lunes, 18 de enero de 2016
Vivir es correr riesgos
El sábado charlaba con una colega que está a punto de empezar un proyecto. Es una idea complicada y me comentaba que la gente le aconseja que no se arriesgue, que vaya a lo cómodo, pero que ella prefiere intentarlo. Ahora que no tiene nada que la ate ni compromisos... ¿por qué no?
Esa es la pregunta que me ha mantenido en movimiento durante todos estos años. ¿Por qué no? Si te gusta algo... inténtalo. Planea como, ve a por ello, hazlo. A veces te equivocarás (como aquel viaje a Brasil), pero incluso de los errores obtendrás lecciones valiosas, experiencias e historias que contar. Esto, que la chavala del sábado y yo veíamos tan fácil, es mucho más complicado de asumir e interiorizar. ¿Cómo sabemos si merece la pena? Bueno, la clave está en lo que decía aquel profesor. Que en nuestro interior, siempre sabemos lo que queremos. Y si lo queremos, merece la pena. ¿Solo eso? ¿Así, sin más?
Así. Sin más.
Es cuestión de escucharnos a nosotros mismos y conocernos. Saber nuestros límites, que podemos hacer y que nos hace felices. ¿Hay que hacer sacrificios? Si realmente lo queremos no nos parecerán sacrificios, sino escalones hacia donde queremos llegar. Y una vez hayamos llegado, si seguimos con aliento, miraremos a izquierda y derecha y buscaremos la siguiente cumbre, el siguiente paisaje, la siguiente canción. No tiene sentido vivir para estar sentado.
Claro que nos equivocaremos. Y tendremos heridas y cicatrices que nos harán recelosos. A veces dejaremos pasar oportunidades por cosas que nos pasaron, por miedo a que vuelvan a pasar. Entonces es cuando tenemos que sacudírnoslo de encima. El miedo se supera afrontándolo. La vida es arriesgarse... y equivocarse. Decía otro profesor que olvidamos lo que vemos, recordamos lo que oímos y aprendemos lo que hacemos. Hay que hacerlo y volver a hacerlo hasta que nos quede claro como va. Hay que ganar confianza en nuestra forma de hacer las cosas, nuestra forma de ser, nuestra naturaleza.
No hace falta vivir solo. Ningún hombre es una isla, como decía Milton (tema muy bien tratado en esa peli de Hugh Grant, "about a boy". Lo sé, soy una nena). Lo que hace falta es rodearse de gente que aporte. De gente positiva, fuerte, con ganas de vivir. De gente que nos conozca y no tenga miedo a tocar nuestras cicatrices, que nos abrace de verdad, que nos entienda con una mirada. Y una de las cosas de las que no tenemos que tener miedo es de apartar de nuestra vida a aquellas personas que no lo hagan, que nos lastren. ¿Tenemos razón siempre? Claro que no. Pero tampoco estamos siempre equivocados. Cuando hacemos lo que debemos, en vez de lo que queremos, casi siempre nos equivocamos. Hay que evitar que el ruido de fondo nos impida escucharnos a nosotros mismos.
Y para terminar, una última cita. Esta está sacada de "Generación X". Decía Rilke que, dentro de cada uno de nosotros, existe una carta escrita al mundo. Y que, solo si somos sinceros con nosotros mismos y reales, nos estará permitido leerla antes de morir.
Hay que vivir. Hay que vivir, volviendo a Generación X "historias que merezca la pena ser contadas". Aunque duela.
P.D: Dedicado a sita Nuria.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario