domingo, 17 de enero de 2016

Algo más sobre el duelo


Hoy charlaba con una colega que lo está pasando mal por eso (el novio la ha dejado) y recordaba algunas de mis experiencias en ese sentido. Primero, recuerdo cuando me dejó Karen y pensaba que se acababa el mundo. ¡Que mal lo pasé! Me acuerdo que me apunté a un curso de inglés para obtener una titulación e hice amistad con gente. Y un día, hablando con una de las chavalas, me decía que a ella también le había pasado hacíai poco y sabía como yo me sentía. Y yo pensaba "¡eso es imposible! ¿Como va a saberlo?".
Jajaja que atrevida es la ignorancia. Como todo, el duelo sigue un proceso y unos pasos que depende de nuestro carácter. Hay cosas que nos van a recordar a la persona que se va, pero tenemos que racionalizar ese recuerdo y desnudarlo de juicios de valor. Primero hay una fase de melancolía, logica, de extrañar a esa persona. Luego viene la fase de los "¿y si...?" y los "¿por qué no...?". Que no es más que un intento de justificar algo que no tiene porqué ser justificado. Después viene la fase de culpabilizar, de "odiar" entre comillas a esa persona que ya no está. Es necesaria, porque no podemos echarla fuera de nuestra mente sino es con un esfuerzo de desagrado.
Yo ahora estoy en esa fase. Tengo miedo de encontrarme con esa persona por mi reacción, pero ya estoy lo suficientemente estable como para no ponerme en ridiculo. Y ojo que uso "estable", porque este proceso es una enfermedad. Hay que pasar las fases como se pasa un sarampión o determinados cursos; aunque no sirva para nada es lo que hay que hacer. Y listo.
El otro día Leti me mandó una foto que ponía "Olvida cuanto te dolió y vuelve a intentarlo". Es así. Existe una proporción directa entre lo que queremos y lo duro que es el duelo. Yo he querido mucho, muchísimo, como los niños. Y al irse, esa persona se ha llevado consigo un trozo enorme de mi. Eso que esas personas se llevan, no se recupera. Es como cuando se muere un ser muy querido; una parte de ti se muere con ellos. Aunque, a diferencia de los seres queridos, esta parte que se llevan vuelve a crecer. Distinta, con otros matices y otras experiencias. No necesariamente más cruel, dura ni fria; eso es nuestro miedo. Pero podemos elegir sustituir la esperanza con más esperanza. Yo no quiero dejar de ser como soy. Solo quiero poder serlo con alguien que lo sepa entender y valorar.
De todo hay que sacar algo bueno. Si no, flaco favor nos estamos haciendo. Esa es, para mi, la lección del duelo. Como decía en "El libro de los Caidos de Malaz" Steven Eriksson, aunque fallemos, aunque caigamos, sabremos que hemos vivido. Y como decía ayer Mel, eso es lo que hay que hacer. Vivir.

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