miércoles, 13 de enero de 2016
Eres el resultado de tus decisiones
El otro día vi en Fb (sí, ya me va tocando tener una vida) una movida de estas motivacionales todo Paulo Coelho (ganas de matar aumentando) que, a veces, dicen algo guay. Ponía "Los libros que lees y la gente con quién te juntas dicen quién serás dentro de cinco años".
Ey, eso está bien planteado. Porque tiene su punto de verdad. Hoy corriendo pensaba (una cosa suele activar la otra) que me veo joven y me cuido, pero por la actitud que tomo. Que no tengo problemas de pasta... por las decisiones que tomo. Que si, en general, mi vida va como va es porque yo quiero que vaya por ahí y porque, dentro de lo malo, las grandes catastrofes por ahora me están respetando.
Pero esto tiene otra segunda parte. Una de las cosas que tiene hacerse mayor es que vas viendo el resultado de las decisiones que tomó otra gente. A veces ha habido mala suerte y es una lastima. Pero en la mayoria de ocasiones, como decía Karen "A veces te pasan cosas malas porque eres idiota y tomas decisiones equivocadas". Porque insistes en algo que sabes que no va bien. Porque te quedas en tu zona de confort por miedo a arriesgar. Porque no te escuchas a ti mismo y confundes una parte con el todo. Porque te conformas. Hace un rato una amiga me decía que "ella ve a gente como Bruno o a mi y se considera insignificante". Yo no soy gran cosa. Bruno es una maquina. Pero tanto él como yo lo único que tenemos es actitud, talento y voluntad. Solo eso. No se necesita mucho más para ser feliz.
O quizás eso sí es algo grande. Quizás la testarudez para no rendirse, el hambre por conseguir algo, la curiosidad por probar nuevas cosas, la agilidad mental para verlo desde fuera de la caja, la capacidad para empatizar y saber interpretar situaciones... quizás sí que son grandes cosas y tampoco hay porqué venirse abajo. Quizás somos buenos porque nos preocupamos por los demás, porque creemos, porque soñamos, porque nos esforzamos. Quizás lo que nos ha llevado a donde estamos, además de un porcentaje de suerte, sea nuestra ilusión, nuestro espiritu. Y quizás, como decía Karen también el otro día, toca olvidarse de que alguien nos rescate y asumir que somos cien por cien responsables de nuestra vida. Para lo malo sí, pero también para lo bueno.
Así que, como decía el Parra, no le tengas pena a nadie porque entonces no los respetas. Aprende de lo que hicieron bien, aprende de lo que hicieron mal y sigue adelante. Con sencillez, teniendo las cosas claras, pero sin necesidad de hacer reverencias a nadie. Sabiendo que lo que tienes te lo has ganado y dando gracias a los que te han ayudado a hacerlo. Y a seguir adelante, porque cada día es un nuevo comienzo y solo el cambio es constante. A por ello.
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