicios y las dudas y uno simplemente charla, comenta, opina, es, la gente puede comunicarse con mucha naturalidad.
Esto no es un artículo, claro. Es solo una nota personal a mí mismo, para recordarme que le debo una a Diego y que le tengo que agradecer un sabado fantástico. Que buen tío. Y que novia más encantadora tiene. Gente guay.
jueves, 28 de enero de 2016
Facetas
Me gusta más "facetas" que "caras". Al significar "cara" lo que tenemos en la cabeza, (curiosamente creo que viene de "faz" ), su significado fundamental tiene que ver con el ser humano. Mientras que las facetas, al estar normalmente asociada a cristales o superficies refractantes/reflectantes es un termino un poco más neutro.
Ya. ¿De qué puñetas está hablando este tío?
De como nos adaptamos a nuestro entorno y como, una vez superamos determinada edad y adquirimos una cierta complejidad, dejamos de ser una figura monolítica y empezamos a tener una personalidad... no múltiple pero si variada. Nuestra misma esencia, ese núcleo que somos, devuelve un aspecto según le entre la luz del trabajo, de la familia, de los amigos... E incluso esa puede variar dependiendo de nuestras condiciones internas, como si fuéramos un pilar de cristal sometido a determinadas tensiones internas.
El otro día me recomendaron un autor. Dijeron que era "muy yo". Hace bastante tiempo me leí "On the road" de Jack Kerouac por la misma recomendación. Proyección. La gente tiende mucho a eso. Algunas mujeres que conozco consideran que soy un tío intrépido, viajero, aventurero, como una especie de Indiana Jones en cutre. Y a ver, no es absolutamente falso, pero tampoco es absolutamente cierto. Yo encajo muy mal en los estereotipos, me deslizo entre ellos. Hace años, en Atenas, una griega nos preguntó a Luichi y a mi como podíamos ser amigos, siendo tan distintos. Ese "ser tan distintos" se resumía en que Luis era un heavy con pintas y yo no llevaba el uniforme.
¿Y de qué va todo esto? De que muchas veces nos quedamos en la superficie. Creemos conocer a una persona, con una imagen mental construida por tres puntos que vamos uniendo para darle la forma que nosotros queremos darle. Que no es la que existe en la realidad, sino la que nosotros estamos proyectando. Yo no soy un friki. Ni un heavy. Ni un Indiana Jones de andar por casa. Ni un deportista. Ni un marino. Ni un informático. Ni un filosofo. Ni un poeta. Ni un padre/hermano. Ni un estudiante. Yo soy yo, que es la suma de muchas de esas, con otras que he sido y que pude haber sido y que seré. Y cuando la gente elige quedarse solo con una o con algunas de esas cosas, se pierde todas las demás y es una pena. Aparte de que da pie a una serie de malentendidos ("Es que tu eres ... o tu eres ... " mientras yo miro con una ceja arqueada y me pregunto si, en lugar de juzgar lo que alguien cree que soy, no sería mejor juzgar mis acciones ) que son fácilmente evitables.
Flexibilidad. Tenemos demasiados prejuicios y permitimos que esos prejuicios nos impidan ver la realidad. Me encantó el otro día una frase que decía "Están uds tan condicionados por sus prejuicios que, cuando la realidad no encaja en su ideología, la deforman hasta extremos ridículos".
No caigamos en ese error. Seamos curiosos, seamos flexibles y evitemos entender una faceta como un todo. Dejemos de ser el tonto que, cuando el sabio señala la luna, mira el dedo. Aprendamos.
Y de repente, el silencio
Sucede. Te levantas un día y, de repente, no tienes prisa. No tienes necesidad de nada. Ni de nadie. Simplemente, estás bien. Equilibrado. Descubres que llevas demasiado tiempo sometido a un entorno que no te gusta y, simplemente, te sales de él. Dejas el ciclo de herida y recuperación.
Te acuestas cuando estás cansado. Te levantas fresco, con ganas de empezar el día. Haces deporte. Comes y la comida te sabe bien. Te cuidas. No bebes alcohol, haces deporte, estudias. Te sientes útil y productivo.
¿Estás solo? Pero no te sientes solo. Tienes cosas que hacer. Y el futuro, esa nebulosa extraña al final de la calle, ya no es un desconocido que te aterra.
Es la sensación de final de periodo. Cuando falta poco para que acabe una navegación y empiezas a despedirte mentalmente de cosas, emocionalmente de gente, físicamente de lugares. Al hacerlo, te sientes en paz contigo mismo y con todo eso. Los perdonas y te perdonas a ti mismo. Y haciéndolo te concentras en el ahora, mirando de reojo el mañana y lo disfrutas más. ¿Qué prisa hay? Haz lo que te gusta. Y hazlo mucho. Y no dejes que nadie camine con pies sucios por tu mente. Que nadie te diga que eres pequeño, torpe, inútil. Que nadie te diga "pero tu estás genial porque... ". Tu vida es tuya. y la vives y diriges tu. Que nadie te diga como tienes que vivirla.
Disfruta del silencio. Disfruta de ti.
miércoles, 27 de enero de 2016
I don't like it
But I guess things happen that way...
Decía una colega que una vez Johnny Cash hace una versión de un tema que es tuyo, tu puedes decir que ese tema era tuyo. Ahora venía en el bus pensando en ese estribillo, el que da titulo a este artículo, y como se puede aprender mucho tanto de las canciones como de la biografía del Sr Cash.
Porque a ver, hay veces que las cosas no nos salen como nos gustaría. Es algo bastante normal. Hay veces incluso que, no solo eso, sino que la gente se comporta de formas que nos resulta profundamente desagradable. Molesto. Odioso. Y aún diré más. Hay veces que la gente, no solo se comporta de forma que no nos gusta, sino que resulta ser de una forma que no nos gusta.
Ante esa situación, como ante todo en la vida, podemos tomar dos enfoques mínimo. Podemos enfadarnos y no respirar o podemos adoptar una serie de medidas constructivas. Dichas medidas pasan por el dialogo y la comunicación, por el aislamiento y contención de elementos tóxicos, por el perdón y la compasión, por la empatía y la asunción de situaciones ajenas a nosotros y, en general, porque "no me gusta, pero a veces las cosas salen así".
Gracias Johnny. Hay que encontrar sabiduría donde podamos.
miércoles, 20 de enero de 2016
Dejalo ir
El otro día hablaba con una colega y salió el tema de su ex. Y escuchándole hablar me di cuenta de que seguía ahí, dentro de ella.
Una de las cosas que más nos cuesta es saber cuando dejar estar algo. Cuando pasar pagina y seguir adelante. Al menos a mí me cuesta muchísimo, supongo que porque no soy dado a comprometerme a algo y, una vez lo hago, ya no hay vuelta atrás. Esto queda muy bien definido en una novela de Perez-Reverte donde dice: "El español, una vez decidido donde va a dar la puñalada, la lanza aunque muera en el intento".
Pero claro, a veces mueres en el intento. Entonces tienes que rehacer tus pedazos y seguir adelante, haciendo como que eso que te falta no existiera, quitándole importancia. Y sigues adelante, pero hay una parte de ti que nunca va a volver.
Bueno. Es la vida, ¿no? Ya he dicho alguna vez que el duelo es un proceso largo. Me estoy dando cuenta que, tras la euforia de la liberación y la tragedia de la tristeza, tras el odio de la negación, empieza a venir la aclimatación a la nueva realidad. Asumes que fue. Pretérito perfecto simple. No era, porque si era puede volver a ser, no. Fue. Y como fue, tocando una herida que empieza a cicatrizar, ves las cosas un poco más como son y no como las querías ver mientras estabas dentro.
Es fácil. Repite conmigo. No todo fue malo. No todo fue bueno. Simplemente fue. Y lo que tenga que ser, será. Pero eso se acabó y no va a volver. Lo demás, esos intentos de "no pero es que..." "bueno pero y si..." son tu, queriendo hacerle el boca a boca a un zombi. Y no sabes el mal aliento que se gastan los hijos de puta esos.
Así que quédate con lo bueno, con lo que aprendiste, con lo que disfrutaste. Anota lo malo, para que no vuelva a pasar o si pasa sea de otra manera. Abrázate a ti mismo y metete contigo. Mereció la pena, o como experiencia o como lección. Y ahora deja que se vaya con la corriente y quede atrás, como tantísimas otras cosas que pudieron haber sido y no fueron, o que ya apenas te acuerdas. Y sigue. Aún queda mucha historia por delante, hasta que se acabe.
martes, 19 de enero de 2016
No vivas solo
Esta mañana según me despertaba (con "We are not gonna take it" de Twisted Sister, gracias por preguntar), me he acordado de una historia que me contaron hace años. Un colega mío trabajaba en un "phone call centre" de estos que atienden llamadas. No sé si era de Vodafone o de una movida de estas. El caso es que, según parece, todas las tardes entre semana les llamaba una niña. Unos ocho o nueve años. La niña les llamaba y les decía "contadme algo" y se quedaba charlando con ellos. Era una especie de mascota del trabajo. Hasta que un día le preguntaron si sus padres no decían nada por la factura de teléfono que les tenía que llegar y que porqué les llamaba tanto. Y resultó que la niña les dijo -y esto los partió por dentro-, que sus padres estaban todo el día trabajando y no le echaban cuenta, y que llamando ahí por lo menos hablaba con alguien.
Vivimos demasiado rápido. Vivimos demasiado centrados en lo que queremos y en como lo queremos. Vivimos pensando demasiado en lo que hay más allá de la siguiente colina como para disfrutar de la hierba que estamos pisando ahora mismo. Y eso no sirve. Ya el otro día dije lo que pensaba de las pantallitas. Yo soy el primero que está enganchado al móvil pero... quizás porque vengo de otra época, quizás porque vengo de otro sitio, quizás porque algunos de los mejores momentos de mi vida han sido en torno a una mesa o sentados media docena de personas en una cama, pero que me aspen si estoy dispuesto a rendirme a la soledad. El otro día me decía mi compañero de piso que "hay veces que es mejor no hablar". Pues bueno. Jugaremos al Cluedo. Si empiezas a acumular días sin contacto "real" con otro ser humano, sin una conversación "de verdad", sin reírte... toda esa mierda te desgasta.
Así que sal del círculo. Vete a la calle y charla con gente. Llama por teléfono a alguien con quién te lleves bien y, aunque no sea lo mismo, al menos cúbrelo. Dile a alguien que mola. Vivimos con demasiado miedo a mostrar aprecio, sabiendo que nos exponemos a la burla o al abuso. Que les jodan. Yo seré burlado o abusado por quién yo permita y, si muestro aprecio a alguien y se ríe de mí, que no se preocupe que ya el karma le devolverá la jugada. La soberbia tiende a rebotar de formas terribles.
Resumiendo, que si os sentís abandonados o solos... dejad de sentíroslo. Plantear soluciones y ejecutarlas. Y disfrutadlo, que total la vida son dos días y uno está lloviendo.
lunes, 18 de enero de 2016
Vivir es correr riesgos
El sábado charlaba con una colega que está a punto de empezar un proyecto. Es una idea complicada y me comentaba que la gente le aconseja que no se arriesgue, que vaya a lo cómodo, pero que ella prefiere intentarlo. Ahora que no tiene nada que la ate ni compromisos... ¿por qué no?
Esa es la pregunta que me ha mantenido en movimiento durante todos estos años. ¿Por qué no? Si te gusta algo... inténtalo. Planea como, ve a por ello, hazlo. A veces te equivocarás (como aquel viaje a Brasil), pero incluso de los errores obtendrás lecciones valiosas, experiencias e historias que contar. Esto, que la chavala del sábado y yo veíamos tan fácil, es mucho más complicado de asumir e interiorizar. ¿Cómo sabemos si merece la pena? Bueno, la clave está en lo que decía aquel profesor. Que en nuestro interior, siempre sabemos lo que queremos. Y si lo queremos, merece la pena. ¿Solo eso? ¿Así, sin más?
Así. Sin más.
Es cuestión de escucharnos a nosotros mismos y conocernos. Saber nuestros límites, que podemos hacer y que nos hace felices. ¿Hay que hacer sacrificios? Si realmente lo queremos no nos parecerán sacrificios, sino escalones hacia donde queremos llegar. Y una vez hayamos llegado, si seguimos con aliento, miraremos a izquierda y derecha y buscaremos la siguiente cumbre, el siguiente paisaje, la siguiente canción. No tiene sentido vivir para estar sentado.
Claro que nos equivocaremos. Y tendremos heridas y cicatrices que nos harán recelosos. A veces dejaremos pasar oportunidades por cosas que nos pasaron, por miedo a que vuelvan a pasar. Entonces es cuando tenemos que sacudírnoslo de encima. El miedo se supera afrontándolo. La vida es arriesgarse... y equivocarse. Decía otro profesor que olvidamos lo que vemos, recordamos lo que oímos y aprendemos lo que hacemos. Hay que hacerlo y volver a hacerlo hasta que nos quede claro como va. Hay que ganar confianza en nuestra forma de hacer las cosas, nuestra forma de ser, nuestra naturaleza.
No hace falta vivir solo. Ningún hombre es una isla, como decía Milton (tema muy bien tratado en esa peli de Hugh Grant, "about a boy". Lo sé, soy una nena). Lo que hace falta es rodearse de gente que aporte. De gente positiva, fuerte, con ganas de vivir. De gente que nos conozca y no tenga miedo a tocar nuestras cicatrices, que nos abrace de verdad, que nos entienda con una mirada. Y una de las cosas de las que no tenemos que tener miedo es de apartar de nuestra vida a aquellas personas que no lo hagan, que nos lastren. ¿Tenemos razón siempre? Claro que no. Pero tampoco estamos siempre equivocados. Cuando hacemos lo que debemos, en vez de lo que queremos, casi siempre nos equivocamos. Hay que evitar que el ruido de fondo nos impida escucharnos a nosotros mismos.
Y para terminar, una última cita. Esta está sacada de "Generación X". Decía Rilke que, dentro de cada uno de nosotros, existe una carta escrita al mundo. Y que, solo si somos sinceros con nosotros mismos y reales, nos estará permitido leerla antes de morir.
Hay que vivir. Hay que vivir, volviendo a Generación X "historias que merezca la pena ser contadas". Aunque duela.
P.D: Dedicado a sita Nuria.
Levantate con musica
Vive con música. La semana pasada me desperté con "Por una cabeza" de Gardel metido, vaya, en la mía. Luego con "Memory Motel" de los Rolling. Al día siguiente "Let's spend the night together" de los mismos. Hoy con "One in a Million" de los Guns'n'roses. ¿Y mañana? Aaahh. Mañana ya veremos.
Desde que era pibe he conocido gente a través de la música. En una época primitiva que algunos ni sabrán que existía, te colabas en el instituto con una lista de cds y cintas que tenías para grabar y traficabas con ellos. O te llegaba alguien a quién tu no conocías y te decía "oye, tu hermana me ha dicho que escuchas heavy. ¿Te importaría pasarme algún disco?".
Más tarde descubrí internet e hice amigos a través del IRC, en canales con nombres de grupos que me (nos) gustaban. En el ICQ, recuerdo que la afinidad musical y los idiomas eran lo que más buscaba en la gente. Eso y que vivieran en ciudades que quería visitar.
Es importante sentirnos queridos. Pero también es importante ser fiel a nosotros mismos, hacer cosas que nos gustan, disfrutar de la vida. Y a veces algo tan sencillo como una canción nos devuelve a un momento, a una historia, a una parte de nosotros mismos.
Pon canciones nuevas en tu vida. Ve a sitios interesantes y empápate del paisaje, del sonido, de las sensaciones. Mezcla tus emociones. Ponle banda sonora a tu historia. Y cuando empiece el día, recuérdate a ti mismo que aún hay cosas ahí fuera capaz de moverte. Como un violín, por ejemplo.
domingo, 17 de enero de 2016
Algo más sobre el duelo
Hoy charlaba con una colega que lo está pasando mal por eso (el novio la ha dejado) y recordaba algunas de mis experiencias en ese sentido. Primero, recuerdo cuando me dejó Karen y pensaba que se acababa el mundo. ¡Que mal lo pasé! Me acuerdo que me apunté a un curso de inglés para obtener una titulación e hice amistad con gente. Y un día, hablando con una de las chavalas, me decía que a ella también le había pasado hacíai poco y sabía como yo me sentía. Y yo pensaba "¡eso es imposible! ¿Como va a saberlo?".
Jajaja que atrevida es la ignorancia. Como todo, el duelo sigue un proceso y unos pasos que depende de nuestro carácter. Hay cosas que nos van a recordar a la persona que se va, pero tenemos que racionalizar ese recuerdo y desnudarlo de juicios de valor. Primero hay una fase de melancolía, logica, de extrañar a esa persona. Luego viene la fase de los "¿y si...?" y los "¿por qué no...?". Que no es más que un intento de justificar algo que no tiene porqué ser justificado. Después viene la fase de culpabilizar, de "odiar" entre comillas a esa persona que ya no está. Es necesaria, porque no podemos echarla fuera de nuestra mente sino es con un esfuerzo de desagrado.
Yo ahora estoy en esa fase. Tengo miedo de encontrarme con esa persona por mi reacción, pero ya estoy lo suficientemente estable como para no ponerme en ridiculo. Y ojo que uso "estable", porque este proceso es una enfermedad. Hay que pasar las fases como se pasa un sarampión o determinados cursos; aunque no sirva para nada es lo que hay que hacer. Y listo.
El otro día Leti me mandó una foto que ponía "Olvida cuanto te dolió y vuelve a intentarlo". Es así. Existe una proporción directa entre lo que queremos y lo duro que es el duelo. Yo he querido mucho, muchísimo, como los niños. Y al irse, esa persona se ha llevado consigo un trozo enorme de mi. Eso que esas personas se llevan, no se recupera. Es como cuando se muere un ser muy querido; una parte de ti se muere con ellos. Aunque, a diferencia de los seres queridos, esta parte que se llevan vuelve a crecer. Distinta, con otros matices y otras experiencias. No necesariamente más cruel, dura ni fria; eso es nuestro miedo. Pero podemos elegir sustituir la esperanza con más esperanza. Yo no quiero dejar de ser como soy. Solo quiero poder serlo con alguien que lo sepa entender y valorar.
De todo hay que sacar algo bueno. Si no, flaco favor nos estamos haciendo. Esa es, para mi, la lección del duelo. Como decía en "El libro de los Caidos de Malaz" Steven Eriksson, aunque fallemos, aunque caigamos, sabremos que hemos vivido. Y como decía ayer Mel, eso es lo que hay que hacer. Vivir.
jueves, 14 de enero de 2016
Juntate con quién te haga grande
Uno sabe que alguien le importa cuando, al pasarle algo bueno, lo primero que está deseando es ver a esa persona para contarselo. El lunes, al salir del concierto, lo primero que hice fue llamar a mi madre, pobrecita mía que lleva años aguantandome hecho polvo, para decirle que también a veces estoy contento y me pasan cosas buenas. Como los niños pequeños, cuando hacemos algo bueno queremos compartirlo.
Eso debería ir en dos direcciones. Ya otras veces he hablado de la reciprocidad, pero hoy me encontré "obligado" a dar una charla. No me gusta dar lecciones. Yo pienso que la gente aprende con el ejemplo, compartiendo y creando. A veces está bien explicar las cosas, pero no creo en el valor didáctico de la bronca. Quien quiere aprender, presta atención y quién no, da igual lo que hagamos no aprenderá. Pero a veces, la gente se confunde. A veces creemos ver amor donde solo hay amabilidad, a veces creemos ver empatia donde solo hay educación y a veces, olvidamos que la persona que tenemos delante también es una persona. Ese es el momento de plantarse y decir "perdone, pero creo que se está ud equivocando".
Es difícil. A lo bueno se acostumbra uno enseguida y el apoyo incondicional parece eso, incondicional. Todos queremos seguridad, certezas, garantias. Y la vida no funciona así. La vida está aquí y ahora. Mañana viene una rafaga de viento y nos tira. ¿Y? Nos quedamos con lo conseguido hasta hoy. No hay clausulas de seguridad. Hay que ganarse el respeto, el cariño... día a día. Eso no significa que haya que llamar cada día, ni que haya que esconder las miserias. Precisamente el respeto surge de compartir momentos buenos y malos. Pero para compartir hay que confiar.
Hoy le dije a una conocida algo que considero es una gran verdad. Somos gente maravillosa porque nos rodeamos de gente maravillosa. Y nos rodeamos de esa gente porque aportamos en sus vidas. Es una relación dinamica, damos y recibimos constantemente para sumar. A veces parece que vamos mal... pero puede ser una caida. Hasta que volvemos a escuchar a nuestra naturaleza. Cuando miramos a izquierda y derecha y vemos las caras de nuestra manada, de gente a la que respetamos y apreciamos, a la que escuchamos porque tiene algo que aportar... entonces sabemos que vamos bien. Y hay que agarrarse a esa sensación, como se agarra uno cuando va corriendo y no puede más, pero no quiere descolgarse del grupo. Entonces uno aprieta los dientes, endereza la espalda, traga una bocanada de aire... y sigue. Porque en eso consiste la vida. En seguir hasta que no podamos más y entonces, caidos boca arriba mirando al cielo, podamos irnos con una sonrisa de lobo, el pecho lleno de orgullo y la mano de aquellos que queremos y nos esperan al otro lado. Solo así mereceremos vivir, no solo contar días sino realmente vivir.
Como cantaba Extremoduro, Ama, ama y ensancha el alma.
Patitas de araña
Estás esperando alguien para hablar idiomas y pones un cd. Para hacer tiempo, nada especial. Lo pones bajito para poder ir haciendo otras cosas mientras, mirando una pagina web, pensando en tus cosas.
A lo lejos, despacito, suena un piano. Bueno. El piano está ahí. Es bien. Y de repente... algo que se asoma, se insinua entre el terciopelo del comodo silencio. Una parte de tu cerebro alza las orejas, como un perro cuando escucha y se queda ahí parada. Ese sonido... que rasga, que acaricia. Unas patitas de araña que corren por tu piel y te dejan quieto, muy quieto.
Se estira, se despereza como un gato. Ronca voz de bolero, te acaricia el cuello y sientes una tensión en tus entrañas, en tu interior más profundo y vulnerable. ¿Qué es? ¿Qué puede ser eso? ¿Y qué puede ser sino? Las patas de araña que saltan, leves y caen como una pluma, poniendote de puntillas en el sofá.
Y el piano sigue a lo suyo. Un fondo tranquilo, pasos de caballos a lo lejos, mientras el violín (dita sea, lo he dicho) el maldito violín sube y baja, juega contigo, te balancea y te hace suspirar. ¡Que maravilla! ¿Donde ha estado toda mi vida? ¡Y ahí vuelve! Sube hasta el cielo, araña el techo y se queda ahí, mirandote, desafiandote... antes de dejarlo caer y envolverte.
Sientes puertas que se abren y tu primer impulso, niño curioso, es asomarte a ver que puede haber al otro lado. De repente, algo te suena. ¡Ey! ¡Yo a ti te he visto antes! Pero apenas te asomas vuelve a alejarse, imposible fantasma de sombra y de luz (lo siento Becquer). Juega contigo. ¡Y que delicioso juego! Como la esgrima, como la danza, se aleja para acercarse y se acerca mientras se aleja.
¿Como puede haber tantas imagenes en tu mente? Vuelves al mar y al espacio infinito, vuelves al frío y a la oscuridad, vuelves al calor del hogar, vuelves a sentir el drama de la soledad y la victoria del esfuerzo.
Suspiras. Tienes que ponerlo en pausa. ¿Tu no se supone que ibas a estudiar? ¿Qué ha pasado con los últimos quince minutos de tu vida? ¿Y a quién le importa? Te miras el brazo, esperando ver marcas de patitas de araña, quizás besos, quizás corazones. Y cuando ves que todo sigue igual, sientes a partes iguales decepción y alivio. Y miras de reojo al reproductor de musica, preguntandote si esto es amor, como hacerlo para que dure un poquito más, solo un poquito más.
Pero es solo música. O eso te dices a ti mismo, mientras repasas el calendario de conciertos como quién no quiere la cosa y te pones con otras historias, reservandolo para otro momento. ¿Quién sabe? Quizás si sepas como alargarlo un poquito más, solo un poquito más.
miércoles, 13 de enero de 2016
Eres el resultado de tus decisiones
El otro día vi en Fb (sí, ya me va tocando tener una vida) una movida de estas motivacionales todo Paulo Coelho (ganas de matar aumentando) que, a veces, dicen algo guay. Ponía "Los libros que lees y la gente con quién te juntas dicen quién serás dentro de cinco años".
Ey, eso está bien planteado. Porque tiene su punto de verdad. Hoy corriendo pensaba (una cosa suele activar la otra) que me veo joven y me cuido, pero por la actitud que tomo. Que no tengo problemas de pasta... por las decisiones que tomo. Que si, en general, mi vida va como va es porque yo quiero que vaya por ahí y porque, dentro de lo malo, las grandes catastrofes por ahora me están respetando.
Pero esto tiene otra segunda parte. Una de las cosas que tiene hacerse mayor es que vas viendo el resultado de las decisiones que tomó otra gente. A veces ha habido mala suerte y es una lastima. Pero en la mayoria de ocasiones, como decía Karen "A veces te pasan cosas malas porque eres idiota y tomas decisiones equivocadas". Porque insistes en algo que sabes que no va bien. Porque te quedas en tu zona de confort por miedo a arriesgar. Porque no te escuchas a ti mismo y confundes una parte con el todo. Porque te conformas. Hace un rato una amiga me decía que "ella ve a gente como Bruno o a mi y se considera insignificante". Yo no soy gran cosa. Bruno es una maquina. Pero tanto él como yo lo único que tenemos es actitud, talento y voluntad. Solo eso. No se necesita mucho más para ser feliz.
O quizás eso sí es algo grande. Quizás la testarudez para no rendirse, el hambre por conseguir algo, la curiosidad por probar nuevas cosas, la agilidad mental para verlo desde fuera de la caja, la capacidad para empatizar y saber interpretar situaciones... quizás sí que son grandes cosas y tampoco hay porqué venirse abajo. Quizás somos buenos porque nos preocupamos por los demás, porque creemos, porque soñamos, porque nos esforzamos. Quizás lo que nos ha llevado a donde estamos, además de un porcentaje de suerte, sea nuestra ilusión, nuestro espiritu. Y quizás, como decía Karen también el otro día, toca olvidarse de que alguien nos rescate y asumir que somos cien por cien responsables de nuestra vida. Para lo malo sí, pero también para lo bueno.
Así que, como decía el Parra, no le tengas pena a nadie porque entonces no los respetas. Aprende de lo que hicieron bien, aprende de lo que hicieron mal y sigue adelante. Con sencillez, teniendo las cosas claras, pero sin necesidad de hacer reverencias a nadie. Sabiendo que lo que tienes te lo has ganado y dando gracias a los que te han ayudado a hacerlo. Y a seguir adelante, porque cada día es un nuevo comienzo y solo el cambio es constante. A por ello.
Un revoltijo de algunas notas
Esto no está basado en lo del concierto. Otro día, con más tranquilidad, me pondré con eso.
Hoy venía en el bus encajonado (¿A quién se le olvidó tener en cuenta que en invierno la gente va forrada de ropa?) y miraba a mi alrededor. Pantallas. Pantallas all around. En una esquina una mujer con un libro. No es que Madrid haya sido nunca el colmo de la comunicación (hace seis o siete años ya me asombraba de la hosquedad de la gente), pero no sé en que momento de nuestra historia nos hemos convertido en coreanos. En que momento hemos dejado de mirar por la ventana o de ir por la calle viendo donde vamos. El otro día en el concierto -ahí va- , me llamó la atención la gente grabandolo con el móvil. Recordé a Rabanal y su toque de atención en la Catedral de Burgos y vi que tenía razón. Que forma de estropear una experiencia. ¿Quieres guardar ese momento toda tu vida? Primero, dudo mucho que vayas a mirarlo docenas de veces, en tu casa, sintiendote nostalgico. Entre otras cosas porque te darás cuenta de que la reproducción nunca es igual a tu recuerdo y eso te fastidiará. Y segundo, mientras te concentras en poner el movil, en coger el ángulo, que se vea bien... están pasando cosas delante de tus ojos y no te das cuenta.
Tío. Vive. Vive de verdad, aquí y ahora. Disfruta del momento, conversa con la persona que tienes al lado, huele el aire, escucha lo que sucede. A veces tenemos la cabeza a miles de kilometros... pero una pantalla nunca va a sustituir a una sensación de verdad. Por eso los conciertos son mejores que los discos, el cine es mejor que la tele, un café con amigos es mejor que ninguna webcam. Ninguna pantalla puede darte un abrazo de verdad y lo que vas a sacar de ahí, con suerte, va a ser un producto de segunda mano. Lo que no quita que haya gente, como Lady Gato que hoy me ha sacado los colores, a las que solo conozco a través de una pantalla o un folio y, aún así, me llenan de felicidad. Pero insisto, es un entrante. La realidad siempre es más que sus derivados.
También quería escribir algo sobre emociones. Sigo pensando que intentar racionalizar las emociones es como ponerle un filtro a la vida o querer controlar el viento; una perdida de tiempo y de sensación. Lo que hay que hacer con las emociones es no permitir que nos dominen más allá de lo que nuestra personalidad nos sugiera, de forma que las emociones reboten en nuestra naturaleza y den lugar a nuestra conducta, pero no dirijan completamente esta ultima sin pasar por el "centro de mando" de lo que nosotros somos, ese nucleo pesado de protones y neutrones en torno al que giran capas y capas de electrones, que son nuestras respectivas mascaras sociales. Ahora bien, hay que sentir. Dejar de sentir es lo mismo que desvanecerse y eso es una tragedia.
El otro día un compañero tuvo un "detalle" y compartió en facebook un video de una de las violaciones de Fin de Año en Colonia. No sé vé nada especialmente escabroso, apenas una turba acorralando a alguien. Podría ser una broma de Carnavales... sino fuera porque no lo era. Nadie, con una escala de valores medianamente normal, es capaz de ver algo así sin sentir ira. Sin que el cuerpo te pida, con toda la naturalidad con que te pide comer o dormir, que rompas algo o a alguien. Ese detalle de mi colega es algo que no necesitaba, pero no voy a negar que sentir esas emociones es algo natural y positivo. Estoy vivo. Siento empatía hacia otro ser humano, en este caso una victima de abuso. No voy a coger un palo y salir de mi casa a romper cabezas y esa es la decisión a la que mi control de emociones me lleva, pero no me niego a sentir ira, no me avergüenzo de sentir ira, no me frustro. Le busco una salida productiva y util a esa emoción.
Y hablando de frustraciones. El otro día me sorprendí al darme cuenta de lo limitado que es mi espacio vital. No consiento que mi madre me hable de Carnaval porque, para mi, el Carnaval es en Cádiz. Y para vivir frustrado siguiendolo por la radio o la tele.. mejor sigo con mi vida concentrandome aquí y ahora. No debe ser muy bueno eso, pero me mantiene a flote. Evitar que lo que no puedas tener pase de tu "linea del horizonte" a tu "aquí y ahora" hace que no vivas frustrado y puedas concentrarte en lo que tienes alrededor y lo disfrutes mejor. No sé si aprendí eso por mi hermano o por navegar o por... pero me viene genial. Y, aunque parezca un control de emociones, realmente no lo es. Solo controlo el entorno, mi percepción de él, lo que condiciona mis reacciones pero no las reacciones mismas. No se puede querer encerrar el mar. Pero puedes irte a vivir a la montaña.
Demasiadas tonterías seguidas. Voy a hacerme una cena, disfruten de su noche!
lunes, 11 de enero de 2016
Noche de concierto
Que maravilla. Que buen lunes y que buena manera de empezar la semana. Primero, en el curro contento. Me han salido cosas bien, me han cambiado la guardia... todo buenas noticias.
Y luego por la tarde el concierto. Elena Mikhailova en la Fundación Pons, calle Serrano, Madrid. Un concierto gratuito en un sitio que más parecía una casa de lujo que una... ¿fundación? ¿eso que es?
Gente mayor. Media de edad en torno a los sesenta. Un auditorio, por llamarlo de alguna forma, que es una sala en forma de L y en el centro se situa el atril. La violinista es presentada por su hermana: empezó con seis años, entró en la universidad con once, tiene multitud de reconocimientos internacionales...
Con un español complicado la mujer, joven y vestida de Agata Ruiz de la Prada, presenta algo de Bach. El primer tema es enorme, casi veinte minutos de una densidad extrema. Y a medida que pasan los acordes voy cogiendole el rollo. En el papel, ideas que se me van ocurriendo mientras escucho. Y el mundo que surge en la musica, paisajes que imagino, sensaciones que encuentro. El siguiente tema, una dedicatoria de un violinista a otro, habla sobre la amistad, la soledad, la competencia, la alegria... hay tantas emociones contenidas en la musica que me van abrumando. A ratos siento que puedo romperme y a ratos me siento extatico. ¡Que maravilla! ¡Cuanta vida en la musica!
Sigue el violín. Y la musica que pone caras "ey, que bien suena esto" o "dita sea que esto no... ¡ahora!". Es un espectaculo leer su expresión. Más allá de eso, la señorita Mikhailova es herramienta de un arte, vehículo de expresión. Pero no solo transmite, también crea. A ratos se vuelca y derrama una pasión y una fuerza abrumadoras. Aquí el hobbit que les escribe, heavy metal con pintas, reconoce lo que vé como algo propio de los grandes. Y la delicadeza, la dulzura, las emociones... cuanda estira el brazo y la nota vibra, imposible, que parece que te va a romper... y la suelta. Cuando cae con densidad, cuando repite tonos. Una y otra vez una y otra vez... y te vas dejando hechizar, te hundes en la melancolia, te sientes alzar.
Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba de musica en directo. Y creo que nunca había disfrutado de un concierto así, de algo tan sencillo (un solo instrumento, que demonios) y a la vez con tantos matices, tanta profundidad, tantas emociones. He salido de allí saltando, bailando, lleno de musica. Tengo una hoja llena de notas con ideas para escribir, con comentarios, con sensaciones. Con recuerdos y con historias, con vida.
Si puedo, volveré. Y si puedo, arrastraré más gente. Hay que agradecer lo bueno y hoy me han regalado una tarde mágica, de esas que te guardas para volver en los días de tristeza, soledad y frío. Muchas gracías, señorita Mikhailova. Y siga haciendo magia. Siga llevándonos al mar, a las colinas, al hogar, a la amistad, a las despedidas. Siga creando, con un simple trozo de madera con cuerdas, todo un mundo de sensaciones y dejándonos agotados, abrumados, extasiados, deslumbrados. Siga creando y creyendo. Siga maravillándonos.
domingo, 10 de enero de 2016
Abrazos de verdad
Cualquiera que haya trabajado o conozca a chavales con Sindrome de Down o con retraso mental (y lo siento si ofende a alguien, pero es como se llama) sabe perfectamente de lo que hablo. De cuando te dan un abrazo de verdad, con todo el alma, de esos que te duele fisicamente pero por Dios, que no pare. Del que te junta los pedazos, te deja estremecido y te da miedo por cuanto de ti expone.
De ese. Del que te da un niño pequeño que te quiere y hace muchisimo que no te vé, del que te da tu madre cuando llevas medio año fuera. Del que te ancla al suelo, le da un sentido a tu vida y te recuerda que, oye, que hay gente que te quiere. Que algo debes valer en el mundo, cuando te dan un abrazo así.
