jueves, 14 de enero de 2016
Patitas de araña
Estás esperando alguien para hablar idiomas y pones un cd. Para hacer tiempo, nada especial. Lo pones bajito para poder ir haciendo otras cosas mientras, mirando una pagina web, pensando en tus cosas.
A lo lejos, despacito, suena un piano. Bueno. El piano está ahí. Es bien. Y de repente... algo que se asoma, se insinua entre el terciopelo del comodo silencio. Una parte de tu cerebro alza las orejas, como un perro cuando escucha y se queda ahí parada. Ese sonido... que rasga, que acaricia. Unas patitas de araña que corren por tu piel y te dejan quieto, muy quieto.
Se estira, se despereza como un gato. Ronca voz de bolero, te acaricia el cuello y sientes una tensión en tus entrañas, en tu interior más profundo y vulnerable. ¿Qué es? ¿Qué puede ser eso? ¿Y qué puede ser sino? Las patas de araña que saltan, leves y caen como una pluma, poniendote de puntillas en el sofá.
Y el piano sigue a lo suyo. Un fondo tranquilo, pasos de caballos a lo lejos, mientras el violín (dita sea, lo he dicho) el maldito violín sube y baja, juega contigo, te balancea y te hace suspirar. ¡Que maravilla! ¿Donde ha estado toda mi vida? ¡Y ahí vuelve! Sube hasta el cielo, araña el techo y se queda ahí, mirandote, desafiandote... antes de dejarlo caer y envolverte.
Sientes puertas que se abren y tu primer impulso, niño curioso, es asomarte a ver que puede haber al otro lado. De repente, algo te suena. ¡Ey! ¡Yo a ti te he visto antes! Pero apenas te asomas vuelve a alejarse, imposible fantasma de sombra y de luz (lo siento Becquer). Juega contigo. ¡Y que delicioso juego! Como la esgrima, como la danza, se aleja para acercarse y se acerca mientras se aleja.
¿Como puede haber tantas imagenes en tu mente? Vuelves al mar y al espacio infinito, vuelves al frío y a la oscuridad, vuelves al calor del hogar, vuelves a sentir el drama de la soledad y la victoria del esfuerzo.
Suspiras. Tienes que ponerlo en pausa. ¿Tu no se supone que ibas a estudiar? ¿Qué ha pasado con los últimos quince minutos de tu vida? ¿Y a quién le importa? Te miras el brazo, esperando ver marcas de patitas de araña, quizás besos, quizás corazones. Y cuando ves que todo sigue igual, sientes a partes iguales decepción y alivio. Y miras de reojo al reproductor de musica, preguntandote si esto es amor, como hacerlo para que dure un poquito más, solo un poquito más.
Pero es solo música. O eso te dices a ti mismo, mientras repasas el calendario de conciertos como quién no quiere la cosa y te pones con otras historias, reservandolo para otro momento. ¿Quién sabe? Quizás si sepas como alargarlo un poquito más, solo un poquito más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario