jueves, 24 de enero de 2013
Cada uno tenemos lo que nos merecemos
O eso me da la impresión. Ayer estuve viendo un video la mar de interesante titulado " atrevete a soñar ". Me gustó porque me sentí identificado y vi, tanto puntos fuertes, como puntos flojos en cuanto a lo que es mi forma de ser y mi forma de vivir.
Hoy he estado embarcado. Por fin, tras casi un año y medio. Y ha sido maravilloso. Bien es cierto que he estado haciendo turismo, no navegando de verdad, y que apenas hemos salido medio día. No he montado vigilancias, no he hecho ejercicios, no me he manchado las manos. Pero la mar nos ha pegado y he sentido como todo se movía y he estado charlando con gente y me lo he pasado bien.
También he " descubierto " a una persona en la que llevo tiempo fijandome. Y maldita sea, como mola. Hay muy pocos casos en que yo diga " esta niña es demasiado para mi ". Primero porque soy bastante consciente de mi propia valia y segundo, porque mucha gente no lo es. Así que me toca indicarselo, a veces con más diplomacia y, la mayoria, con poca o ninguna. Así es más divertido.
El caso es que, haciendo analisis de conciencia, me he dado cuenta de porqué esa persona lleva mucho tiempo con una pareja estable y yo no. He pensado en el tipo de relación con uno mismo que tiene que tener uno para ello, cuanto está dispuesto a arriesgar, a perder, a conocer, y me doy cuenta de que yo no he abandonado apenas mi zona de confort, que se añade a la de aprendizaje. Me da miedo. Reconozco que, por experiencias pasadas y por actitudes presentes, no me atrevo a meterle cuello a una tía que de verdad valga la pena. Y me entretengo en historias propias de instituto, con una madurez absolutamente ridícula, o con niñas que honestamente sé que no me llegan. Y las que conozco que de verdad valen la pena, paso del tema o, como en este caso, pienso que son demasiado para mi.
Que tontería. No hay pez demasiado grande. Todo empieza y finaliza con nosotros. Cuando estamos en paz con nosotros mismos las cosas salen bien. Cuando tenemos sentido del humor, cariño, energia y ganas, todo encaja. Es necesaria esa sonrisa natural, pero es necesario ser generadores de energia, no sanguijuelas que se alimentan de ella. Es necesario desechar la duda, la incertidumbre, el miedo. Es mejor equivocarse convencido a no intentarlo. Y para ello es necesario asumir que no somos perfectos, que el fallo existe y que, aunque creamos en la obligación de hacerlo todo bien, no pasa nada por liarla. Luego lo arreglaremos y adelante. Pero, en primer lugar, tenemos que ser honestos con nosotros mismos y perder el miedo a dejar de ser nosotros mismos. Tenemos que escaparnos por los lados de nuestras mascaras, fluyendo como agua para tomar la forma que debamos tomar, sin importar lo que queramos o, dicho de otra manera, sosteniendo la espada, no agarrandola. Porque así todo fluye y la vida, al fin y al cabo, no es otra cosa que fluidez. Hay que aprender a perder para ganar. Y sobre todo, hay que seguir encontrando motivos para sonreír.
Gracías a la mar, donde siempre descubro quién vale y quién no. Y hasta luego, princesita. Sigue jugando con muñecos y haciendo tartas. Yo quiero aprender y equivocarme y soñar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario