jueves, 14 de enero de 2016
Juntate con quién te haga grande
Uno sabe que alguien le importa cuando, al pasarle algo bueno, lo primero que está deseando es ver a esa persona para contarselo. El lunes, al salir del concierto, lo primero que hice fue llamar a mi madre, pobrecita mía que lleva años aguantandome hecho polvo, para decirle que también a veces estoy contento y me pasan cosas buenas. Como los niños pequeños, cuando hacemos algo bueno queremos compartirlo.
Eso debería ir en dos direcciones. Ya otras veces he hablado de la reciprocidad, pero hoy me encontré "obligado" a dar una charla. No me gusta dar lecciones. Yo pienso que la gente aprende con el ejemplo, compartiendo y creando. A veces está bien explicar las cosas, pero no creo en el valor didáctico de la bronca. Quien quiere aprender, presta atención y quién no, da igual lo que hagamos no aprenderá. Pero a veces, la gente se confunde. A veces creemos ver amor donde solo hay amabilidad, a veces creemos ver empatia donde solo hay educación y a veces, olvidamos que la persona que tenemos delante también es una persona. Ese es el momento de plantarse y decir "perdone, pero creo que se está ud equivocando".
Es difícil. A lo bueno se acostumbra uno enseguida y el apoyo incondicional parece eso, incondicional. Todos queremos seguridad, certezas, garantias. Y la vida no funciona así. La vida está aquí y ahora. Mañana viene una rafaga de viento y nos tira. ¿Y? Nos quedamos con lo conseguido hasta hoy. No hay clausulas de seguridad. Hay que ganarse el respeto, el cariño... día a día. Eso no significa que haya que llamar cada día, ni que haya que esconder las miserias. Precisamente el respeto surge de compartir momentos buenos y malos. Pero para compartir hay que confiar.
Hoy le dije a una conocida algo que considero es una gran verdad. Somos gente maravillosa porque nos rodeamos de gente maravillosa. Y nos rodeamos de esa gente porque aportamos en sus vidas. Es una relación dinamica, damos y recibimos constantemente para sumar. A veces parece que vamos mal... pero puede ser una caida. Hasta que volvemos a escuchar a nuestra naturaleza. Cuando miramos a izquierda y derecha y vemos las caras de nuestra manada, de gente a la que respetamos y apreciamos, a la que escuchamos porque tiene algo que aportar... entonces sabemos que vamos bien. Y hay que agarrarse a esa sensación, como se agarra uno cuando va corriendo y no puede más, pero no quiere descolgarse del grupo. Entonces uno aprieta los dientes, endereza la espalda, traga una bocanada de aire... y sigue. Porque en eso consiste la vida. En seguir hasta que no podamos más y entonces, caidos boca arriba mirando al cielo, podamos irnos con una sonrisa de lobo, el pecho lleno de orgullo y la mano de aquellos que queremos y nos esperan al otro lado. Solo así mereceremos vivir, no solo contar días sino realmente vivir.
Como cantaba Extremoduro, Ama, ama y ensancha el alma.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario