viernes, 1 de enero de 2016
Tal día como hoy...
Hoy me he levantado, he encendido el movil y me he encontrado una docena de mensajes de feliz año, que me habrían llegado durante la noche y a los que no eché cuenta. Al contrario que otros años, el fin de dos mil quince no ha traido una oleada de extranjeros y diferentes husos horarios indicandome lo felices que están de que este año empiece. Quizás porque no han sido cincuenta mensajes o quizás por otra cosa, me ha llamado la atención el de Karen.
Karen. Hace diez años, Karen y yo nos despertamos tal día como hoy. Ella llevaba tres días en España, que eran los que hacía que fisicamente nos conociamos. Antes habiamos estado escribiendonos durante casi dos años. Estabamos en casa de unos amigos míos, que se habían ido a su pueblo con su familia y nos la habían dejado para que tuvieramos algo de intimidad. No pasó nada, claro. Karen era evangelista y esa gente se casan virgenes. Recuerdo que estuvimos contando historias y haciendonos cosquillas hasta que nos dormimos abrazados. Al día siguiente me desperté antes, la moví, se enfadó y me tiró de la cama de una patada. Así empecé dos mil seis,un año en el que mi futuro parecía una línea recta.
Creo que, si en ese momento alguien hubiera venido y me hubiera dicho lo que iba a ser mi vida, me habría reido. ¿Alistarme? ¿Que muriera mi hermano? ¿Qué Karen me dejara, pensara que se acababa el mundo y conociera a otra que me hiciera olvidarla? Siempre quise viajar, pero ni en mis más locos sueños en aquella epoca podría haber adelantado cuanto iba a hacerlo. De los colegas y amigos que tenía en esa epoca, ya no queda casi ninguno. Mi familia ha cambiado de casa dos veces en este tiempo. Yo ahora tengo menos pelo, más arrugas, estoy más grande -que no más gordo. Bueno, un poco- y, cuando sonrío, a veces se me tuerce la boca porque esa sonrisa pesa. Tengo muchas cicatrices, muchísimas, que en esa epoca no podía ni imaginarme que me haría. Pero vivir desgasta y yo he vivido -y a veces vivo- mucho.
Ese día de dos mil seis hacía frío. Pero la maldita idiota esta sabía como quitarmelo, a base de bromas y cariño. Cada uno da lo que recibe y yo, a veces, consigo espantarle el frío a la gente de mi alrededor de la misma forma. De todo lo que he aprendido en este tiempo, me quedo con eso. Con que cada uno da lo que recibe y con que venimos a este mundo para suponer una diferencia. Vamos a ello. Feliz dos mil dieciseis, malditos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario