jueves, 24 de enero de 2013
Sobre las buenas intenciones
A veces vuelve a mi aquella pregunta que me hiciera la adolescente cuando la conocí, casi una suplica, que hizo que yo dijera " esta niña va a ser mi amiga para siempre " - entendido como " para siempre ", para siempre que ella y yo queramos -. La pregunta era " ¿ es qué las intenciones no cuentan para nada ? ".
Pues bien, el otro día leí algo a proposito de las amenazas bélicas - el tema era la estrategia de Irán en cuanto a política internacional - perfectamente aplicable a este caso, pues como dijera Von Clausewitz la guerra no es más que la política llevada a otro campo. Una amenaza es tan válida como la voluntad de hacerla cumplir que proyecte. Es decir, que las intenciones cuentan tanto como lo dispuestos que estemos a hacerlas realidad. Definido así tendremos dos extremos, las palabras vacías que se las lleva el viento - el " a ver si te llamo " de Cádiz o un ejemplo más próximo sobre quedar para una comida - y el fanatismo nordico propio de vikingos o condenados alemanes. Yo suelo estar más próximo a este, tanto así que yo no amenazo sino advierto y esto es algo que le cuesta entender a mucha gente. Volvamos a aquella teoria primitiva mía, según la cual uno se comunica mediante palabras que son simbolos que representan conceptos. Si para mi la palabra " lealtad " significa una cosa y para ti significa otra, vamos a tener problemas de comunicación. Por tanto, si tu te colocas en un extremo de la barra en el cual no concibes una mente excesivamente literal, entenderás las advertencias como amenazas. Yo no digo " si sigues por ahí puedes tener problema ". Yo digo " sigue por ahí y tendrás problemas. ". Y ojo, no va en el sentido violento propio de pelicula americana, que existen muchas formas de violencia.
Ahora mismo os voy a citar una, siguiendo con esta historia de ejemplos que estamos escribiendo hoy. Mi colega la antropologa, que en tiempos fue una persona muy importante para mi y pudo ser una amiga maravillosa, es la crónica de una muerte anunciada. ¿ Por qué ? Por nuestra propia naturaleza. La chica " obliga " al mundo a respetar su espacio personal en una actitud clara de conmigo o contra mi, que yo encuentro simplemente deliciosa. Ahora bien, yo también obligo al mundo a respetar mi libertad de decisión y acción. El concepto de " mi libertad acaba donde empieza la de los demás " es bastante relativo. Porque, volviendo al caso de mi colega, su libertad y la mía chocan en cosas que para mi son perfectamente públicas y para ella perfectamente privadas. Una mente demasiado abierta se escurre por cualquier sitio o se la lleva el viento.
Pues bien, yo cometí un error y mi colega me advirtió. Yo planteé mi postura y le dije que no negociaba. Ella se mantuvo igualmente firme. Y ahí se acabó. Era cuestión de tiempo que chocaramos y aquel día lo hicimos. Al fin y al cabo, como dije antes cada uno recibe lo que se merece y lo que se gana a pulso. Por eso hay gente que no tiene ni un triste amigo y gente que entra a un barco, se encuentra a alguien a quién hace ocho años que no ve y la tratan como una reina. Dos chavalas de la misma clase. Que ojo, yo no juzgo personas porque no soy lo suficientemente inteligente para ello. Puedo juzgar rasgos o, en este caso, juzgar situaciones. Pero es que los hechos hablan por sí mismos.
En conclusión, que las intenciones cuentan tanto como la voluntad y firmeza de aquel que las emite. Y que ese es el motivo por el que debemos mantener una actitud constante y un cierto concepto de
" honor " personal que permita a la gente confiar en nosotros. Para recoger lo que sembramos.
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