Hacen falta abrazos de verdad. Mi primer beso con Mar fue así. Le dije "estoy tentado de darte un beso de verdad". Ella me dijo "hazlo". La besé como se besa cuando no sabes, con cuidado, pero ella se tiró en plancha y yo me dejé arrastrar. Ese beso, un beso de verdad, es demasiado intimo y demasiado privado. Uno solo debería compartir ese tipo de besos con gente que realmente supongan un antes y un después en su vida, que se le metan debajo de la piel, aunque luego al arrancarlos se lleven consigo un trozo grande de ti.
Pero los abrazos. Ah esos abrazos. Abrazos de David el Gitano, abrazos como el que le dió mi hermano a Deivid cuando le dejó la novia, abrazos como el del Luichi en el funeral de mi hermano. Abrazos que te dicen "sé que estás mal, pero no estás solo" y en ese momento te das cuenta de cuan mal estás, pero a la vez del dolor viene el cariño, el calor, la esperanza.
No hace mucho me dieron un abrazo así. La Pequeña Princesa. Un abrazo que te hace suspirar y te recuerda que merece la pena vivir. No hace mucho bromeaba sobre mi alimentación y decía que me alimento de bocadillos de salchichas, maldad y, al menos, un abrazo a la semana.
Hacen falta esos abrazos. Hace falta más realidad en la realidad.
Libertad y respeto
Soy un pobre ingenuo. No sé quién me decía el otro día que soy un Quijote. Pero me encuentro con conversaciones en las que hablo de libertad y de como, automaticamente asociada a ella, existe el concepto de responsabilidad. Que somos adultos y podemos (y debemos) hacer lo que queramos. Eso nos convierte en malas influencias. Porque cuando hablas de una libertad tan absoluta, sin limites, enseguida te surge el tema del respeto. De las leyes. De los niños, ¿es qué nadie va a pensar en los niños?
Señora. Por favor. La libertad no está exenta de responsabilidad y existe un respeto que surge de dicha responsabilidad. Pero eso también es una decisión. ¿Me entiende? No consiste en las Tablas de la Ley entregadas por Moisés a los hombres, sino del Imperativo Categórico que surge con Kant.
Pero no somos adultos. Somos niños y nos gusta que nos lleven de la mano, que nos tapen con mantas, que nos diga que todo va a salir bien. Buscamos seguridad, que es la forma bonita de decir que tenemos miedo. Y tenemos miedo de que nos hieran, nos mientan, nos sintamos solos... Bueno, bienvenido al mundo real. Decía una amiga que las cicatrices son hermosas, porque muestran que donde hubo una herida ahora hay algo que ha curado. Yo quiero vivir. Quiero equivocarme aunque duela, pero quiero equivocarme siendo consciente y tomando mis propias decisiones.
Quizás es que pido demasiado. Quizás sería mejor mentir, asentir con la cabeza, decirle a la gente lo que quiere oír y salirme con la mía. O sublimar los sentidos, drogarme con sensaciones, emociones, fantasías. Quizás sería más fácil dejar de sentir, dejar de vivir. Pero entonces no podría respetarme a mi mismo y... vaya. Curiosamente el respeto no surge del acatamiento de la norma, sino de la creencia firme en el valor que dicha norma representa. Lo que son las cosas.
Hay que aprender a rebelarse, para aprender a obedecer. Hay que aprender lo que cuesta la libertad, para saber respetarla.
sábado, 9 de enero de 2016
Recogiendo los cristales rotos
Este es el fin de una mala semana, en un mal mes, en un mal año. Es una semana en la que he hecho cosas que no me gustan, porque son las que hay que hacer. Que he tomado decisiones y dicho cosas que luego he lamentado. Una semana en la que he bebido demasiado, por nada y para nada, una semana donde he tenido pesadillas, comido mal, hecho demasiado deporte para no pensar. El último coletazo de las fiestas y la despedida de dos mil dieciseis me ha arrancado otro trozo de la sonrisa.
Hace tiempo le decía a una amiga que el problema no es que el frío se te meta debajo de la piel, sino olvidar como es el calor. Porque te levantas y vas a por ello, peleas, vuelves a pelear... pero hay días que te cansas. Esos son los días para recogerte en casa, ponerte algo de musica que te guste o una peli que te interese o coger un libro que te motive... algo. Y volver a ser tu mismo. Es un día para recoger tus pedazos y prepararte para otro asalto. Para seguir llenando paginas de una historia que, algún día, esperas poder contarle a alguien especial Y a intentar darle un tono épico a esa historia.
Se me está yendo mucho la cabeza. Según venía de vuelta he visto a la gemela de mi archienemiga. Tanto se parecía, que me he parado y he preguntado "¿Luciana?". La muchacha ha hecho que no con la cabeza, pero eran dos gotas de agua. Lo unico que me ha hecho dudarlo es que parecía más alta. Pero... ¿y si me equivoco? Puede ser que ese "no" con la cabeza fuera un "no quiero saber de ti". Ultimamente colecciono de esos.
Tengo un nuevo regalo. Una brujula. Es la segunda que me dan en menos de seis meses. Creo que el universo intenta decirme algo. Quizás debería apuntar en alguna dirección y seguir ese rumbo. Pero... ¿A dónde? Puedo volver al sur, claro. Siempre me quedará el sur. ¿Y qué hay en el sur? Nada. Nada porque todos estamos de paso, porque estoy solo. Lejos, muy lejos. Y solo, muy solo.
Estoy intentando aprender el idioma de aquí pero no hay manera. La normalidad no es lo mío, pero la anormalidad en esta ciudad está especializada y falta tiempo, siempre falta tiempo. He intentado seguir los consejos pero son demasiado contrarios a mí. Muy lejos de casa. ¿Y donde es "casa"? Donde quieres y te quieren. Pero por muchas brujulas que tenga, ninguna apuntan a casa.
P.D: Radi me decía ayer que aprende mucho conmigo. Que curioso. Soy yo el que está aprendiendo mucho de ella. Y aún así, casi no nos comunicamos. Quizás es mejor aprender solo. Tan solo.
Que facil debe ser un mundo de absolutos
Que facil debe ser vivir donde todo es blanco o negro. Donde algunas cosas están siempre bien o siempre están mal. Donde uno sabe lo que quiere de la otra persona, igualando por abajo. Donde no esperamos de los demás, exigimos un comportamiento de acuerdo a determinadas normas morales que nadie se ha cuestionado. Porque son incuestionables. Porque el mero hecho de preguntarse ¿por qué? ya te hace sospechoso de herejia.
No sé porqué me molesta tanto. Debe ser porque yo vivo de hacer preguntas y nunca he acabado de aceptar eso de "Cuando seas mayor lo entenderás". Porque me enseñaron eso mismo, a tomar mis propias decisiones y a elegir de acuerdo a mis circunstancias. Porque la vida me ha enseñado que, lo que está mal para una persona, para otra está bien. Donde el respeto no surge de la obediencia ciega a la norma, sino del acuerdo voluntario entre personas y credos. Llamadme ingenuo pero no quiero que me juzguen de acuerdo a decisiones que no he tomado yo. No creo que sea justo. Y, aunque podemos discutir en lo que creemos que es correcto o equivocado, en nuestro interior yo creo que tenemos una idea de lo que significa la justicia.
Menos mal que estoy loco. Pero que pena que siempre haya tanta pega.
jueves, 7 de enero de 2016
Qué eres
Ayer por la noche me encontré por internet a una mujer que me hizo un cuestionario. Algunas preguntas eran curiosas, como por ejemplo si me gustaba cocinar, conducir o bailar. Se supone que las preguntas dicen mucho de nosotros -por eso las entrevistas de trabajo son como son-, pero me recordó mucho a esa parte de "El Principito", donde el protagonista comenta que los adultos siempre hacen las preguntas equivocadas, como "¿a qué te dedicas?" o "¿como es tu casa?" en lugar de preguntar cual es tu color favorito o a qué te gusta jugar.
¿Qué somos? Casi todos nos presentamos con "soy X, hago esto, vengo de ahí" adaptándonos a determinados clichés para referenciarnos. Intentamos encajar, ajustándonos a una norma, cuando como pasa con determinados idiomas tenemos más excepciones que leyes. O al menos algunos de nosotros, la gente que yo considero que es realmente interesante, las tenemos. Es como el tema de las lecturas. Decía Pérez-Reverte "guárdate de las personas de un solo libro". Es verdad. Una de las formas más fáciles, para mí, de conocer a una persona es acercarse a sus gustos. Música. Libros. Pelis. Viajes. Aficiones. Quizás por eso lo de cocinar, conducir y bailar. Es volver a la pregunta de ¿coges la mochila o cocinas tartas? Mucha gente te dirá que hace ambas. Sí. También hay gente que habla alemán y francés, pero tendemos a vivir en áreas y a evitar los extremos. Desconfío de la especialización, porque te resta flexibilidad.
¿Qué soy? Me gusta curiosear. Me gusta hacerme preguntas. Me gusta llevar la contraria. Me gusta andar rápido, besar con ganas, disfrutar de un paisaje, ver pelis en familia. Me gusta esforzarme y conseguir cosas, la música heavy, aprender idiomas, mezclarme con el entorno. Leer y escribir. Me gusta dar los buenos días con un abrazo, escuchar canciones tristes, el té muy fuerte, hacerme una bola en el sofá, la sensación de desconexión del mundo cuando llevas un rato corriendo o nadando.
No me gusta conducir. No me gusta cocinar. Solo me gusta bailar con determinadas personas (hasta ahora, dos). No me gusta el sueño burgués de casa, coche y perro. No me gustan las tartas los domingos. No me gusta el queso, el chocolate, los "esto es así porque es así", el confundir la parte con el todo, la falta de respeto. No me gustan los cuestionarios que se supone te explican como soy.
No me gusta ser. Prefiero "estar siendo", porque la vida se vive en un tiempo continuo y no en presente simple. Me gusta lo sencillo, pero vive Dios que no me gusta lo simple.
martes, 5 de enero de 2016
Una cultura de la mediocridad
Una de las cosas que delata que somos una cultura de mediocres es nuestra tendencia a excusarnos por tener éxito. Como si el hecho de que me fuera bien (tuviera un buen trabajo, estuviera contento, en forma... ) fuera algo de lo que avergonzarme. Como si en lugar de esforzarse para imitar y superar a gente que considero está por encima mía, lo adecuado fuera hacerles sentir mal. Siendo todos iguales pero por abajo, en nuestra incompetencia e incapacidad. Presumiendo de no leer un libro, mirando mal a quién destaca. "Pedante" "creido" y demás insultos, no contra la persona que los sufre sino contra nosotros mismos.
Hay dos conceptos distintos que tendemos a confundir. Uno es la modestia y otro la humildad. La modestia consiste en hacer las cosas bien, saliendose de la norma, pero de forma que no levante olas. Ser modesto es ser discreto, elegante y me parece algo sumamente correcto. No hay necesidad de pavonearse.
La humildad va un paso más allá. La humildad consiste casi en eso, en pedir perdón por hacer las cosas bien y es claramente excesivo. Hay un momento para ello -no se come delante de pobre, ni tiene sentido humillar a alguien cuando puede evitarse-, pero como norma de conducta es perjudicial para nosotros, porque tiende a minar nuestra autoestima y termina haciendonos dudar de nosotros mismos.
Ya alguna vez he dicho que no presumo de lo que tengo en la vida. No considero que sea especialmente dotado, ni tenga nada especial. Pero tampoco dudo de lo que tengo y soy. Tengo muchos amigos porque soy un buen tío, tengo exito en el trabajo porque soy serio. Tengo y hago lo que soy, y haciendolo me reafirmo. Y, por muy mal que le siente a alguna gente que ha tomado otras decisiones, no voy a vivir la vida que ellos querrían vivir. Solo faltaría. Igual que yo no acostumbro decirle a nadie "es que trabajas pocas/muchas horas" o "yo que tu haría...", no voy a consentir que nadie lo haga conmigo.
Y ahora me voy a la piscina. A ver si está abierta y puedo desahogarme un poco braceando. Portaros mal gente. Pero portaros mal a conciencia, sin pedir perdón por ello ni esperar que os pongan una medalla. Simplemente, sed vosotros mismos y haced las cosas por y para vosotros. Lo demás ya irá saliendo. O no. Pero mientras seais honestos con vosotros mismos, mientras os escucheis y no impongais vuestros prejuicios a vuestra vida, todo irá bien. Evitad eso que le pasaba a esa chavala, de querer que el mundo sea como nosotros queremos en lugar de como es. Disfrutadlo. Y no lamentéis nada.
domingo, 3 de enero de 2016
Gracías por venir a molestarme
Otra vez apareces en mis sueños. Esta vez de la forma más estupida. Soñé que estaba chateando, en el IRC (soy un viejo) y en un canal me aparecían las banderitas de la gente. Y todos eran guiris menos un nombre español... que resultó ser tu. Y tenías de perfil una foto tuya con cara de hacer el tonto.
Tenía que haber hecho caso al profesor cuando me dijo que siguiera a lo mío y no te hiciera caso. Aunque por otro lado, también me habría perdido momentos magicos. Que ha habido unos pocos. Y reflexiones interesantes. Pero ya está bien. Tu decidiste largarme, ¿no? Pues largo. Y aquí acaba todo. Ojalá hubiera acabado mejor, pero no siempre se tiene lo que se quiere. Yo tengo una última carta para ti... que no la mandaré porque no tiene sentido. Es seguir meneando el cadáver, un zombi que lleva años muerto. Aliusha tenía razón. Ayer ordenando mis emails aparecieron correos tuyos de dos mil doce... luego hay un hueco en dos mil trece y el año pasado volvemos a la carga. No tenemos remedio. Nos dedicamos a hacernos daño usando a los demás y, cuando coincide que los dos estamos mal, rompemos. Es un esfuerzo inutil y tanto tu como yo tenemos cosas mejores que hacer con nuestro tiempo.
Así que gracías por todo lo bueno. Y no vuelvas a venir a mis sueños. Adios.
sábado, 2 de enero de 2016
Que no te hagan sentir solo
El otro día Radi me comentaba que, siempre que habia salidp con alguien, al final se sentía sola. Yo nolo entendía, ¿ como puede ser eso ? Acompañado y sentirse solo...
Hasta que hace un mes lo descubrí. Ya otras veces me había pasado con colegas, pero nunca con alguien a quién yo podía sentir como una pareja. Y realmente es una sensación terrible, la impresión de que hagas lo que hagas no vas a poder comunicarte con esa persona que está a tu lado, aunque tu lo quieras muchisimo. Pero la comunicación no es una cuestión de esfuerzo y voluntad, sino de empatia y quimica y, cuando eso no sale, no tiene sentido insistir.
Continuaré mañana. Toy algo dormido.
Hasta que hace un mes lo descubrí. Ya otras veces me había pasado con colegas, pero nunca con alguien a quién yo podía sentir como una pareja. Y realmente es una sensación terrible, la impresión de que hagas lo que hagas no vas a poder comunicarte con esa persona que está a tu lado, aunque tu lo quieras muchisimo. Pero la comunicación no es una cuestión de esfuerzo y voluntad, sino de empatia y quimica y, cuando eso no sale, no tiene sentido insistir.
Continuaré mañana. Toy algo dormido.
Sabios consejos
Hoy venía por la calle y me encontré a una chica que me ha llamado la atención otras veces, una dependienta de una tienda aquí cerca. La saludé, me respondió y me di cuenta de que era guapisima.
Ok, lo reconozco. Suelo estar bastante distraido. Es algo que todos los genios tenemos en común.
El caso es que me acordé de algo. Hace muchos años, cuando estaba embarcado, tenía una amiga muy sabia. Mi amiga venía de vuelta de muchas cosas y me dió algun que otro consejo. Una vez, a proposito de esto, me dijo "Ale, a ti te gustan las mujeres guapisimas. Y eso es un problema".
Según llegué a casa y me puse a limpiar reflexioné sobre el tema. Yo no soy guapisimo. Tampoco me muevo en un entorno de gente guapisima, no voy a discotecas ni estrenos de cine ni, en general, me muevo en el ambiente de mi colega Niki. Así que, que me gusten mujeres guapisimas, es una disonancia cognitiva. Sería una fuente de frustración terrible en mi vida, si no fuera porque me he liado con alguna que otra y podría volver a hacerlo. En mi liga soy de los primeros y, sabiendo jugar mis cartas, puedo dar la sorpresa. El caso es que me gustan los desafíos y termino, claro, teniendo historias con mujeres guapisimas, medio desquiciadas, inteligentes, creativas y que, en general, son un problemón.
Así que bueno. Adios dependienta. Ya he tenido bastantes problemas este año.
Volviendo a mi amiga del barco, ella presumía de ser una persona extremadamente racional y de tener sus emociones atadas con correa. Mar, la última vez que nos vimos, hablaba de lo mismo. Pero tanto en un caso como en otro me parece que hay una corriente de frustración. Ese "atar las emociones" solo implica que las emociones son menos reales. Implica vivir con miedo, controlando siempre el riesgo, lo que para mi equivale a vivir a medias. En el final de "Vencedores o vencidos", un personaje le dice a otro "Es ud un maestro de la lógica. Pero recuerde, lo más lógico no siempre es lo más justo".
Justicia. ¿Podemos ser justos con nosotros mismos? ¿Podemos permitirnos desarrollar nuestro potencial, ser quienes queremos y debemos ser, a la vez que evitamos hacernos pedazos ? Que bueno sería tener la respuesta a esa pregunta.
viernes, 1 de enero de 2016
Que el pasado no te muerda el culo
Llevo un par de días con "hace x tiempo...". Normal por otro lado, estas fechas son muy melancolicas. Incluso he estado tentado de revisar antiguas amistades, escribir a ex novias...
¡Eh! ¡Alto ahí! Ni hablar. Si no les hablas durante todo el año, será por algo. La trampa de la melancolía, al igual que la trampa de los celos, la envidia, el rencor... es pensar que "tampoco pasa nada" o que "es normal". No no, quieto. El pasado está ahí como referencia. Está bien volver a él de vez en cuando, sobre todo para traer buenos recuerdos o lecciones útiles. Pero hay que saber conjugar los verbos y entender que "fue" no es lo mismo que "era". Era todavía nos da pie a que la historia continue, mientras que si algo "fue" es porque ya no va a ser nunca más. Eso es válido no solo sobre exes. Cosas que hicimos y que no volveremos a hacer, sitios a los que fuimos a los que no vamos a volver... Tengo una caja de cartas llena de cosas que me mandó gente de la que hace años que no sé nada. Y está bien que sea así. Vivimos hacía delante. Decía Pepe Mujica que cargamos una mochila de dolor, pero que no se puede vivir mirando para la mochila. A veces está bien asomarse y sacar cosas, pero en general es importante recordar que, la melancolia, es un respiro en el camino.
Hoy mi psico escribió algo buenisimo sobre días especiales. Vivimos cronologicamente: acaba un año y empieza otro. Pero realmente no es así. Acaba un día y empieza otro, los años son espacios demasiado grandes. ¿En qué he cambiado yo entre ayer y hoy? Es importante entender que se vive aquí y ahora y no tener más proposito que ser feliz. Aquí. Y ahora. Luego los detalles ya os los dejo a uds.
Tal día como hoy...
Hoy me he levantado, he encendido el movil y me he encontrado una docena de mensajes de feliz año, que me habrían llegado durante la noche y a los que no eché cuenta. Al contrario que otros años, el fin de dos mil quince no ha traido una oleada de extranjeros y diferentes husos horarios indicandome lo felices que están de que este año empiece. Quizás porque no han sido cincuenta mensajes o quizás por otra cosa, me ha llamado la atención el de Karen.
Karen. Hace diez años, Karen y yo nos despertamos tal día como hoy. Ella llevaba tres días en España, que eran los que hacía que fisicamente nos conociamos. Antes habiamos estado escribiendonos durante casi dos años. Estabamos en casa de unos amigos míos, que se habían ido a su pueblo con su familia y nos la habían dejado para que tuvieramos algo de intimidad. No pasó nada, claro. Karen era evangelista y esa gente se casan virgenes. Recuerdo que estuvimos contando historias y haciendonos cosquillas hasta que nos dormimos abrazados. Al día siguiente me desperté antes, la moví, se enfadó y me tiró de la cama de una patada. Así empecé dos mil seis,un año en el que mi futuro parecía una línea recta.
Creo que, si en ese momento alguien hubiera venido y me hubiera dicho lo que iba a ser mi vida, me habría reido. ¿Alistarme? ¿Que muriera mi hermano? ¿Qué Karen me dejara, pensara que se acababa el mundo y conociera a otra que me hiciera olvidarla? Siempre quise viajar, pero ni en mis más locos sueños en aquella epoca podría haber adelantado cuanto iba a hacerlo. De los colegas y amigos que tenía en esa epoca, ya no queda casi ninguno. Mi familia ha cambiado de casa dos veces en este tiempo. Yo ahora tengo menos pelo, más arrugas, estoy más grande -que no más gordo. Bueno, un poco- y, cuando sonrío, a veces se me tuerce la boca porque esa sonrisa pesa. Tengo muchas cicatrices, muchísimas, que en esa epoca no podía ni imaginarme que me haría. Pero vivir desgasta y yo he vivido -y a veces vivo- mucho.
Ese día de dos mil seis hacía frío. Pero la maldita idiota esta sabía como quitarmelo, a base de bromas y cariño. Cada uno da lo que recibe y yo, a veces, consigo espantarle el frío a la gente de mi alrededor de la misma forma. De todo lo que he aprendido en este tiempo, me quedo con eso. Con que cada uno da lo que recibe y con que venimos a este mundo para suponer una diferencia. Vamos a ello. Feliz dos mil dieciseis, malditos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)